viernes, 9 de noviembre de 2007

Lost in Traslation IX - Kanazawa y llegada a Tokio

Lost in Translation IX – Kanazawa y llegada a Tokio

Viernes 17 de agosto

Hoy nos levantamos media hora antes de lo normal, para que Rumiko pueda recoger los futon y preparar el desayuno entre 7:30h y 8:00h, ya que hoy tenemos un tren que coger prontito. Aunque está muy bueno, empezamos a estar algo cansados de este desayuno típicamente de Kioto, jejejejee… pero bueno, disfrutamos el último desayuno de todas formas. Después de desayunar, recogemos todo y hacemos el check-out. Rumiko está con nosotros todo el rato, esperando a que terminemos, pues no sólo hacemos el check-out, sino que también mandamos la maleta grande a Tokio, ^_^. Llega el taxi, Rumiko nos ayuda con las maletas, con lo que pesan! Luego se espera fuera y cuando ya nos vamos, nos hace una reverencia de 90 grados de inclinación (la más respetuosa)... ¡increíble! Qué servicio, por favor... Vamos, que os recomendamos totalmente, por situación, servicio, y todo lo demás, el ryokan Gion Hatanaka!!!

A las 9:40h, cogemos el tren Raichô exprés hacia Kanazawa. Dormitamos un poco en el tren y finalmente llegamos a Kanazawa. Allí, en una estación de JR súper-fashion con forma de torii de madera moderno rodeado de una estructura acristalada, vamos a la oficina de información, a ver si nos pueden dar mapas y cositas. Delante de nosotros hay una pareja de italianos muy pesados, que no paran de pedir cosas y tontear con la chica de información, ¡cómo se enrollan!. Total, que tenemos que esperar un buen rato... casi parece que lo hacen a propósito. Al final, conseguimos un mapa y algo de información, y como vamos algo cargados con las cámaras y demás, cogemos un taxi al ryokan. Pero para que podáis ver que nuestra descripción de la estación es acertada, os dejamos con una fotito:

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Cuando llegamos al ryokan, ¡vaya cambio! En comparación con el de Kyoto, éste es una mierda, jajajajaja… (A partir de ahora, Luis lo denomina "ryokan infecto" cada vez que se refiere a él, entre risas) En fin, hacemos el check-in, dejamos las maletas y nos vamos a comer a un típico restaurante de curry, muy pequeñito (está la barra y dos mesas, nada más) y sacado de los años sesenta, regentado por tres mujeres muy simpáticas. Nos sentamos en la barra y pedimos dos katsu-kare. Laura lo pide mediano y Luis se pasa pidiéndolo extra-grande, ¡y vaya si es grande! Lleva arroz por un tubo, jajajajaja... pero al final, el tío se lo come, jeejejeje. Es uno de los mejores currys que hemos tomado en Japón, sinceramente. ¡Qué buen sitio! Si es que es como en España, a veces los sitios más ‘cutres’ o menos ‘fashion’ son los mejores, jejejeje.

Después de comer, vamos al Starbucks a tomarnos un matcha frappuccino y organizar nuestra visita a la ciudad. Decidimos empezar por uno de los tres jardines más importantes de Japón, el Kenroku-en, así que cogemos las cosas y para allá que vamos. No sabemos muy bien cómo, acabamos en la otra punta de la ciudad. ¿Ein? ¿Qué ha pasado? Volvemos atrás y finalmente llegamos al jardín, con un calor de mil demonios, y totalmente destrozados del viaje en tren, el madrugón, y los días que ya llevamos en Japón, que se empiezan a notar en las piernas.Os dejamos con una de las fotos más típicas de los jardines:

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El nombre (kenroku significa ‘combinación de seis’) hace referencia al famoso jardín de la dinastía china Sung que exigía seis atributos para la perfección: aislamiento, amplitud, artificialidad, antigüedad, agua abundante y vistas panorámicas. Este jardín abrió sus puertas al público general en 1871 y es más visitado en invierno, cuando para superar el peso de la nieve, las ramas de los árboles se suspenden en el aire atándolas a un poste que se sitúa en el centro de cada árbol, creando formas cónicas estilizadas, impidiendo que se rompan cuando caen fuertes nevadas. Damos un buen paseo por todo el jardín, vemos todo lo que hay que ver y llegamos a la conclusión de que este jardín no es para tanto ni tiene tanto que ver... el de Takamatsu, sin ir más lejos, nos gustó muchísimo más, aunque en su descargo, es posible que nuestro (mal) estado físico haya afectado :D. Os dejamos con una vista general:

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Algo desilusionados con la visita al jardín, y muy cansados, vamos a ver la famosa puerta de entrada al castillo de Kanazawa, que es lo único más o menos original que queda en pie. La puerta, llamada Ishikawa-mon, fue reconstruida en 1788, es una entrada impresionante a los jardines del castillo, y bien merece la pena pasear por ella. Sin embargo, pasamos de acercarnos al castillo, una reproducción de 2001, pues no nos parece tan interesante. Os dejamos con una fotito de la puerta:

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Caminando tranquilamente, volvemos al ryokan, donde nos encontramos a los italianos pesados de la oficina de información, ¡nooooo! Riéndonos, cogemos nuestras cosas y subimos a la habitación. Luis dice que huele mal, pero básicamente huele a tatami viejo (y sí, huele tan fuerte que tira para atrás…) ¡si es que vaya mierda de ryokan! Suerte que sólo pasamos una noche aquí, que si no… Vamos luego a los baños públicos, porque la habitación no tiene baño, claro. El de chicas está cerrado por dentro, así que Laura tiene que esperar un buen rato, sentada en un salón que no ha cambiado su decoración desde los años cincuenta y en yukata... Cuando sale la chica, le dice 'hola' a Laura en castellano... ¡española tenía que ser! Coñe, que son unos baños públicos, uno no se puede encerrar ahí a la ligera. En fin, al final Laura se da una ducha rápida y poco más. En el de hombres Luis se encuentra a otro italiano afeitándose hasta la cabeza, así que se mete un ratito en el onsen pero sale rápidamente.

Descansamos un rato en la habitación, hasta la hora de cenar. Damos una vuelta por la zona, en busca de comida ‘menos japonesa’ (sinceramente, estamos algo saturados de tanto arroz y tanto pescado, jejejeje). Pero no hay manera, todo lo que encontramos es híper-japonés (dónde está un buen steakhouse cuando lo necesitas? :P), así que cansados acabamos en un McDonald's, que siempre está bien tomarse una hamburguesa de teriyaki, jejejejeje... Allí nos reímos viendo cómo fashion-victims japonesas se arreglaban, pintaban y peinaban en la mesa... ¡qué pintas tenían! Después de cenar, vueltecita y a mimir… ¡qué cansancio!

Sábado 18 de agosto

Suena el despertador, y vamos a asearnos a la zona común. Allí, como no, nos encontramos a nuestros amigos italianos, ¡qué pesados son, por dios! Listos, hacemos el check-out, dejamos las maletas en el hall y nos vamos a desayunar.

El día anterior Laura había visto una 'panadería alemana' cerca, y para allá que vamos, a reírnos un rato con el concepto que los japoneses tienen de 'dulce': hay de todo, que si bollos de curry, bollos de judías rojas, bollos de fideos fritos, pizzas con trozos de rábano gigante por encima, jajajaja... Nosotros innovamos poco, cogemos unos bollos de chocolate y unos cafés y desayunamos tranquilamente.

Decidimos empezar el día visitando el barrio de samuráis, en el que quedan todavía muchísimas casas originales en pie, bien conservadas. Este distrito, el de Nagamachi, situado entre dos canales, tiene un encanto especial, con sus callejuelas estrechas y sus casas de tejas de barro. Además, hay un grupo de gente mayor sentada en el suelo, con sus pinceles y sus lienzos, pintando escenas del barrio, lo que le da a la zona un ambiente muy especial:

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A continuación, cogemos el mini-bus turístico de Kanazawa (una furgoneta, literal lo de furgoneta, que da una vuelta circular a la ciudad) y vamos al antiguo distrito de geishas, un conjunto de callejuelas típicas japonesas fundado a principios del siglo XIX como centro para las geishas de la ciudad. La calle de Higashi Chayagai conserva, todavía hoy, el aspecto romántico de antaño, con fachadas de listones de madera. Damos un buen paseo por la zona, aunque nos decepciona un poco, pues pensábamos que sería más grande y con un encanto más especial. Eso sí, entramos en varias tiendas y compramos algunas cosillas, jejejeje.Aquí tenéis a Luis:

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Decidimos volver andando al hotel, pasando por el famoso mercado de Ômichô, lleno de marisco y pescado... ¡qué animación! En poco menos de media hora, llegamos al ryokan, cogemos nuestras cosas y vamos a esperar al bus para ir a la estación de tren. Hacemos fotos en la estación, muy chula ella, y subimos a la tercera planta, donde están todos los restaurantes, para comer. Acabamos comiendo un delicioso setto de katsudon con soba fríos... ¡delicioso! (y que además supone el reencuentro de Laura con los soba fríos, que hasta ese momento no había parado de decir "no me gustan nada").

Esperamos un rato en el andén a que venga el tren que nos lleva a Tokio y como hace un calor espectacular (en todos sitios dicen que se están batiendo los récords de temperaturas de antes de la Segunda Guerra Mundial), en la estación han colocado bloques de hielo para que la gente se refresque pasando la típica toallita que llevan todos los japoneses por el bloque (nosotros también llevamos :P), ¡increíble! Mirad, mirad:

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Con puntualidad ferroviaria japonesa, llega el tren y ale, subimos y nos quedamos bien fritos. Al rato, viene el revisor, le enseñamos nuestros billetes y nuestro pase de JR y nos empieza a decir que nos faltan otros billetes. Ante nuestra cara de incredulidad, nos pregunta si sabemos inglés, le decimos que sí y nos da un papelito donde viene todo explicadito en inglés: parece ser que pasamos por una zona que no es propiedad de la JR, sino de una compañía privada, por lo que tenemos que pagar extra (¡y vaya extra! 1500 yenes por barba, juer). ¡Qué robo! Nadie nos había dicho nada, ni el hombre que nos reservó los billetes ni nadie, hombre... no nos queda otra que pagar, pero con rabia, mucha rabia, ¡qué sinvergüenzas! Cuando les interesa, no veas cómo se callan las cosas estos japoneses, igualitos que los españoles... Porque, coñe, si lo llegamos a saber, hacemos otro trayecto y nos ahorramos esa pasta… en fin…

Finalmente, después de pasar por una zona preciosa de alta montaña, nos bajamos en Echigo-Yuzawa, un punto muy concurrido sobre todo en invierno, pues es la puerta de entrada a los Alpes japoneses, y cogemos el shinkansen hacia Tokio. El viaje es aburrido, pues todo son túneles y plataformas elevadas, hasta llegar al área metropolitana de Tokio. Decidimos bajarnos en Ueno y coger la línea de tren Yamanote hasta Shinjuku, donde tenemos nuestro hotel. El trayecto es larguito, pero en poco más de media hora llegamos al Hotel Century Southern Tower... ¡qué pedazo de hotel! Las primeras plantas del edificio son oficinas, mientras que la recepción del hotel está en la planta 20, jejeje. Llegamos, hacemos el check-in y allí está nuestra maleta, esperándonos. ¡Qué maravilla de servicio! Nos dan habitación en la planta 32, dando a la estación de Shinjuku: ¡tenemos enfrente las torres del gobierno metropolitano de Tokio! Es una pasada de habitación, Luis dice que parece la película 'Lost in Translation', y es verdad… por la ventana sólo vemos luces de neón, luces blancas y las típics luces rojas de los rascacielos de Shinjuku… una maravilla. Mirad, mirad:

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Dejamos las cosas, nos damos una ducha rápida y vamos a pasear por este bullicioso barrio de Shinjuku, sorpendiéndonos de la marabunta que hay por la calle. Delante de nuesto hotel, justamente, se encuentra la primera tienda de Krispy Kreme Doughnouts y los japoneses, como son así como son, ^_^, ¡venga a hacer cola para comprar donuts! Vimos colas de más de una hora casi todos los días, una locura:

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Paseamos, y paseamos, y paseamos y acabamos cenando en un hindú con mucha marcha, ¡cómo mola! Luis no para de decir que le encanta Tokio, que le encanta Shinjuku, con sus luces de neón, sus gentes, sus trenes, su bullicio... y la verdad es que sí, que tiene un encanto especial.

Próximo capítulo: Tokio

martes, 6 de noviembre de 2007

De aquí para allá

Este fin de semana ha sido movidito, otra vez.

El sábado teníamos que acudir a la boda del exvecino de Luis (de cuando Luis vivía en casa de sus padres), Víctor, que se casaba con Raquel. Para tan importante ocasión, ^_^, decidí hacer algo que nunca había hecho antes para ir a una boda: ir a la peluquería (con los pelos locos que tengo, ¡algo tenía que hacer!), jajajajaa... después de más de diez años con el pelo corto, fue toda una experiencia eso de ir a la pelu para que me "peinaran". Así que ale, el sábado por la mañana para allí que me fui... después del desastre de peinado que me hicieron en una peluquería 'moderna', decidí tirar por lo más 'normalito' y acudir a una peluquería del barrio... y muy de boda me dejaron, sí señor. ¡Qué raro fue verme con ese pelo! Mirad, mirad (esta foto está especialmente dedicada a mi mami, que seguro que le hace ilusión verme con el pelo largo, jejejeje):

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Y otra, por si acaso:

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Y os dejamos con una foto con los novios, sonrientes y felices:

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El domingo a las 18h, después de recuperarnos de la resaca y el cansancio, nos acercamos al colegio de los Salesianos, en el Paseo de Extremadura, para ver a su grupo de teatro musical amateur, Amorevo. Hacía unas semanas había reservado entradas para ver su versión en español del musical Hairspray, así que para allá nos fuimos.

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El teatro del cole a tope, la media de edad de los actores 16, todo amateur y gratis... ¡y qué profesionalidad! Al llegar, recogimos las entradas, nos dieron un programa de la función, nos acompañaron a nuestras butacas, en fin, muy profesional todo... pero cuando se alzó el telón, ¡ya sí que alucinamos! ¡Qué bien cantan y bailan y actuan estos niños! Increíble de verdad. Maravilloso montaje, maravillosa traducción/adaptación, maravillosas voces... todo increíble. Sinceramente, te hace volverte todavía más estricto y crítico con otros montajes que hay por ahí, profesionales, se supone, por los que hay que pagar 60€. Esta gente, con sus medios, hace un espectáculo muy decente (vale, los decorados no son la ostia, pero a pesar de todo dan el pego), además de buscar siempre musicales que no se hayan hecho en España, para así poder hacer todo el proceso, desde la traducción y adaptación de letras y diálogos, hasta la puesta en escena final.

El elenco está formado por un montón de estudiantes de los Salesiandos (cada papel tiene dos o tres actores), pero nosotros vimos a Andrea Rodríguez (Tracy Turnblad), Antonio Salvador (Edna Turnblad), Ignacio Cano (Wilbur Turnblad), Félix Fernandez (Link Larkin), Laura Alicia Rubio (Amber von Tusse), Soledad Martínez (Velma von Tusse), Alvaro Amat (Seaweed Stubbs), Laura Sánchez (Penny Pingleton) y Adrian Guevara (Corny Collins) entre muchos otros. A todos ellos y al resto del equipo, ¡muchas felicitaciones desde aquí!

A esta gente es una auténtica gozada ir a verlos y de seguro que no será la última vez que vayamos, porque quedamos taaaaaaaan alucinados... os lo recomendamos de verdad. Os dejamos con alguna fotito, para que véais de qué hablamos (todas las fotos están sacadas de la web de Amorevo, por si os interesa ver alguna más):

¡Despierta Baltimore!

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Guapos del lugar:

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Es laaaaaca:

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¡Besitos!
Lau
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Went to a wedding last Saturday and I had to go to the hairdresser's (i had never done that before exclusively to attend a wedding, as i had my hair quite short for a long time!), which was exciting! And then, on Sunday, we went to see an amateur performance of Hairspray, which was absolutely brilliant.

Love

domingo, 4 de noviembre de 2007

Lost in Traslation VIII - Kibune y Kioto

Lost in Translation VIII – Kibune y Kioto

Jueves 16 de agosto

Como todos los días, nos despertamos, viene Rumiko a recogerlo todo y a preparar el desayuno. Estamos cansadísimos, sinceramente, nos hemos levantado y ya nos duele todo el cuerpo... ¡y lo que nos queda!

Después de desayunar y arreglarnos, nos vamos al teatro Minamiza, donde hemos quedado con Ai-chan y Fumi-chan, que nos tienen una sorpresa preparada (no sabemos dónde vamos ni nada... ¡es todo sorpresa!). Las chicas no sueltan prenda, pero nos hacen ir hasta una esquina donde supuestamente nos recoge un mini-bus. Allí esperamos un buen rato, y a la hora a la que debería llegar el mini-bus, allí no hay rastro de mini-bus ni ostias, no aparece nada, por lo que les empezamos a preguntar. Al final nos cuentan la sorpresa: vamos a comer a un restaurante de Kibune, una zona de naturaleza al norte de Kioto. Finalmente, justo cuando Fumi ya estaba llamando al restaurante para saber qué pasaba, aparece el mini-bus. El trayecto no es corto, así que llegamos a Kibune sobre las 11:00h. Las chicas nos llevan directamente al restaurante, que básicamente está encima del río, con una serie de plataformas de madera sobre la que hay esteras de paja japonesas (tatami) a dos palmos del río, en plena naturaleza, utilizando los saltos que hace el río Kibune para colocar estas plataformas que sirven de comedores. Es precioso, la verdad, muy muy muy bonito, como se puede ver desde nuestra mesa, que además está en un extremo de una de las plataformas:

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Comemos un menú de degustación fijo, increíblemente japonés: todo es a base de pescado… y algunas cosas, sinceramente, ¡son muy raraaaaaaaaaaaas! Jejejejeje… Y todo hecho a base de pescado, ¡claro! Luis no para de hacerme reír, porque al tercer plato, empieza a sospechar por dónde van los tiros, y le dice a Laura por lo bajo "seguro que esto que viene ahora tiene algo de pescado" y en efecto, lo que viene es una sopa bastante sosilla con un cacho de pescado dentro, y además, nos seguimos riendo porque en la mesa de al lado hay una pareja comiendo un delicioso shabu-shabu, que desprende un olor riquísimo… ¡y nosotros venga a comer pescado! Que si sashimi de carpa (pobres pececillos, nunca podré mirarles igual… y qué duros están los cabrones, buecs), que si pescadito en sopa, que si pescado frito con la boca abierta (y los ojitos mirándonos con cara de pena, ^_^), que si hojas de árbol en tempura... en fin, un menú increíblemente japonés. Algunas cosas estaban buenas, sí, otras, ejem, fueron un poco más complicadas de tragar... ¡y venga a darle al sake! (todos lo hemos hecho de niños, no? Aunque con agua, claro! Nosotros en este caso, con sake y cerveza :P). Podéis ver a Luis y a Fumi y Ai comiendo, y luego una foto de los dos que nos hizo Ai con la cámara de Luis:

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Después de comer, vamos a dar una vuelta por la zona y entramos en el santuario de Kibune, muy famoso entre los jóvenes solteros, pues se dice que el santuario ayuda a encontrar pareja. Todos nos reímos y animamos a Ai-chan a pasear por ahí y rezar a los dioses, ya que todavía sigue soltera, ^_^. Además, todos compramos el "mizu-omikuji", un papel en blanco que, al ponerlo en el agua, te da a conocer tu futuro ¡cómo mola! Luego, lo típico es doblar ese papel y atarlo en un punto del santuario, si es que te ha salido mal, pero al final, todos los japoneses, les salga un futuro bueno o no, lo acaban atando, y como no podíamos ser menos, nosotros también lo atamos (aunque el de Laura es bueno, y el de Luis mejor todavía). En primer lugar, podéis vernos en las escaleras que suben al santuario, y luego a Luis colocando su "mizu-omikuji":

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Paseamos un poco más por la zona y como el transporte público brilla por su ausencia, decidimos ir andando hasta la estación de tren, tardando más de 20 minutos en llegar hasta la estación. El paisaje es precioso, pero estamos cansados y el paseíto se nos hace bastante cuesta arriba, sinceramente (aunque curiosamente sea cuesta abajo :P). Además, no hay aceras, sólo carretera, y el tráfico es bastante denso (mucha gente tiene fiesta, por el Obon), por lo que caminar por ahí resulta, a veces, casi peligroso...

Como esta mañana nos hemos olvidado los regalitos que habíamos traído de España para Ai y Fumi, decidimos ir los cuatro al ryokan, y así descansamos un rato, charlamos, les enseñamos fotos de los días anteriores y les damos los regalitos. Naturalmente, al rato viene Rumiko con un matcha y unos pastelitos. La pobre no sabía que teníamos visitas (no lo habíamos dicho en recepción nosotros), así que sólo trae dos tazones, pero amablemente nos dice que va a traer dos más para nuestras amigas, ¡ole! Y así estamos un buen rato, bebiendo té, tomando dulces, viendo fotos y charlando un rato. Finalmente, las chicas deciden volver a Nara, así que nos despedimos hasta la próxima (que será en España, eh, ¿chicas? ^_^).

Cuando nos quedamos solos, decidimos ducharnos, relajarnos un rato y descansar, antes de vestirnos de nuevo y salir, que hemos quedado con Yuko-chan para ver uno de los festivales estrella del verano en Japón: el Daimonji de Kyoto, que realmente se llama Daimon-ji Gozan Okuribi. Para la ocasión, Laura y Yuko han quedado en ponerse ambas los yukata, jejejejejee.... Primero, Laura en el Yasaka Jinja, justo al lado de nuestro ryokan, vestida a la manera tradicional para las fiestas, con su yukata:

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Así que a las 19h, nos encontramos a la salida de la estación de Demachiyanagi y cogemos posiciones en el puente, que es justo donde se bifurca el río Kamo, y deja ver varias de las colinas que rodean Kioto. Estamos en el puente, por cierto, a pesar de que los policías no paran de decir que no podemos quedarnos ahí. Pero, oye, si los japoneses, tan educados ellos para algunas cosas, no les hacen caso, nosotros tampoco. De todas formas, jamás en la vida habíamos visto policías con tan poco poder de convicción, por dios, jejejejeje... Así que allí nos quedamos, a esperar que empiece el espectáculo. Podéis ver a Laura y a Yuko-chan, guapísimas las dos con sus yukatas:

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El Daimon-ji es una fiesta que se celebra para despedirse del alma de los antepasados, dando fin a las festividades del Obon: se encienden enormes hogueras en cinco montañas en forma de kanji (ideogramas de origen chino, que forman la base del idioma japonés escrito) y otras imágenes. Charlamos un buen rato en el puente, esperando que empiece el espectáculo y finalmente, desde nuestra posición, disfrutamos de dos fuegos claramente. Primero, el clásico y más importante de todos, el kanji con el significado de "grande" (), que es el primero que encienden. Es increíble, ¡estamos tan cerca! El ambiente es impresionante… Y con el teleobjetivo, el kanji se ve bastante bien:

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Seguidamente, a los cinco minutos, siguiendo el horario marcado con precisión milimétrica, y un poco más lejos, vemos cómo se enciende otro de los fuegos, el kanji de , la segunda parte de un compuesto (妙法) que comúnmente se traduce como ‘ley divina'. El kanji que nosotros vemos está justo enfrente, mientras que el que le precede está al otro lado de la montaña, imposible de ver desde nuestra posición. Aquí podéis ver el segundo kanji que vimos:

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Cuando ya nos vemos, en la lejanía, y medio tapado por algún edificio, vemos un tercer fuego, el dibujo del barco (llamado funagata), que lleva a las almas de vuelta a su mundo. Nos quedan dos fuegos por ver, el hidari-daimonji (otro kanji de grande, un poco más pequeño que el principal) y el dibujo del torii. Y es que esta es una de las características del festival: es imposible ver los cinco fuegos desde un mismo sitio, imposible, cosa que suele ocurrír en muchos sitios japoneses, como en los jardines zen de arena y piedras, en los que nunca puedes ver todas las piedras te pongas donde te pongas.

Cansados de estar de pie y del gentío, decidimos coger el metro de vuelta al centro de la ciudad, bajamos en Shijo (una de las avenidas más céntricas y concurridas de Kioto) y allí paseamos por las callejuelas paralelas a Pontochô en busca de un restaurante de yakiniku (especialidad de origen coreano que consiste en diversos tipos de carne que te cocinas tú mismo en una plancha, y se acompaña de salsas). Por el camino, nos encontramos a una auténtica maiko-chan de Pontochô que se mete en un taxi junto a un cliente, jejejejeje. El restaurante de yakiniku que nosotros conocemos está a tope de gente y tenemos que esperar bastante, así que decidimos cambiar de planes e ir a una izakaya (bareto o taberna de estilo japonés). Vamos a una muy chula que conoce Yuko, pero también está a tope… empezamos a pensar que todo va a estar igual, pero tenemos suerte y en otra izayaka sí encontramos mesa. Y, bueno, pasamos una noche muy agradable, charlando y comiendo muchísimo: que si yakitori, que si chahan, que si gyoza, que si rollitos de aguacate, que si una tortilla que sabe parecido al okonomiyaki... todo regado con cervezas y cócteles a base de Calpis (una de las bebidas favoritas de Luis y también de Yuko-chan). Lo pasamos en grande y Laura despierta admiración en la mesa de al lado, pues le dicen que está muy guapa con el yukata, jejejejee.

Lo pasamos de vicio, pero cuando ya es bastante tarde, nos despedimos de Yuko (¡¡¡a la que esperamos ver pronto por Madrid!!!!) y nos vamos al ryokan a dormir. Estamos tan cansados que ni ofuro ni ostias, directamente al futon a dormir, jejejejee…

Próximo capítulo: Kanazawa

jueves, 1 de noviembre de 2007

De teatros y musicales...

Hacemos un parón en nuestra crónica japonesa para contaros qué hicimos el fin de semana pasado, que estuvo interesante... :D

El sábado decidimos que era hora de ir a ver uno de los nuevos musicales de la Gran Vía: Jesucristo Superstar.



Y dicho y hecho, compramos las entradas por Internet (fila 4 o así, bien cerquita, para verles mejor, ^_^) y por la tarde fuimos al teatro a recogerlas y a ver una de las ópera rock más conocidas de todos los tiempos, que cuenta la historia de Jesús desde su lado más humano y utilizando la música rock como fuente de inspiración. Este nuevo montaje que se presenta en España intenta dar un paso más y adaptar (modernizar, más si cabe) la historia a nuestros días. Por ello, la estética, el vestuario, algunos diálogos... todo es bastante más moderno.

El elenco estaba lleno de caras y voces conocidas como por ejemplo Miquel Fernández en el papel de Jesús (que ya habíamos visto en el papel de Mario en Hoy no me puedo levantar), Eva María Cortés en el papel de María Magdalena (maravillosa voz, dulce como ella sola), Paco Arrojo en el papel de Judas (inmenso, qué voz y qué emoción), Enrique Sequero como Pilatos (cuya voz Luis reconoció, pues le habíamos visto en CATS), Abel García como Caifás (qué control de la voz tiene este chico), Jorge Ahijado como Anás (un contrapunto excelente a la voz de Caifás), Roger Pera como Herodes (¡y qué Herodes más rompedor!), Zenón Recalde como Pedro (al que ya habíamos visto en Mamma Mia!) y luego los apóstoles, soldados y bailarines, entre los que queremos destacar a Marta Capel, una apóstol a la que vimos en Mamma Mia! (entre las mil veces que fuimos a ver la obra, una vez la vimos sustituyendo a Mariona Castillo en el papel de Sophie), Guillermo Sabariegos (procedente de la compañía de teatro amateur Amorevo, a los que vamos a ver la semana que viene... ^_^) o Sandra Polop (a la que todos reconoceréis de Operación Triunfo), por nombrar algunos, aunque el elenco es amplio y lleno de caras conocidas que han salido de obras como "Fama", "We will rock you" o "Hoy no me puedo levantar", sobre todo.

Aquí tenéis una escena de María Magdalena y Jesús:

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Y otra en el huerto de Getsemaní, durante la última cena:

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El musical es rompedor, sin duda alguna. Los que vieron la versión de hace 30 años, que no esperen nada parecido, porque aparte de la música, no tiene nada que ver. Como ya hemos dicho, la estética es moderna: se quiere situar la acción en la época actual. Los soldados pues, visten ropas militares actuales y utilizan armas actuales; los políticos y religiosos al poder visten trajes... Sin embargo, hay un par o tres de números que son todavía más 'sorprendentes' como por ejemplo 'La canción del Rey Herodes' que nos presenta a un Herodes bastante.... cómo decirlo... ¿locaza? Ved, si no nos creéis:

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Conclusión: nos gustó la modernización de la estética del musical, pero quizá hubo algunos números con falta de ritmo. Eso sí, hay auténticas maravillas como la maravillosa y dulce canción de María Magdalena 'Todo está bien', la animada y espectacular 'Hosanna' que acompaña a la triunfal entrada de Jesús a Jerusalén, la preciosa 'No sé cómo quererle' de María Magdalena a Jesús, 'Todo ha sido un sueño' de los apóstoles a Jesús y la archiconocida 'Superstar' con Jesús delirando y un Judas en plan Elvis total... mirad, mirad:

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A Laura no le gustó demasiado la coreografía, que podría haber sido muuuuucho más espectacular dado el número de actores y bailarines en escena en algunos números (simplemente espectacular, ¡eran tropecientos y la madre!), pero en general podemos decir que el musical, si bien no se cuela en nuestro top favorito, no está nada mal. A destacar, sobre todo, las voces principales... ¡vaya actorazos! Una maravilla de voces en acción que merece la pena ver en directo. Miquel Fernández ya nos había gustado muchísimo en 'Hoy no me puedo levantar', pero como Jesucristo se sale, es absolutamente increíble; la alternante Eva María Cortés nos emocionó muchísimo e hizo que se nos cayera alguna lagrimita,^_^; y el alternante Paco Arrojo simplemente nos cautivó, el mejor Judas de la historia.

Os dejamos con un reportaje de Antena 3, anterior al estreno del musical, por si os interesa:



Al salir del teatro, decidimos ir por Chueca a cenar... y acabamos en el Wagaboo, un restaurante de comida fusión (entre asiática e italiana) y de decoración muy moderna... donde comimos deliciosamente bien. Para terminar la noche, dimos un paseo por Chueca y acabamos en el sofá de un bar de la zona tomando unos mojitos y unas caipirinhas... ¡qué delicia!

El domingo compramos entradas para esa misma tarde, pues era el último día que estaba en cartel la obra "Play Strindberg", en el Teatro de la Abadía (una antigua abadía que ahora es un teatro... ¡qué escenario más curioso tiene!).

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Así que por la tarde para allá que nos fuimos. Sobre el escenario, tres grandes actores: Núria Espert (Alice), José Luis Gómez (Edgar) y Jordi Bosch (Kurt) y una historia desestabilizadora:

“Los protagonistas son dos personas marginadas, que viven aisladas en una isla y al margen de la población. Un matrimonio de dos fracasados: él, dejado de lado en los ascensos, y ella, que ha abandonado una carrera teatral, probablemente muy modesta. Tras veinticinco años de vida en común, no tienen ya nada que decirse, están muertos en esa vivienda que más parece una cárcel o un panteón. Llega de visita un personaje, Kurt, y su presencia es recibida como una bendición del cielo. Hay posibilidades de conversación; cada uno de los esposos encuentra en él un interlocutor para confiarle el infierno en que vive. Este infierno arrastra implacablemente a Kurt, que se ve envuelto contra su voluntad en aquel remolino de miserias y, para no sucumbir huye de aquel infierno. Y la vida seguirá su curso normal en el triste torreón.” (F.J. Uriz)

La obra nos encantó. Además, estábamos muy cerquita y pudimos disfrutar de la gran actuación de los tres actores, qué maravilla... y para terminar la noche y despedirnos del fin de semana, decidimos ir a cenar a "La Taquería de Birra", un mexicano.

¡Fue un fin de semana muy cultural... y muy diuvertido!

Besos,
Lau y Luis

p.d. Por cierto, que durante el fin de semana tuve tiempo de publicar un cuento nuevo en mi web. Podéis leerlo (y comentarlo, ^_^) pinchando aquí.

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Spent the weekend going to the theatre. On Saturday we went to see the new Spanish version of "JesusChrist SuperStar", which was surprising to say the least... fun, great voices but definitely surprising, hehehehee... and then on Sunday we went to the "Play Strindberg" which was absolutely marvellous, marvellous actors, fantastic script and a great place (an old abbey).

Love,
L&L

ps. By the way, I also had time to publish a new short story. You can read it here, though it's in Spanish only! Sorry!

sábado, 27 de octubre de 2007

Lost in Traslation VII - Osaka y Nara

Lost in Translation VII – Osaka y Nara

Miércoles 15 de agosto

Como los días anteriores, nos levantamos, viene Rumiko a quitar los futones y a servirnos el desayuno, que es como todos los días, que si pescadito, que si arrocito, que si encurtidos, que si verduritas.... pero hoy está especialmente bueno, ¡ñami!

A las 9:30h, Luis se pone el jimbei que le regaló Midori y Laura se pone su otro yukata y nos vamos a la estación de tren de la línea privada Hankyu, para ir a Osaka, donde hemos quedado en la estación de Umeda (uno de los centros neurálgicos de Osaka) con Hiromi y Mifumi. Allá por el año 1999, Hiro y Mifu vinieron a España como estudiantes de intercambio (una beca que después disfrutaría, a la inversa, Laura, disfrutando también de un año en Kyoto). Durante el año que pasaron en Barcelona, se hicieron muy amigas... y desde entonces, a pesar de la distancia y del silencio, a veces, habían seguido siendo amigas.

En Umeda nos encontramos fácilmente... Hiromi, Mifumi y su peque, Keita, un nene la mar de majo. Aunque cuando Keita nos ve la primera vez se echa a llorar desconsoladamente, mientras Laura se ríe y no para de decirle que vale, que somos gaijin (extranjeros), pero que no somos tan feos, jejejejejee (quizás haya sido la barba de Luis :P) Cuando el nene se calma y va pillando confianza, decidimos ir a comer.

Como vamos con el cochecito, decidimos quedarnos en la estación y comer y charlar tranquilamente. Y hacernos alguna fotillo, claro, que estamos todos muy guapos, como se puede comprobar:

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Allí cada uno toma uno de los platos del restaurante y Keita, que por problemas de alergias no puede comer tan fácilmente fuera de su casa, disfruta con la comida que le ha preparado su mami Mifu. Pasamos un rato muy agradable, charlando de nuestras vidas actuales, recordando los años universitarios... nos reímos mucho y nos da la sensación de que no ha pasado el tiempo, que seguimos teniendo la misma conexión. Cuando Keita se despierta, algo malhumorado, de la siesta, Mifu decide llevárselo de vuelta a casa, por lo que todos nos despedimos. Y es que nosotros hemos quedado por la tarde en Nara, así que aprovechamos que estamos en Umeda para acercarnos hasta la estación de JR Osaka, a pocos minutos, y coger un tren de la JR e ir a Nara.

Al llegar a Nara, nos sobra algo de tiempo, por lo que decidimos entrar en una cafetería a tomarnos un matcha latte. A las 17h y pico nos encontramos en la estación de Keihan (otra línea privada de tren, de las que en Japón hay por doquier) con Ai-chan, Junko-chan, Yoko-chan y su marido Mustafa. Besos, abrazos y sonrisas, tras un cierto tiempo sin vernos. Cogemos el bus para ir al Kasuga Taisha, donde se celebra un festival que nos apetece mucho ver, el Mantorô, en el que los 3.000 faroles de bronce y piedra situados en el templo, se iluminan de noche, creando una atmósfera muy especial. Allí hay ceremonias espaciales de ese día, como se puede ver:

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Y también está todo lleno de farolillos encendidos que dan un ambiente precioso al sitio:

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Después de dar un buen paseo y de hacer unas cuantas fotos (y de que nos hagan algunas a las chicas con yukata, ^_^), vamos a la zona más animada del festival, una calle llena de puestos de comida típica de festivales. Ahí, nos sentamos un rato, tomamos unas cervezas, comemos algo (que si okonomiyaki, que si yakitori, que si yakisoba...) y charlamos un buen rato. Es gracioso, porque Junko habla un español buenísimo y nos hace mucha gracia cómo utiliza expresiones como 'vamos pa'llá' o 'el chiringuito', jejejejee... ¡qué graciosa es! Podéis verla en la siguiente foto con Laura y Ai-chan, y con el yukata mal puesto, como si fuera una muerta, con el lado derecho sobre el izquierdo:

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La idea es ir al Todai-ji, el templo de madera más grande del mundo que contiene en su interior una de las figuras de bronce más grandes del mundo: un Buda. Sólo ese día, se abre una ventanita a la altura de la cara del Buda para poder verlo desde fuera. Es una cita interesante, y está claro que lo mismo ha pensado todo quisqui, porque la cola es interminable. Decidimos pasar del tema (al fin y al cabo, todos hemos visto al Buda ya en anteriores ocasiones, así que…) y vamos a ver el Daimonji de Nara, un festival en el que queman en la montaña el kanji con el significado de "grande": . Y mientras, las chicas se hacen más fotos, aquí con Yoko, que no le va mucho eso de vestirse a estilo tradicional, y luego una de Yoko con Mustafá, su marido marroquí:

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El más conocido es el de Kyoto, pero nuestras amigas nos cuentan que el de Nara es, de hecho, más grande que el de Kyoto… ¡interesante! (y vemos que las típicas rencillas entre ciudades en plan "el mío es más grande que el tuyo" no son exclusivas de Madrid y Barcelona :P). No se ve muy grande, pero lo que hay en llamas es el kanji de grande :D

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Cansados todos de la caminata que nos hemos pegado, decidimos ir despidiéndonos. Intentamos coger el bus para volver al centro (las chicas que van con zori no pueden más con sus pies, las pobres),pero está petadísimo y, a pesar del gentío y de que se celebra un festival que llama a muchísimos visitantes, parece que no han reforzado las líneas (¡qué mala organización!) y el siguiente autobús no llega hasta dentro de 15 minutos, así que decidimos ir andando, dando un paseo y charlando. Además, en el que se nos va justo delante de nuestras narices, hay tortas para subirse, y parece que, en este tipo de situaciones, los japoneses se olvidan de su educación.

Al final, nos despedimos de todo, cogemos la JR de vuelta a Kyoto, aunque esta vez no es un tren exprés y es lento, muy lento, por lo que sobre las 23:00h estamos en el ryokan. Nos preparamos un ofuro bien calentito, nos ponemos los yukatas y a dormir… ha sido un día de reencuentros muy bonito: poder charlar con Hiromi y Mifumi, conocer el peque de Mifu y Yoshi, Keita, charlar animadamente con Junko (que después de seis años en España está intentando adaptarse de nuevo a la vida japonesa… ¡duro!), ver después de tanto tiempo a Yoko, que se ha convertido al Islam, y conocer a su marido Mustafa... La verdad es que ha sido genial y muy divertido.

Próximo capítulo: Kibune y Kyoto

lunes, 15 de octubre de 2007

Lost in Traslation VI - Kyoto

Lost in Translation VI – Kioto

Lunes 13 de agosto

Poco antes de las 8h de la mañana, nos levantamos, nos arreglamos, cogemos nuestras cosas y hacemos el check-out. Qué gracia, la mujer de la recepción se acuerda de nosotros (debemos ser los únicos extranjeros), porque nos pregunta que qué tal el Awa-Odori, qué gracia. Hablamos un ratito, intercambiamos opiniones y ale, a la estación. Y como ayer nos gustó el “Vie de France”, repetimos, jejejeje. Además, es que hacen unos green tea latté con hielo que están de vicio :D

A las nueve y media cogemos el shinkansen Hikari a la antigua capital de Japón: Kioto. Al llegar, cogemos el metro hasta Sanjo-keihan y desde ahí cruzamos por uno de los barrios más tradicionales de la ciudad, Gion, hasta llegar al santuario del barrio, el Yasaka-Jinja. Según nuestro mapa, nuestro hotel está muy cerquita, justo delante de la entrada sur, pero no hay manera de encontrarlo… ¿dónde está? ¿Por qué no lo vemos? La razón la entendemos cuando por fin encontramos el ryokan: ¡está todo escrito en japonés! En ningún sitio pone nada en inglés y ni siquiera pone 'ryokan' en japonés, ni el nombre del establecimiento en caracteres romanos, sólo el nombre en kanji: 火田中 (hatanaka).

En fin, dejamos las maletas entre reverencias y mucha educación (el ryokan es increíblemente bonito y está muy bien atendido) y, sudando como pollos, nos vamos al santuario Yasaka-Jinja, uno de los favoritos de Laura en Kioto, cariñosamente llamado “Gion-san”, por ser el santuario del barrio de Gion, aunque es una pena porque la entrada principal por la avenida Shijo está en obras y está tapada, pero por dentro sigue siendo igual de bonito que siempre:

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Desde ahí, bajamos por la calle Shijo, cruzamos el puente sobre el río Kamo (ved la foto siguiente) y acabamos paseando por una de las callejuelas más famosas de la ciudad, Pontocho (uno de los barrios de geishas más tradicionales de Japón, también, a la izquierda en la foto) con la idea de ir a ‘nuestro’ sitio favorito de takoyakis y comer un poco. El sitio, sin embargo, está cerrado, así que cambiamos de plan y vamos a un restaurante de tonkatsu (cerdo empanado) muy chulo. Comemos un tonkatsu maravilloso, mojándolo en una salsa a base de sésamo que hemos machacado nosotros mismos, ñami.

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Estamos cansados, así que decidimos volver al hotel, que ahora ya podremos entrar a nuestra habitación. El chico de recepción nos acompaña a nuestra habitación... ¡este ryokan es espectacular! Y nuestra habitación, ¡más todavía! Qué grande, qué lujazo…

Descansamos, llamamos a Yuko para quedar, ya que ella pasa unos días en Kioto antes de irse de vacaciones a Escandinavia, llamamos a Noriko y a Yori y Kinko (antiguos estudiantes de Laura de español de cuando ella estudió allí) para quedar mañana, nos duchamos, nos ponemos unos trajes de algodón del hotel, especiales, y de golpe, llaman a la puerta. Es Rumiko, que nos acompañará durante toda nuestra estancia en Kioto. Viene vestida con kimono y nos traer un té matcha y un pastelito de arroz. Se sienta con nosotros, nos ofrece el té y nos pregunta a qué hora vamos a salir esta tarde, para venir a la habitación a preparar los futon para la noche y también a qué hora queremos que venga a despertarnos, a recoger los futon y a servirnos el desayuno, ¡oleeeeeeeeeeeeeeeeee! Nos quedamos solos y disfrutamos de nuestro té matcha y del pastelito de arroz envuelto en una hoja… es de mochi (pasta de arroz), por lo que a Laura no le gusta demasiado, pero a Luis le encanta… ¡Luis se pone las botas! Aunque eso sí, lo que cuenta es el detalle, jejejeje.

Un rato más tarde, salimos, cruzamos el Yasaka-jinja y nos encontramos con Yuko. Vamos los tres juntos a dar un paseo por Gion, en busca de maikos y geishas. Se nota que estamos en Obon y que las chicas probablemente han vuelto a sus casas para reunirse con sus familiares, porque el ambiente está muy tranquilo. Mucho turista… y poco más.

Vamos hacia Pontochô, con la idea de sentarnos en una de las terrazas que dan al río Kamo, pero está todo reservado hasta pasadas las nueva de la noche, así que cambiamos de plan. Vemos que el sitio de los takoyakis está abierto, así que pedimos unos cuantos (y debemos caerle bien al chico, porque nos da dos de más), compramos algo de beber, nos sentamos a orillas del río y… ¡a comer! ^_^ Mirad la cara de disfrute de Yuko:

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Cuando ya ha anochecido y tenemos el culo cansado de tanto estar sentados en la orilla del río (aunque charlamos y nos reímos un montón), decidimos ir a la planta 10 de un edificio cercano, donde hay un bar de copas. Allí nos tomamos unos cócteles primero, y luego una cervecita (Luis se pide una Kirin Ichiban, que es la releche de buena) charlamos y lo pasamos en grande. Al final, nos despedimos de Yuko y volvemos al hotel, donde ya nos espera la maleta que enviamos desde Kagoshima (bueno, lo hizo la madre de Yuko por nosotros), encontramos los futones preparados y los yukatas esperándonos. Además, en la recepción nos dicen que ha llamado Yori y que mañana sí pueden quedar con nosotros, así que buenas noticias. Nos damos un ofuro calentito en el baño de madera, nos ponemos los yukata y a dormir.

Martes 14 de agosto

A las 7:55h nos llama por teléfono Rumiko, para despertarnos. Viene a los pocos minutos: nos trae un té y el periódico para ir haciendo tiempo mientras ella recoge los futones, coloca la mesa y nos sirve el desayuno. Y, ¡qué pasada de desayuno! Arroz blanco, sopa de miso, pescado, pescaditos pequeños, encurtidos, tofu, chawan-mushi, fruta... Increíble. Y si no lo creéis, ved, ved:

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A las 9h, salimos a turistear. Cogemos un bus de una de las tres líneas especiales que han puesto hace poco en Kioto para llegar a todos los sitios especialmente turísticos, para visitar uno de los templos favoritos de Laura, el Ginkaku-ji o pabellón de plata. En 1482, el shogun Ashikaga Yoshimasa contruyó aquí una villa como un apacible refugio del caos de la guerra civil. En teoría, tal como su nombre indica, el templo debería haberse cubierto con láminas de plata, pero el deseo del shogun nunca se hizo realidad…

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De vuelta al centro, paramos en el Heian-Jingu, pasamos por debajo de su enorme torii y nos acercamos a este maravilloso complejo de templos que se construyó en 1890 para conmemorar el 1.100 aniversario de la fundación de Kioto. Los edificios son vistosas copias, reducidas a dos tercios de su tamaño, del palacio imperial del período Heian. Maldecimos la luz, que es malísima para hacer fotos y que quema todos los cielos, y buscamos el mejor ángulo, pero está complicado. Ved primero el torri grande grandísimo, y luego el santuario por dentro:

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Sudando, cogemos el autobús de vuelta al ryokan. Mientras Luis se da una ducha, Laura se encuentra con dos viejos conocidos: Yori y Kinko. Yori había sido estudiante de Laura en su época de estudiante en Kioto. Al jubilarse, la pareja se trasladó a Barcelona, donde vivieron unos años hasta volver a Japón. Hacía tiempo que no nos veíamos, así que era emocionante verles de nuevo. Pedimos un taxi y todos juntos nos reunimos con Noriko (otra estudiante de español de Laura) en Gion, donde vamos a comer a un restaurante muy pijo, ¡ole! Comemos varios platos, todo cocina moderna y de autor y charlamos un buen rato… en japonés, eso sí, que a los dos se les ha olvidado mucho el español, ¡ay! Una foto de grupo, a la entrada del restaurante:

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Después de comer y charlar un buen rato, nos despedimos y cogemos el autobús a uno de los templos obligados de Kioto, el Kinkaku-ji o pabellón dorado. El edificio original fue construido en 1397 como villa de retiro del shogun Ashikaga Yoshimitsu, pero su hijo lo convirtió el templo. Sin embargo, en 1950, un joven monje consumó su obsesión por el templo y lo redujo a cenizas (tal como narra la novela "El Pabellón Dorado" de Yukio Mishima). Cinco años más tarde, finalizó la reconstrucción recubriéndolo con el original pan de oro.

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Volvemos al centro, aunque primero volvemos al barrio de geishas de Gion, para ver si esta vez vemos alguna, y tenemos suerte, porque encontramos una maiko, o aprendiza de geisha:

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Luego cruzamos el Yasaka-Jinja y vamos hacia Maruyama-koen, uno de los parques más amplios de Kioto, pero nos dejamos llevar por los farolillos que empiezan a iluminarse, seguimos su camino por una cuesta y acabamos llegando al Kôdai-ji, templo fundado en 1605 en el que los niños han participado dibujando y colgando muchos farolillos para las festividades de Obon. Al lado del templo, hay un cementerio también lleno de farolillos iluminados, en el que las familias, todas juntas, van a poner incienso a sus muertos, para guiarlos de vuelta a 'su mundo’, tal como indica el Obon, como se puede ver en la fotillo del cementario aledaño al templo:

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Volvemos al hotel y al poco rato, viene Rumiko con un té y unos pastelitos. Confirmamos la hora y charlamos un poco: que si qué hemos hecho, que qué tal, que dónde vamos a ir por la noche… ¡qué simpática es! Nos tomamos el té, descansamos un ratito y ale, salimos otra vez cargados con nuestras cámaras y el trípode, hacia el Kiyomizu-dera. Sí, sí, a pesar de que ya ha anochecido podemos entrar al templo porque hoy se celebra un festival, el Sennichi-mairi. Durante dos días en agosto, para celebrar el obon, el templo abre sus puertas por la noche, se ilumina y por única vez en el año, abren las puertas del altar. El camino de subida al Kiyomizu se hace bien, aunque el cansancio va pudiendo con nosotros, que estamos que no paramos, jejejeje. Al llegar, el espectáculo de la entrada es increíble, ¡qué bien iluminado está todo!

Después de unas cuantas fotos, llegamos a la cola para entrar en el altar y ahí nos metemos, que es una vez al año. Al alcanzar la entrada, pagamos 100¥ extras, nos descalzamos, nos agarramos a una cuerda a modo de barandilla y bajamos escaleras hasta llegar a la más absoluta oscuridad. No se ve nada de nada de nada. Caminamos despacio, flipados porque no sabemos de qué va todo esto, hasta llegar a una piedra, iluminada, en medio de una sala, con una kanji tallado en la piedra, y nada más. No nos dejan detenernos, volvemos a la oscuridad más absoluta y finalmente vemos algo de luz, ¡por fin salimos! Qué experiencia más rara... Lau afirma que ha pasado un poco de miedo, jejejejeje, mientras Luis dice que es muy zen, que te dejan entrar pero que casi no te enseñan nada… en fin.

Vamos hacia lo que es realmente el templo, un entramado de vigas de madera que se alzan sobre un acantilado y nos dirigimos directamente hacia el mirador, para verlo todo iluminado. Justamente desde la plataforma del mirador no podemos utilizar trípode, pero un poco más a la izquierda sí, así que allí nos plantamos, a hacer fotos de la iluminación nocturna. Primero de Laura, sobre la zona típica para fotos, en la que no dejaban poner los trípodes, y luego de un poquito más al lado, ya con trípode :D

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Al rato, bajamos la cuesta y alcanzamos el estanque, desde donde hay buenas fotos de la pagoda. Finalmente, salimos del templo… ha sido una visita espectacular, merece la pena. Bajamos por chawan-zaka de vuelta al hotel. Estamos muy cansados y encima tenemos hambre, pero se nos ha hecho tarde, así que paramos a comprar unos sándwiches y hamburguesas del Lawson, algo de beber, y vamos al ryokan a darnos un ofuro bien calentito y dormir.

Próximo capítulo: Osaka y Nara

domingo, 14 de octubre de 2007

Después de las vacaciones...

... la vida sigue, aunque no lo haya parecido en el blog, ^_^. Si es que entre escribir crónicas, colgar fotos y actualizarlo todo, ¡no hemos tenido tiempo de contarnos nada más! Pero cosas han pasado, eh... Y como todavía nos quedan algunos capitulitos por colgar, hacemos un pequeño “descanso” y os contamos alguna cosa más de nuestra vuelta a la vida cotidiana...

Quizá una de las cosas más sorprendentes ha sido el cambio de curro de Laura. Unos días después de volver de vacaciones, Lau recibió un mail general de una agencia de traducción llamada Linguaserve porque buscaban un gestor de proyectos de traducción con catalán. En un principio, Laura no hizo caso a la oferta y seguidamente recibió un email más personal, en el que le solicitaban directamente el CV. Laura contestó, envió el CV y recibió una llamada. La oferta económica igualaba la de Accenture, así que en un principio Laura no estaba interesada, pero ellos parecían muy interesados, le invitaron a una entrevista y ella fue, para conocer un poco el tema, darse a conocer y básicamente quedar bien. La entrevista fue muy bien, pero Laura sabía que sus expectativas económicas superaban las de la oferta, así que no tenía muchas esperanzas. Una semana más tarde, la llamaron para decirle que la querían en su equipo y que habían pensado en un puesto distinto para ella. Total, fue a otra entrevista, conoció a otro de los jefes y básicamente le hicieron una oferta mucho más interesante en firme. Laura dijo que se lo tenía que pensar, pero realmente no había nada que pensar... la oferta era buenísima. Así que justo el primer día de jornada intensiva (el 17 de septiembre) confirmó que aceptaba la oferta y anunció en Accenture que se iba.... ¡oleeeeeeeeeee!

Así que desde el día 5 de octubre fue su último día en Accenture. Sus compis le regalaron un reloj de DKNY y una tarjetita hecha por ellos mismos, muy emotivo todo... si es que el ambiente allí era espectacular y Laura sabía que les echaría mucho de menos, peeeeeero... había que mirar hacia adelante y el 8 de octubre, Laura empezó a trabajar en Linguaserve. Los primeros días han sido estresantes, pero poco a poco va cogiendo ritmo y la cosa le va gustando cada vez más, así que está contenta. Además, está muy cerquita de casa y tiene tiempo de ir al gimnasio, lo cual la tiene también muy contenta… ya os iremos contando qué tal le va, pero en principio la cosa pinta muy bien.

Y además de este cambio radical, hemos hecho más cosas... os contamos algunas.

El sábado 15 de septiembre estuvimos en Alcobendas, en casa de Jesús, Eriko y Sora con Rubén y Noelia. Allí hicimos una especie de quedada gastronómica y básicamente nos pusimos las botas: Rubén y Noelia trajeron vinito, Jesús preparó buñuelos de bacalao, Eriko preparó gyozas, Luis preparó albóndigas suecas y yo preparé escalivada... y todos juntos preparamos takoyaki, ^_^. ¡Qué rico estaba todo! Después de comer y de jugar con el pequeño Sora, nos fuimos al Starbucks a tomarnos algo... ¡fue un día estupendo!

El viernes 21 de septiembre fuimos al teatro (con entradas gratis que nos pasaron Tom y Karen, que no podían ir) a ver "Hijos de su madre" una comedia escrita y dirigida por Antonia San Juan. Extraído de Atrapalo.com: "`Hijos de su Madre´ es una comedia aguda que combina humor, diálogos punzantes llenos de ironía y sarcasmo con un texto repleto de sorpresas en un viaje alrededor de la pareja (la amistad, la seducción, la familia), donde el espíritu de la directora se deja entrever en cada palabra, en cada gesto, incluso en cada silencio. Todo ello se combina a la perfección con canciones en directo que Antonia San Juan engarza de una manera acertada, interpretadas por el actor y cantante Félix Navarro. Una galería de personajes inigualables en lo que, el público reconoce en ellos desde el principio a su cuñado, a su suegra, a su vecino, a su amiga íntima... Unos intérpretes eficaces a los que la directora por su condición de actriz consigue sacarles el mayor rendimiento logrando unos resultados realmente sorprendentes. Los tres actores se multiplican llenando el escenario con diez personajes diferentes. Uno de los actores Luis Miguel Segui da vida a Leo uno de los personajes de la serie `La que se avecina´." Pues eso, pasamos un buen rato en el teatro...

El sábado 22 de septiembre fue la segunda Noche en Blanco de Madrid. Nos juntamos con Almudena y Mario (él era compañero de curro de Laura en Accenture) para afotar la noche. Primero fuimos a cenar a ‘Prada a tope’ y cuando salimos, ¡sorpresa! Estaba lloviendo... así que esperamos un poco, afotamos un poco bajo la lluvia... un desastre, la verdad. Al final la lluvia nos dio una tregua y pudimos pasear por Cibeles, la Puerta de Alcalá, Recoletos, Colón… hay fotos colgadas en la página de MyMultiply de Laura, para que os hagáis una idea de lo que vimos/hicimos.

El fin de semana del 29-30 de septiembre, subimos a Igualada a ver a la familia de Laura. Estábamos los dos un poco enfermitos, con un gripazo bastante importante, pero ya que teníamos los billetes… Por desgracia, no pudimos ver a Edu y Neus, que estaban fuera de la ciudad, pero sí que pudimos ir a tomar una cañita con Ester y Jordi, a los que hacía mucho que no veíamos, y también pudimos ir a achuchar un poco al rey de la familia, el pequeño Oriol, hijo del primo de Laura, David y Nuria, un niño guapísimo y muy sonriente. ¡Se nos caía la baba a todos!

El viernes 12 de octubre, visita guiada teatralizada por el Madrid de Alatriste, con Mauro y Maite (bueno, y el pequeño Ángel desde la tripita de la mami) y una pareja de amigos suyos, Irene y Pedro con su peque Ana, una monada de cría. La visita empezó a las 19h de la Plaza Mayor y duró un poco más de hora y media… nos dimos un buen paseo por callejuelas del Madrid antiguo, nos contaron un montón de cosas interesantes y vimos algunas escenas representadas en vivo relacionadas con el Capitán Alatriste. Muy divertido y recomendable, sinceramente. Después de la visita, se juntaron Miguel Ángel y Cami con su niña Lucía y fuimos todos a cenar al Foster Hollywood de Opera. Allí comimos y charlamos y ale, cada uno a su casita.Aquí os dejamos con un par de fotos extraídas de la página de MuniMadrid, para que os hagáis una idea de la visita guiada teatralizada.

Aquí tenéis al Capitán Alatriste en apuros:

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Y aquí la escena final:

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Al día siguiente, quedamos con otro amigo, Edu, para ir a cenar a un restaurante griego llamado Milos . Nos pusimos las botas con una selección de entrantes de la casa y un plato principal cada uno (estaban todos buenísimos). Además, en el restaurante bailan syrtaki a ratos durante la cena, así que fue muy divertido. Al salir, decidimos ir a un bar cercano llamado La Flauta Mágica, donde justo en ese momento había el segundo pase de cuentacuentos, ¡ole! Escuchamos dos cuentos, contados por dos mujeres distintas, y nos reímos un buen rato... ¡qué divertido! Nos tomamos unas copas, charlamos un poco más y a dormir...

Y de momento eso es todo… Nos quedan unos pocos capítulos de Japón, que iremos colgando entre esta semana y la siguiente… y esperamos que el blog vuelva a la ‘normalidad diaria’ prontito. Hasta entonces, nos leemos.

Un besito,

Lau y Luis