lunes, 29 de enero de 2007

Heroes

Desde hace poco más de una semana, estamos enganchadísimos a una nueva serie estadounidense, “Heroes”(Héroes, en español), que tras su gran éxito en Estados Unidos se va a empezar a emitir en España en el canal SciFi a partir del 1 de febrero.

La serie nos presenta una gran variedad de personajes con vidas y situaciones muy diferentes pero algo en común: todos ellos tienen un “algo”, alguna “habilidad especial” que les hace ser diferentes de los demás, algo que les hace ser "especiales". Pero no, no penséis que tiene algo que ver con Superman o Spiderman o algo así, eh, porque ¡ni de locos!

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De hecho, en esta serie se muestra que tener ciertas capacidades especiales a veces puede ser positivo, pero en muchos casos es algo que ocultar para no destacar, y a pesar de querer ocultarlo, a veces no se puede y los protagonistas sufren las consecuencias. Además, estos "poderes" tampoco les permiten hacer cualquier cosa que deseen, o cambiar cosas que les gustaría...

Sin desvelaros mucho más de la trama (porque la serie merece mucho la pena), os podemos decir que hay un poco de todo, en lo referente a poderes: desde el que vuela, al que se puede teleportar (que encima es trekkie :D), el que copia las habilidades de otro cuando está a su lado, el que escucha los pensamientos ajenos, el que no sufre ningún rasguño por más golpes que se dé, el que tiene un alter ego de fuerza sobrehumana, el que atraviesa la materia sólida, etc...

En una semanita nos hemos puesto al día de todos los capítulos ya emitidos en EEUU y ahora ya estamos al ritmo estadounidense... ¡si es que estos del DVD tiene un peligro! ¡Venga ver episodios! :)))) Y hasta ahora, la verdad es que la serie nos está gustando mucho y os la recomendamos...

Un besete
Lau y Luis al alimón :D

P.d. Por cierto, que según este quiz, somos (sí, a los dos nos ha salido el mismo resultado) como Claire Bennet, jejejeje:



You are Claire Bennet, mysterious and clever.
Take this quiz!

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Have you see the new tv series called "Heroes"? Well, if you haven't... what are you waiting for? It's a great tv show! We have been watching it for over a week now and we love every minute of it! It's not simply people with superpowers, it's not superman or spiderman or something like that. It's a cool tv series, so give it a try. It's well worth it.

martes, 23 de enero de 2007

Little Miss Sunshine

Hace unos meses, antes de Navidades, vi (bueno, vimos, pero hoy hablo de mí) una película que me marcó: Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine) “¡Qué maravilla de película!” es lo único que podía decir; de hecho, no paraba de repetirlo y Luis me iba diciendo “que yaaaa, que yaaaaaa”, ^_^. Qué queréis que os diga… Simplemente me encantó. No sé decir por qué, ni cómo ni nada, simplemente cuando terminó la película no podía dejar de decir “qué maravilla, jejejeje.

En fin, al parecer también ha encandilado a otras personas, puesto que hoy se ha anunciado su candidatura oficial a los Oscar de este año no sólo en las categorías de “mejor actor de reparto” (el abuelo de la película, Alan Arkin) y “mejor actriz de reparto” (la pequeña Abigail Breslin), sino también… redoble de tambores… a…. ¡”MEJOR PELÍCULA”! ¡Ole, ole, y ole! No sé si ganará o no, porque las otras películas son “de peso pesado” (Babel, Infiltrados, Cartas de Iwo Jima y La Reina), pero que esté ahí ya es un reconocimiento a esta preciosa película.

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Os animo a verla… quizá digáis que no os gusta nada y que no le veis el que, quizá digáis que está bien pero que tampoco es una obra maestra (como dijo Luis) y quizá digáis que es una maravilla… al final, esa es la gracia del cine. Mientras, os dejo con un artículo extraído de aquí.

“Comedia de carretera sobre una familia americana que rompe cualquier molde. Descaradamente satírica y a pesar de eso, profundamente humana, la película presenta a los espectadores a una de las familias más cautivadoramente desestructuradas de la historia reciente del cine: los Hoover, cuyo viaje a un concurso de belleza preadolescente no sólo provoca un cómico caos, sino también muerte y transformación, echando un conmovedor vistazo a las sorprendentes recompensas de ser un perdedor dentro de una cultura obsesionada con la victoria. Exitosa sorpresa del Festival de Cine de Sundance, donde se proyectó y cosechó enormes ovaciones, la película llegará al corazón de todo el mundo que, en algún momento de su vida, se haya visto sorprendido al ver cómo su desordenada familia ha conseguido salir adelante después de todo.

Ninguno de los Hoover ha logrado organizar su vida, pero no es porque no lo hayan intentado. El padre, Richard (Greg Kinnear), un conferenciante motivacional desesperadamente optimista, está tratando de vender como sea su programa de 9 pasos hacia el éxito, sin demasiada suerte. Mientras tanto, Sheryl, la madre “pro-honestidad” de los Hoover (Toni Collette) se ve constantemente atosigada por los excéntricos misterios de su familia, especialmente por los de su hermano (Steve Carell), un estudioso de Proust con tendencias suicidas que acaba de salir del hospital tras haber sido abandonado por su amante gay. Luego están los miembros más jóvenes de los Hoover con sus sueños imposibles – la reina Olive, de cuatro ojos y ligeramente gordinflona, a la que le encantaría ser una belleza (Abigail Breslin) y Dwayne (Paul Dano), un airado adolescente lector de Nietzsche que ha hecho un inquebrantable voto de silencio hasta que consiga entrar en la Academia de las Fuerzas Aéreas. Como colofón dentro de la familia se encuentra el abuelo (Alan Arkin), un malhablado hedonista al que recientemente le han puesto de patitas en la calle en su residencia de ancianos por darle a la heroína.

Seguramente no son el retrato de la perfecta salud mental, pero cuando un golpe de suerte lleva a Olive a ser invitada a participar en el muy competitivo concurso de "Pequeña Miss Sunshine" en California, toda la familia Hoover se reúne para ir con ella. Se apilan en su oxidada furgoneta Volkswagen y se dirigen hacia el Oeste en un tragicómico periplo de tres días lleno de locas sorpresas que les lleva al gran debut de Olive – el cual cambiará a esta familia de inadaptados de una forma que nunca hubieran imaginado.”

¡Que os guste!

Lau

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Have you seen the movie “Little Miss Sunshine”? Well, I saw it a couple of months ago and I loved every minute of it… I couldn’t stop saying “what a beautiful movie!”. I simply loved it! Luis didn’t find it all that interesting, he said it was ok, but not the best movie he had seen in weeks, so I don’t know. But apparently some agree with me, as apart from Sundance, the movie got some nominations to the Oscars. That is so cool! Anyway, if you haven’t seen the film, you go and watch it. You may not like it, you may like it but not love it (just like Luis) and you may simply love it (just like me). It’s definitely worth a try! Love, L&L

domingo, 21 de enero de 2007

Fotos de Nueva York - Pics from New York City

Bueno... hemos tardado un poquito, pero aquí las tenéis, una buena recopilación de las centenares de fotos que hicimos estas pasadas Navidades en Nueva York. Tenéis que ir al MyMultiply de Lau y ahí acceder al apartado "photos". Para acceder directamente, pinchad aquí. Veréis que hay 6 álbumes diferentes de fotos, ordenados por día en la ciudad que nunca duerme. Podéis ver las fotos en pequeño, pinchando de una en una o en un slideshow... ¡que las disfrutéis!

Besitos,
L&L
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Okay, it's taken us time, but here they are... a nice compilation of NYC pics. You need to go to Lau's MyMultiply page and then click on "photos" or access directly clicking here. You'll see there are 6 different photo albums, one for each day in the city that doesn't sleep. You can see pics in a small format, one by one or using the slideshow... Hope you like them! Love, L&L

sábado, 20 de enero de 2007

Wii love Wii

Sí, señores, tenemos que admitirlo: nos gusta la Wii.

Ayer nos reunimos unos cuantos para celebrar los cumples de Ake y P4 (más conocidos como Javi y Pablo, ^_^) en casa de Ake... ¡felicidades chicos!

Allí nos juntamos con Ake, por supuesto, tan guapetón y simpático como siempre, P4 que se había traído su Wii para demostrarnos a todos su chuletía y saber-hacer, ^_^, Dece (aka. Dani) al que hacía siglos que no veíamos (¡que no pase tanto tiempo la próxima vez, guapetón! Ah, y gracias por venirnos a buscar, jejejejee), Tenchi (aka. Alberto) loco como siempre y muy ilusionado con sus preparativos, Dvd (aka David), que nos contó mil historias de sus estancias en América Latina y su próximo viaje a Japón, Kuru y Oli (David y Oli), con los que me reí un montón con la wii (¡qué pareja más maja, por dios!), Pooga y Dulci (aka Dani y Conchi) muy majos y simpáticos como siempre (Pooga, ¡a la derecha! ¡a la derecha! y Dulci, gracias por traernos en coche a casa a las tantas!), Guiomar (aka Arancha) una tía que es todo energía y buen rollito, Ana, a la que no conocíamos y fue un placer conocer y Kela (aka Raquel) y Xeno (aka Iván) que junto a Ake nos enseñaron y comentaron algunas fotos de su reciente viaje a Japón...

Bueno, pues la fiesta fue muy divertida, sinceramente, ¡nos lo pasamos genial! Gracias a todos, chicos... y la Wii... la Wii... ¡qué peligro tiene la wii, por Dios! :)

Jugamos al boxeo (Kuru, me das miedooooooo, ^_^), a pescar (Xeno, deja de coger peznacuajos, hombre!), al rodeo (esas vacas y esos toros locos, jejejeje), al tenis (¿quién ha traducido lo que dicen los árbitros, eh, Dece?) , a los bolos (olé mi Luisito) y al golf, entre otras cosas. Al golf fue divertido, porque hicimos tres tandas de 4 jugadores cada una (jugamos casi todos, de este modo) y fue muy divertido... sobre todo la segunda tanda... ¡todos menos Dece se fueron al agua de buenas a primeras, jejeejejejeje! Está claro que tenemos que practicar más... yo quedé última de mi tanda (pero con mucha honra, qué paisssshaaaa) y Luis creo que también (aunque la competencia con Dvd fue dura, ^_^). Desde luego, ¡qué vergüenza! :))))))) Pero claro, es que nuestro estilo no tiene nada que ver con el de P4, que juagaba al golf con la otra mano en el bolsillo, así como de chulillo y pasando de todo, jejejejeje... ¡qué estilazo! ^_^

En fin, que la tarde/noche se alargó muchísimo, pero es que cuando uno se lo pasa bien, es normal... Por cierto, si alguien me manda alguna fotillo la cuelgo por aquí, jejejeje.

Un besatón
Lau (y Luis, pululando por ahí)
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Okay, I don't really have the time to translate this post, so here's a short version: we went to a friend's house the other night to celebrateJavi and Pablo's birthdays. We ate, drank, danced, saw pics and most importantly... played Wii! And we have to say... we love Wii! It was sooooooooooooo much fun, especially the golf competition... that was crazy! We all played (4 at a time) and we had a hell of a good time. Real good.

domingo, 14 de enero de 2007

Breakfast at Tiffany's: Navidades en Nueva York

Como todos sabéis, estas pasadas Navidades hemos tenido la suerte de irnos a Nueva York por segunda vez… estuvimos en marzo y nos encantó taaaaanto tantísimo la ciudad que la escogimos como destino navideño para este año, ^_^. Y como ya es tradición, aquí tenéis la crónica que tanto nos habéis pedido por correo electrónico (nos debemos a nuestro público, jejejeje). ¡Que la disfrutéis!

Miércoles 27 de Diciembre

Llegamos al aeropuerto sin tiempo, facturamos sin más y embarcamos muy rápidamente. Eso sí, nos tienen un buen rato en el avión parados porque parece ser que el finger se ha estropeado y no pueden sacarlo, ¡fantástico! Alta tecnología... como la de la mesita/revistero del asiento de Lau, que está rota... y los de Iberia lo único que hacen es decir "lo anotaremos" y a Lau le sale la mala leche y dice "hombre, para que al menos al siguiente pasajero no tenga que comer en el aire, coño”. Pero no queremos que eso nos amargue el viaje, así que pasamos… vemos las pelis (una de ellas era "El Ilusionista", durante la cual Lau se duerme, aunque finalmente se despierta y ve justo la escena final, de manera que Luis tiene que contarle qué pasa durante toda la peli, jejejeje), Comemos, bebemos del bar e intentamos pasar el rato lo mejor posible. Por fin llegamos a NY, pasamos inmigración muy rápido, recogemos las maletas más rápido todavía y ale, a por un taxi, que hay ganas de llegar.

El viaje desde el JFK hasta Manhattan es rapidísimo y al acercarnos a la isla, las vistas son simplemente espectaculares… teníamos una cara de tontos, jajajaja. Eso sí, justo desde la entrada de Manhattan hasta nuestro hotel disfrutamos de un maravilloso atascazo de estos tan típicos que ves en las películas (en las que el prota siempre paga y se baja, nervioso, antes de tiempo y decide seguir el camino a pie... pero con las maletas, como que no, ^_^). Finalmente llegamos al Westin New York at Times Square (nombre completo del hotel, para los amigos simplemente "Westin") y alucinamos... ¡es precioso! Desde fuera es ya simplemente espectacular, como podéis comprobar:

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Entramos y hay una mini recepción con sofás en las que se encuentran los chicos del bell service y de seguridad y demás. A la izquierda, unas escaleras mecánicas que suben a la recepción principal, a la derecha, los ascensores. Subimos a recepción y en un plis nos dan las llaves. Planta 19, mirando a Times Square. Genial. La habitación es una pasada, increíble y lo que ellos llaman heavenly bed (literalmente, "cama celestial", nombre registrado y todo) es realmente heavenly, jejejejeje... ¡es perfecta! De hecho, es tan brutal que ni a Luis, sentado en el borde de la cama, le llegan los pies al suelo :D Mirad:

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En fin, nos damos una ducha rápida, dejamos las cosas organizadas y nos vamos a pasear por la zona. Vamos a Times Square, espectacular como siempre y decidimos ir a un restaurante al que ya quisimos ir en marzo pero no pudimos, el Island Burgers & Shakes básicamente para tomar una hamburguesa y un batido, muy peliculero (¿no os acordáis de Grease, por ejemplo?). En fin, subimos por Broadway hasta la 51 y desde ahí subimos por la novena. Llegamos y el sitio estaba petadísimo (es muy pequeñín, ^_^), así que decidimos pasear por la zona y buscar otro sitio diferente. Acabamos en un barrio denominado Hell’s Kitchen (literalmente, la cocina del infierno… dios mío, ahora que lo pienso, como el horrendo programa de Telecinco, no? Glups… Aunque Luis saca su vena comiquera y dice que ahí es donde se suele mover Spiderman). Ahí encontramos el Chelsea Grill, nos gustó y nos adentramos en él. Primero nos tomamos una cervecita en el bar, para esperar mesa, y cuando finalmente nos sentamos, flipamos con lo bueno que era el sitio. Ambos pedimos hamburguesas (ambas buenísimas) que venían acompañadas con unas patatas fritas de rejilla especialmente buenas... ñami.

Paseamos un poco más por la zona y entre unas cosas y otras se nos ha hecho bastante tarde, así que cansaditos nos vamos al hotel a relajarnos (lo que en palabras de Lau significa darse un baño en el heavenly bath, o sea, baño celestial... registrado también, ^_^) y a dormir el jet-lag.

Jueves 28 de Diciembre

Como es típico y tópico, nos despertamos a las 6h por el jet-lag, pero remoloneamos un poquito más. Preparamos café del Starbucks en la habitación, cosa que podéis ver en la foto que sigue (es gratis, hay que aprovechar, jejejeje) y nos vamos a desayunar al Metro Marché, un sitio tranquilo en la entrada de la mega-estación Port Authority (entrando por la Octava). Allí tomamos lo que sería nuestro desayuno diario, un peacho zumo de naranja natural con una especie de bagel relleno de huevo en tortilla, queso cheddar y salchicha americana (es como “butifarra”, pero aplanada, para entendernos). Buenísimo. Eso sí, hoy en vez de zumo de naranja, Luis se toma una “limonada rosa”.

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Vitaminizados y remineralizados (y engrasados también, jejejeje) nos vamos a la tienda de fotografía que más mola en el mundo mundial, B&H, en plena zona judía (y más de la mitad de los empleados son curiosos, porque llevan el chaleco de color verde de empleados de la tienda, pero luego van con sus gafitas redondas y sus tirabuzones de judío ortodoxo).

Allí miramos y miramos cachivaches, entre ellos, un nuevo disco duro portátil, porque el que teníamos salió bastante malo, la batería no duraba ni un día y encima en Lisboa nos dio problemas, así que vamos buscando uno de los nuevos Epson, el P-3000, de 40 GB, que tiene muy buenas críticas y es muy rápido transfiriendo información. Pero resulta que no lo tienen, y acabamos pillando el P-5000, de 80 GB, que por lo que hemos probado en estos días en Nueva York, funciona de maravilla, transfiere rápido, y la batería le dura que da gustirrinín :D

Además, miramos lo último de Canon para Laura, la Digital Rebel XTi (conocida como EOS 400D por Europa), ya que ella le está cogiendo el gustillo a esto de la fotografía. Además, esta última Canon viene muy bien: pequeñita y ligera, pero con 10,1 MP, limpieza automática del sensor por ultrasonidos, y muy poco ruido a ISOs altos, ideal para fotos de noche. Al principio el vendedor parecía un poco borde y seco, pero el tío, al ver que además entendíamos de lo que estábamos hablando, empezó a soltarse y hasta nos buscó una mejor combinación de cámara con lente y con tarjeta de memoria, y la verdad es que nos tiramos un buen ratillo por ahí! Luego, lo mismo de la otra vez, pero que no deja de sorprenderte: el vendedor manda la caja con los artículos comprados por una cinta transportadora, mientras tú te vas a otros sitio en el que hay unas 7 cabinas con gente para realizar pagos, y ahí te dan el comprobante que luego presentas en otra zona con otras tantas cabinas en la que te dan los artículos comprados, que les han llegado por la cinta transportadora que circula por el techo de la tienda.

Volvemos entonces al hotel con todos los cacharritos, para irlos cargando y para hacernos un cafetito de Starbucks de los que hay en la habitación. Vagueamos un poco (teniendo una heavenly bed, no se puede hacer otra cosa! :D). Pero no nos quedamos demasiado rato, porque nos apetece dar un paseíto por la Quinta Avenida. De todas formas, salimos hacia Times Square, y desde ahí cogemos la Sexta Avenida, también llamada “Avenue of the Americas”. Por ahí vamos hacia Central Park, y vemos edificios decorados con soldaditos gigantes (típicos en Nueva York, están por todas partes!), fuentes con bolas de adorno de árboles navideños de tamaño gigante, y vemos el Radio City Music Hall, que publicita su archiconocido show con las Rockettes, y que también tiene sus soldaditos navideños, uno de ellos con un cañón que cada cierto tiempo hace un disparo, y entonces todos los demás, que están en fila, se inclinan hacia atrás, como se puede ver en la foto. Seguimos caminando, y lo dicho, llegamos a la altura de Central Park, momento en el que giramos para dirigirnos hacia la Quinta Avenida.

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Allí, en la esquina de la Quinta con Central Park, está la nueva Apple Store, abierta 24 horas al día, que tiene su entrada en un cubo de cristal, pero que luego tiene toda la tienda bajo tierra. Y si la que tienen en el SoHo ya sorprendía por la cantidad de Macs conectados a Internet, ésta es el novamás! Ahí estamos un ratito, viendo accesorios para los iPods que nos tientan enormemente (pero conseguimos, por una vez, no sucumbir a la tentación! Jejeje). Podéis ver a Luis sonriente ante la tienda (y eso que no se compró nada :D)

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Al ladito de la Apple Store se encuentra la famosísima tienda de juguetes FAO Schwartz, que tiene a dos soldaditos, esta vez de carne y hueso, a la entrada, con los que la gente se hace mil y una fotos. Dentro, peluches cada vez más grandes, y pese a lo pija que parece la tienda, muy muy baratos. Eso sí, algunos son bastante feos, como los peluches de un pulpo, o el de un pavo real… ¿quién va a comprarse eso? Esta tienda es conocida por el piano gigante que se toca con los pies y que salía en la película BIG, protagonizada por Tom Hanks, que estaba, como era de esperar, llena de gente esperando que le dejasen entrar para hacer el tonto un ratito. También merece la pena la zona de Lego, con un Santa Claus hecho de piezas de Lego, pero lo que más le gustó a Luis fueron el Chewbacca y el Darth Vader a tamaño natural hechos con piececitas de Lego :D

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Seguimos con el paseo por la Quinta, que está más llena de gente que nunca, y es casi imposible caminar. Llegamos a Tiffany’s, y no podemos hacer otra cosa que entrar, mirando cada uno de los escaparates como si fuéramos a comprar algo (aunque creo que la pinta de turistas que llevamos hace que no cuele)... Todo está monísimo de la muerte, con las etiquetas de los precios ocultas para no hacer un feo, aunque Luis consigue ver una pulserita con cinco mini-brillantes engarzados, que cuesta la friolera de 1.900 dólares. Mejor salimos de la tienda, que no es para nosotros (lástima, piensa Laura, ^_^). Al menos a Laura le queda el consuelo de que tiene un recuerdo delante de la tienda jejeje:

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Más tiendas en las que entramos en la Quinta son la de la NBA, que es muy interesante, con zapatillas reales de jugadores (sorprende las del número 22 americano de Shaquille O’Neal, y para comparar, Luis, que tiene los pies grandotes, utiliza un 12 o 12 y medio). Entramos también en la tienda de Disney, y como siempre, todo está hasta arriba (además, no tenían ningún peluche de Nigel, el koala estirado de la película "The Wild", que a Laura tanto le gustó: menos mal que ella ya tiene uno de esos!).

Finalmente acabamos en el Rockefeller Center, para echar un ojo a la archiconocida pista de patinaje sobre hielo que se coloca ahí todos los años, y que es una de las obsesiones de este viaje para Laura. Pero la cola que hay para entrar es sencillamente impresionante, así que decidimos dejarlo para otro momento. Eso sí, mientras caminábamos por ahí, un chico nos da un descuento para subir al Top of the Rock, el mirador que hay arriba del todo del Rockefeller Center. Son 2 dólares, pero válidos sólo para una entrada, así que intentamos hacerlos los encontradizos para que nos dé un segundo ticket de descuento, pero el tío se hace el sueco con un estilazo increíble! ¡Que no hay manera! Que el tío hace como que no nos ve o que no somos dignos del descuento y pasa de darnos otro cuponcito! ¡Será mamón! :))))))

Volvemos hacia Times Square, y ahí, nos metemos en un diner para comer algo. Luis se pide un sándwich de pastrami, que es carne de ternera muy fina, en salmuera y ahumada, con una libra de carne! (casi medio kilo de finas láminas de ternera!). Laura, que quiere comer sano (reíd, reíd, ^_^), se pide una ensalada de pollo rebozado picante, pero claro, esto es Estados Unidos, y el plato que le dan casi no cabe en la mesa, y tiene 9 o 10 porciones de pollo, bastante grandes, mucho queso rallado, y casi nada de lechuga. (¿dónde está la lechugaaaaaa? ¡Que yo he pedido una ensalada!) :D Nos pegan un palo impresionante al pedir la cuenta, que nos deja tiritando (y encima la camarera nos recuerda que la propina no está incluida... Cagontó con la costumbre de las propinas...). Dudamos en pedir los 2/3 de “ensalada” que Lau no se ha comido para llevar, pero al final pensamos que igualmente no nos lo vamos a comer, así que pagamos, dejamos la p*** propina de rigor y al salir se nos escapan cuatro palabritas finas... ¡teníamos que desahogarnos! ¡Vaya palo!

Y como uno de los planes de este viaje era ir a ver algún musical, nos vamos al TKTS (que ahora está en los bajos del Marriott Marquis, que en Times Square están colocando escenarios para la fiesta de Nochevieja), a ver qué cositas hay ahí. La cola que vemos ya nos tira para atrás. Desde luego, esta ciudad en Navidad es muy bonita e interesante, pero está más llena de gente que nunca, y eso lo hace todo más complicado. Además, por si fuera poco, vemos la lista de obras para las que hay entradas con descuentos, y casi todo son obras de teatro, y muy pocos musicales, y lo poco que hay es lo menos conocido. Vaya mierda, pensamos, con lo fantástico que era en marzo, que encontrabas prácticamente de todo. Y ahora una fotito de Times Square, aunque sea de noche y del día anterior :D

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Pero como a Luis se le había antojado ver Les Misérables, nos vamos derechos hacia el teatro Broadhurst a preguntar si tienen entradas. Ahí vemos que para la representación de ese día ya está todo agotado, y nos dicen que sólo les quedan unas pocas entradas para la matinée del sábado, y de las más caras. Decimos que sí, total, un día es un día, y encima el sábado por la mañana es el único día que no tenemos planes hechos :D Y hale, Luis ya está contento con sus entradas, y es que desde que se enteró de que habría un revival en Broadway de este musical, de sólo 6 meses de duración, para conmemorar que se ha convertido, gracias a sus 21 años ininterrumpidos en Londres, en el musical más longevo del mundo, dijo que tenía que ir sí o sí. Además, claro, al ser un revival de estas características, el elenco de actores está muy, muy escogido, y pinta muy, muy bien…

Volvemos al hotel a descansar un rato para coger fuerzas e irnos a uno de los barrios más conocidos de Nueva York a parte de Manhattan: Brooklyn. Primera parada: Brooklyn Heights, para hacer fotos con el trípode del skyline nocturno de la ciudad desde el lateral del famoso Puente de Brooklyn… ¡que Lau tenía que ir practicando con su nueva cámara! ^_^. La verdad es que las vistas desde allí son preciosas y hacemos mil y una fotos, una maravilla:

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Paseamos por Columbia Heights, una calle en pleno Brooklyn muy chula, tanto que Lau exclama con vocecilla dulce: "yo quiero vivir aquíííííí". Y es que el sitio es precioso, hay unas vistas de Manhattan que son una preciosidad, unas casas súper chulas, una calle comercial en la que tienes de todo... en fin, el barrio perfecto. Pero como va a ser que no vamos a vivir ahí, cogemos el metro hasta el extremo sur de Brooklyn, para llegar al vecindario conocido como Dyker Heights, entre las calles 83 y 86 y las avenidas 11 a 13, pero de Brooklyn: una zona que desconocemos totalmente y que descubrimos gracias al programa especial de Planeta Finito sobre NY en Navidad (el programa fue más bien soso, para qué nos vamos a engañar, no fue muy interesante, pero algo pudimos sacar, ^_^). Este vecindario es muy conocido por sus decoraciones navideñas en las casas, lo que nosotros pasamos a llamar las "friki-luces" o "friki-decoraciones navideñas", porqueeeeeeee… ¡vaya espectáculo! A ver qué casa está más iluminada, cuál tiene más muñecotes hinchables, muñecos que se mueven, música, voz en off que cuenta un cuento de Navidad... una pasada. Mirad, mirad:

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Paseamos por las calles alucinando, porque vaya friki-decoraciones… ¡y vaya caserones, eh! Ahí hay pasta por un tubo… y curiosamente, nada de vallas ni verjas ni rejas en las ventanas ni nada, es increíble. Las bandas de mafiosos atraca-casas que tanto pululan por nuestras tierras aquí se pondrían las botas, ^_^. Es curioso… en EEUU hay mucha violencia y mucha inseguridad, pero estas casas están ahí, tan abiertas, tan tranquilas… y es obvio que son casas de mucha pasta. De hecho, paseando por ahí, Laura exclama: “esto es como Wisteria Lane... de un momento a otro nos saldrá la Van de Kamp ofreciéndonos galletas hechas por ella misma" (explicación para los que no hayáis visto nunca "Mujeres Desesperadas": Wisteria Lane es la calle en la que viven cuatro amas de casa, una de las cuales es la super-ama-de-casa-estirada-y-super-perfecta Bree Van de Kamp). Es increíble la exageración en la decoración de estas casas:

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Paseando, paseando, tenemos la suerte de cruzarnos con uno de los friki-decoradores, es decir, un vecino que también tiene su casa iluminada y decorada. Charlamos un rato con él, o más bien, empieza a charlar él con nosotros hablándonos sobre las cámaras de fotos que llevamos, y nos acaba confesando que él es el dueño de la casa a la que estábamos haciéndole fotos en ese preciso instante. Nos explica algunas historias del vecindario, como el abogado que vivía en una de las casas cercanas, que tenía una cámara escondida en un Santa Claus gigante enfocando la calle con la que él podía ver tranquilamente desde su sofá a la gente que se paraba delante de su casa y les podía fotografíar, y además hablaba a través de un micrófono, increíble! Parece ser que el abogado murió hace un par de años, pero que su hijo, también abogado, sigue con la tradición… pues si estaba en casa, a nosotros nos vio, ^_^, aunque no nos dijera nada, jejejejejee. Total, que una vez más entablamos fácilmente conversación con un estadounidense. Serán como serán, pero ya lo dijimos cuando fuimos a EEUU para nuestra luna de miel: los estadounidenses son muy simpáticos y enrollados, ¡entablan conversación enseguida!

En fin, que nos liamos. La verdad es que este vecindario es algo friki, pero ha sido una visita muy divertida, sinceramente. Volvemos a la calle principal (la 86) y vamos hacia el metro, aunque paramos antes a cenar algo, que se nos ha hecho muy muy tarde. Vemos un Burger King con refill (es decir, bebe cuanto quieras) y a Luis le hacen chiribitas los ojos, así que entramos, comemos tranquilamente y cogemos el metro de vuelta a Manhattan. Llegamos al hotel pasadas las 23h, Lau se da un bañito celestial y se queda sobada en la heavenly bed, mientras Luis se queda enganchado a un programa de la tele llamado “American Chopper” en el que se dedican a hacer motos de este estilo (chopper) a medida, en pleno Orange County.

Viernes 29 de diciembre

Empieza el día como siempre, aunque nos cuesta levantarnos… ¡la cama es taaaaaan cómoda! (y encima Luis trasnochó viendo como hacían una chopper con los colores y los logos de la hamburguesería Wendy’s, para subastarla con fines benéficos :P) En fin, vamos a desayunar al Metro Marché y como se acuerdan de nosotros, una de las chicas de la barra, Kylea, nos pregunta qué tal ayer, qué hicimos, qué planes tenemos para hoy, etc. Es tan maja que hasta nos regala dos cachitos de tarta para desayunar... Una de queso con frambuesa y otra de galletas Oreo que está que te mueres. ¡Nuestro colesterol está a punto de explotar! Y una vez más, vemos lo abiertos y simpáticos que son los americanos, oye... mola.

Remineralizados y súper-vitaminizados, vamos paseando hasta Bryant Park, una plaza-parque en pleno Manhattan, rodeado de rascacielos y de la Biblioteca Nacional por uno de sus lados, que tiene un rollo muy especial. Ahí han puesto una pista de patinaje que está a rebosar de niños y familias patinando… la vista es espectacular. Lau prefiere no quedarse porque hay muchísima gente y porque tiene la secreta esperanza de poder hacerlo en la del Rockefeller ^_^. Así que, este día, lo único que conseguimos fue una foto :D

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Seguimos paseando hasta llegar al Rockefeller Center y allí hablamos un rato (¿lo véis? Estos americanos tienen una facilidad increíble para entablar conversación) con uno de los chicos que reparte información del observatorio del Rockefeller Center. Nos cuenta que su abuelo era de España, aunque emigró a Puerto Rico. Él habla español (aunque con nosotros habla inglés, supongo que como hemos empezado a hablar en inglés…) y, atención, curiosamente se llama Luis Rodríguez… ¡y cuando Luis le dice que tienen el mismo nombre y apellido, al chico le hace tanta gracia que nos da un cupón de descuento! (genial, pensamos, ya tenemos dos… éste y el que conseguimos el otro día), así que vamos a las taquillas a comprar una entrada para el observatorio para las 16h. Tenemos $2 de descuento por cada entrada, que costaba unos 17 dólares, pero parece que nuestra suerte no se acaba ahí: ¡el chico de la taquilla nos ha cobrado de menos! ^_^ Nos damos cuenta, un rato después, de que el chico de la taquilla se ha hecho la picha un lío y que en vez de cobrarnos $33,60 (es decir, darnos la vuelta del billete de $50 que le damos) nos devuelve $33,60!!!!! Total, que la visita al Top of the Rock (nombre del observatorio del Rockefeller Center) nos ha salido bastante más barata de lo que pensábamos, jejejeje. Por supuesto, se impone un discreto mutis por el foro, no vaya a ser que salga corriendo detrás de nosotros jejeje.

Subimos paseando tranquilamente hasta llegar al parque más famoso del mundo: Central Park. Aprovechamos que hace un día fantástico y paseamos por el parque un rato. La verdad es que estamos muy cansados, así que nos sentamos un ratito y a los 15 minutos volvemos a emprender la marcha hasta llegar a Strawberry Fields, la zona justo enfrente del edificio Dakota, donde mataron a John Lennon, y que por tanto está dedicada al genial músico inglés, con un dibujo en el suelo con la palabra "Imagine". Esta vez sólo tiene una rosa blanca, como podéis comprobar, en lugar de la impresionante ofrenda floral de un hippie bastante raro que había en marzo pasado.

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Nos sentamos un rato en la zona a descansar otro poquito, para coger fuerzas e ir al metro en dirección a Harlem, el vecindario más soul de Manhattan (y de toda Nueva York). Vemos el Apollo Theatre, que recuerda la reciente muerte del padre del soul, James Brown, nos perdemos por las callejuelas (para ver las casas típicas de la zona) y las avenidas más anchas, para encontrar el restaurante más soul del mundo, el Sylvia’s. Durante nuestro paseo, vemos una avioneta que escribe con humo algo en el cielo… no sabemos muy bien qué pone, pero nos hace gracia... como también le hace gracia a uno de los vecinos de Harlem, un chico muy simpático que ve a Laura haciendo fotos al cielo y le dice que le haga una foto a él, cruzando por la avenida de dos nombres Lenox Ave y Malcolm X Ave (se ve que no podían decidir sólo uno? ^_^). Yeah, right. La verdad es que vamos tan tranquilos por Harlem, no nos da nada de miedo, se nota que el barrio poco a poco va cambiando. Eso sí, el color blanco todavía es minoría entre los habitantes del vecindario… Y cuando decimos minoría, nos referimos a que vimos, en todo el rato que estuvimos paseando por ahí, a tres blanquitos: el resto, negros e hispanos. Y ahora una composición del teatro Apollo con el letrero en memoria de James Brown y a Laura delante del Sylvia's:

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Volvemos a Central Park, esta vez paseando por la zona norte del parque, junto a la que están construyendo apartamentos que, según la publi, se venden a partir de millón y medio de dólares. Pónganos tres, que nos los llevamos envueltos! :D Vemos la segunda pista de hielo, a tope de gente también... ¡hay gente en todas partes! Paseando, paseando llegamos a un metro por la zona norte del parque y vamos directos a la 42, justo a la zona de nuestro hotel. Entramos en el Yoshinoya que hay en la misma manzana del hotel a coger uno de sus famosos gyûdon y subimos al hotel a descansar media horita y a comernos el rico bol de arroz con ternera (no seáis vagos, y mirad la receta que pusimos en japonismo, hombre! :D)

A las tres y pico, volvemos a salir en dirección al Rockefeller Center, para subir al Top of the Rock, el observatorio del Rockefeller. La entrada es espectacular: una preciosa pieza de cristales Swarovski que cae por el agujero de la escalera principal. Pasamos los arcos de seguridad, vemos una exposición sobre la construcción del Rockefeller Center y unos vídeos informativos y nos ponemos en una de las colas para coger el ascensor. Esperamos unos 10 minutos y ale, ¡subimos! El ascensor sube rapidísimo y además, como estamos todos mirando el techo acristalado y viendo cómo sube, pues parece que va más rápido, que te afecta más. El observatorio tiene tres niveles: el primero y el segundo tienen un cristal de seguridad, así que subimos al tercero que es totalmente "libre", sin cristal ni verja ni nada… ¡y qué vistas! Espectacular. El sol se está poniendo y poco a poco la ciudad se va iluminando a nuestros pies. Desde el TOR se ve perfectamente toda la ciudad… el perfecto rectángulo del Central Park, los rascacielos del midtown y de Times Square, y hasta el downtown... ¡Y el Empire State! Está precioso con su iluminación navideña en verde y rojo, como podéis ver en la foto… y se ven los flashes de la gente que está en el observatorio del Empire State haciendo fotos de la ciudad y del Rockefeller. ¡Qué gracia!

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Pasamos un buen rato en la terraza, viendo cómo oscurece y cómo la ciudad se va iluminando… está todo precioso y además, ¡no hace nada de frío! Después de hacer mil fotos, bajamos a los ascensores, hacemos cola (muchísima más que para subir!) y volvemos a bajar al bullicio de pie de calle. Como estamos muy cerca, entramos en la librería japonesa Kinokuniya, donde Luis mira y remira y sigue mirando libros y finalmente se compra unos cuantos. Cansadísimos, vamos paseando tranquilamente hasta el hotel, parando antes a comprar unos sándwiches y wraps para cenar… y a dormir.

Sábado 30 de diciembre

Cada día nos cuesta más levantarnos, que la heavenly bed es muy heavenly, coñe. Vamos a desayunar al Metro Marché, pero Kylea no está... :((((( Eso sí, el que si está es el cocinero hispano, que curiosamente siempre nos hablaba en inglés salvo un par de cosillas en español, que al darnos el desayuno nos dice que ha puesto extra de huevo y nos guiña el ojo... ¡mola!

Colesterolizados, cogemos el metro para ir al Pier 17 y ver unas maravillosas vistas desde debajo del puente de Brooklyn y del skyline de Manhattan, pero desde el propio Manhattan. El viaje en metro es accidentado: por obras en el tramo al sur de Manhattan, el metro que nos dejaba directamente cerca del Pier 17 cambia de recorrido. Vale, guais. Nos bajamos cuando podemos y cogemos otra línea. Peeeeero, dos estaciones antes de llegar a nuestro destino, ¡hay un fallo de electricidad! Nosotros es que ya nos reímos y decidimos salir a la superficie y terminar el trayecto paseando (y en realidad no estábamos tan lejos... ^_^). En fin, por fin llegamos al Pier 17 y vemos el puente de Brooklyn desde Manhattan, una vista espectacular, desde luego, de lo que os dejamos una fotillo. De lo mejor fue la señora hispana que quería ir a Canal St, en pleno Chinatown, y que no dejaba de preguntar a todo el mundo si esa línea iba a esa calle. Teóricamente sí, pero con el cambio de recorrido de la línea por las obras, a saber dónde acabó la buena señora! ^__^

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Después de unas cuantas fotos, vamos paseando hasta la Bolsa, el New York Stock Exchange, vaya, que está decorado en plan navideño con una gran bandera americana hecha a base de lucecitas… patriotismo a tope, y Luis delante, en la fotito de rigor. Fotos de rigor y seguimos paseando hasta la Zona Cero, para adentrarnos en el paraíso de las compras: Century 21, ¡qué pasada de sitio! Ropa y complementos de marca a precios de saldo… impresionante. No podemos aguantar la tentación y acabamos comprando de todo. Y para que veáis que realmente compramos de todo, fijaos… para Lau: un bolso de DKNY y un monedero de Nine West; para Luis: un billetero-tarjetero de DKNY, 2 camisas de Calvin Klein, un cinturón de Kenneth Cole, calcetines y ropa interior de Calvin Klein… ¡una maravilla! No tenemos mucho tiempo, así que nos decimos que tenemos que volver otro día, jejejeje.

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Dejamos las cosas en el hotel, nos ponemos guapos y nos vamos al teatro a ver este revival cast en Broadway del clásico Les Misérables… porque, vaya actorazos, tiene una pinta impresionante. Además, flipamos con las entradas: muy centradas en platea y justo en la fila perfecta (el escenario nos queda al nivel de la vista, perfecto)… y qué espectáculo. Sinceramente, habíamos visto Les Mis dos veces antes en Londres pero… ¡ni punto de comparación! Este cast es un lujo, porque además de cantar muy bien, son muy buenos actores, lo tienen todo para emocionar. Destacamos a Alexander Gemignani, un Valjean impresionante, no sólo voz, sino pasión; a Daphne Rubin-Vega (a la que Lau tenía muchas ganas de ver en directo, ya que fue Mimi en el cast original de RENT) en el papel de Fantine, que consiguió hacernos llorar a todos; a Adam Jacobs como un joven Marius; a Celia Keenan-Bolger como Eponine, que realmente nos emocionó a todos; a Gary Beach (que habíamos visto también en Broadway como Roger DeBris en The Producers, papel que repitió en la versión cinematográfica de dicho musical) como un asqueroso y divertido Thénardier; a Ali Ewoldt como la inocente y activa Cosette; a Drew Sarich como Enjolras y a Jenny Galloway como Madame Thénardier. Todos ellos y el resto del cast... ¡fantásticos! Nos emocionaron una barbaridad y nos hicieron llorar como niños pequeños, ^_^, una de las mejores representaciones musicales que hemos visto en la vida, desde luego.

El hotel está a dos minutos, así que vamos a dejar la camiseta que se ha comprado el nene, que parece que no puede salir de un musical sin su correspondiente camiseta, junto con las revistas sobre Broadway y el programa de lujo (diez dólares, qué abuso!), para salir rápidamente e ir, esta vez sí, al Island Burgers & Shakes (en la novena, entre la 51 y la 52) para tomarnos una auténtica hamburguesa regada con un buen batido… qué pasa, que hemos visto mil veces la peli de Grease (más Lau que Luis, eso sí) y eso de tomarse una hamburguesa con un batido es un clásico, ^_^. Total, que eso es lo que hacemos: nos pedimos unas hamburguesas acompañadas de dos batidos de chocolate, ¡oléeeee! El batido está buenísimo, súper denso y estupendísimo-de-la-muerte y la hamburguesa también está buenísima y es curiosa por dos razones: 1) la hamburguesa normal viene con un pan rectangular, como si fuera de molde pero más fuerte, con el borde como caramelizado pero sin ser dulce... buenísimo; y 2) no hay patatas fritas. Y la explicación la tenemos en la carta: el local es pequeño y empezó muy humildemente, no había sitio para una freidora. Con el tiempo, se dieron cuenta de que tenían que cambiar la estructura de la cocina y la instalación de gas y demás para poder poner una freidora, de manera que decidieron no hacerlo, por lo que no hay patatas fritas. Tienen mil cosas más, eso sí, pero nada de fries, curioso.

Disfrutamos como enanos, casi parecemos los chicos de Grease, tomando nuestras hamburguesas con batido de chocolate, jejejejeje. Cuando terminamos, cogemos el metro y nos vamos directos al Madison Square Garden, que tenemos entradas para ver un partido de la NHL, la Liga Nacional de Hockey sobre hielo. Vamos a ver a los Rangers de Nueva York contra los Capitals de Washington (originales con el nombre, ¿eh? ^_^). Entramos sin problemas, encontramos nuestro sitio (o eso creemos, :P) y alucinamos con lo grande que es el Madison... ¡es enorme! Además de que es todo un espectáculo. En cada asiento hay un menú con las cosas de comida y bebida que tienen en el bar y en cada zona de escaleras hay un tío al que le puedes hacer tu pedido. Pagas y en menos de cinco minutos viene un camarero con tu pedido. Tú ni te mueves del asiento, ¡olé! Además, en las pantallas gigantes del marcador no paran de poner juegos, enfocar a la gente, poner las mejores jugadas de otros partidos… es todo mucho más “emocionante”. Y para probar que allí estuvimos, mirad:

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Empieza el partido y disfrutamos como niños pequeños, porque el juego es espectacular y...¡las peleas también! Ejem, quizá el hockey no sea la mejor muestra de deportividad, pero... ¡mola ver cómo se pegan los jugadores! Y es curioso, porque hasta que no se caen al suelo, los árbitros les dejan hacer. Eso sí, una vez se caen al suelo, parece que ya no está permitido pegarse más y ya los árbitros les separan... curioso. Let's go Rangers! Y vaya si va la cosa, que los Rangers acaban ganando 4 a 1, ¡perfecto!

Además de ver dos peleas guapas, salimos por las pantallas gigantes del marcador del Madison (yeeeeeeey, ^_^), bailamos y cantamos como todo el público “Sweet Caroline" (parece que es un clásico: cuando suena esa canción, todos cantan y bailan... pues nosotros también, jejejeje). Comemos palomitas mientras vemos el partido y, en definitiva, lo pasamos como enanos. En fin, que ya somos fans de los Rangers. Y ved lo que os decimos de las peleas, tremendo!:

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Entre unas cosas y otras es tardísimo, así que vamos paseando hasta Times Square y de ahí al hotel a descansar, tomar un baño y dormir, ^_^.

Domingo 31 de diciembre

Último día del año… increíble. Después de remolonear un poco (lo que nos cuesta levantarnos de la heavenly bed! ^_^), tomamos nuestro café Starbucks de rigor en la habitación y nos vamos a dar un paseo por el Chueca neoyorkino, Chelsea. No sé si es porque es domingo, nochevieja o qué, pero el barrio tampoco tiene mucha chicha, la verdad, así que paseamos tranquilamente por los muelles, vemos el mercado, nos acercamos al famoso Chelsea Hotel y nos volvemos al hotel a cambiarnos y prepararnos para tomar... ¡un brunch!

Luis no sabe dónde vamos, es una sorpresa, ¡y mola! Finalmente llegamos a la altura de Tiffany's en la Quinta Avenida y desde ahí cogemos la calle a la izquierda para llegar al restaurante elegido para la ocasión, Brasserie 8 ½, en el que Lau ha reservado una mesa para tomar un delicioso brunch en pleno centro de Manhattan. Y ya que estamos en NY, que estamos tomando un brunch y que es el último día del año, decidimos tomar el brunch con una botella de champán... ¡ole! :) Y vaya brunch... es del tipo buffet, así que hay mil cosas para escoger: una barra con pequeños pastelitos dulces primero y luego con tartas (la de mantequilla de cacahuete es una delicia, según Luis); una mesa central con bollos, donuts, panes, galletas, etc.; y otra barra con mil opciones saladas, entre las que destacan los huevos Benedict o las tortillas al gusto del consumidor, ya que hay unos 12 cuenquitos con ingredientes diferentes que el chef le puede echar a tu tortilla. También mención especial merecen los crepes flambeados con Grand Marnier :D. Nos ponemos las botas (pero mucho, mucho, eh!) y disfrutamos un montón de todo (y el champán que va subiendo a la cabecita, jejejejee). Lo que veis en la foto es la entrada al lugar y a Laura muuuy sonriente después de haberse puesto hasta arriba :D

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Para bajar la comida, paseamos por la Quinta Avenida viendo tiendecitas, hasta llegar a la nueva tienda de Barnes&Noble (con Starbucks incluido en la segunda planta, ¡toma ya!), donde vemos unos cuantos libros y al final… acabamos comprando, jejejeje. Esta ciudad es un peligro para la tarjeta de crédito, por dios!

Queremos volver al hotel a descansar un rato, pero nos cuesta lo nuestro, ya que todas las calles alrededor de Times Square están cortadas, valladas y vigiladas por policía. Nos tenemos que identificar, con las tarjetas de la habitación, como clientes del hotel Westin. Si no, no nos dejan pasar. Cruzamos Times Square y a pesar de que son tan sólo las 15:30-16 horas, ya hay un montón de gente en Times Square esperando que lleguen las 12 de la noche y ver la bola caer… ¡qué locura! No se puede pasear y estamos cansados, así que conseguimos llegar al hotel y descansar un rato... Fijaos la cantidad de gente, y eso que todavía quedaban casi 9 horas!!!

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A las 18 horas (las doce de la noche en España), nos tomamos las uvas que nos habíamos traído en la maleta, utilizando una alarma del móvil de Luis que está puesta para que se repita varias veces, como si del reloj de la Puerta del Sol se tratara, para hacer una primera celebración de Nochevieja, jejejejeje y disfrutamos de la habitación del hotel al máximo, mientras abrimos la ventana y escuchamos los gritos de la gente que ya está en Times Square, esperando que llegue la noche, y aunque nos da cierta envidia (a Lau le gustaría estar ahí, pero sabe que ni aguantaría ni podría soportar tantas horas de pie), también sabemos que es una locura. Más que nada, porque la policía, a medida que la zona se va llenando de gente, va cerrando rectángulos con vallas, así que el que se mueve de uno de ellos para comer algo, o para ir al baño, no vuelve a entrar y pierde su sitio. ¡Muy duro!

A las nueve y pico bajamos al restaurante del hotel, el Shula’s, donde hemos reservado nuestra cena de Nochevieja. Como a esa hora está muy lleno de gente, decidimos esperar tomando una cervecita en el bar adyacente, a sabiendas de que nos van a dar un palo monetario por dos Coronas que nos va a eslomar. Y en efecto, 16 dólares por dos Coronas, ahí es nada.

Pero sin esperar mucho rato, nos dicen que ya tenemos la mesa, genial! Tenemos la suerte de que nuestro camarero es un tipo de origen francés muy simpático, que habla por los codos y nos pregunta que por qué estamos allí, con la marcha que hay en España (su ex-mujer era de La Coruña), mientras nos sirve una copa de champán incluido en el precio de la cena. Hay otro camarero, sin embargo, que no es tan simpático, que es el que retira los platos, porque se ve que deben de ir con prisas para poder cerrarlo todo prontito e irse con las familias, porque intenta quitarnos los platos varias veces a pesar de estar masticando, y a Luis, que termina antes que Lau, le quita el plato sin esperar a que terminen los dos.

Eso sí, la comida está riquísima, aunque, ¡cómo llena! Primero un Napoleón de confit de pato con champiñones Portobello y vinagreta de mostaza para los dos, que no tenemos ni idea de qué es, y seguimos sin tenerla a día de hoy, pero sabemos que llevaba pato a la brasa y… ¡estaba de muerteeeee! Luego ensalada césar para Luis y una Beefsteak Tomato Salad para Lau. De principal, tomamos un filet mignon de 12 onzas de ternera angus. En este país todo es a lo grande, desde luego, porque 12 onzas son ni más ni menos que unos 360 gramos de carne, y era la opción más pequeña de la carta jejeje. Eso sí, todo muy profesional, porque cuando lo traen, viene otro camarero con una linterna, que al principio nos asusta un poco, pero que viene a que cortemos un poquito por el centro del filete para ver si está a nuestro gusto, alumbrando el corte con dicha linternita, que la luz dentro del restaurante es baja. Todo ello lo regamos con un vinito de Burdeos bastante bueno, que tiene un dejecillo a arándanos que estaba muuuy rico… ^_^

Se nota que en Estados Unidos la gente cena mucho más temprano, porque cuando estamos con el plato principal, el restaurante, que estaba lleno hasta la bandera cuando llegamos, se ha quedado medio vacío, así que el camarero simpático nos pregunta sobre la elección de postre (escogemos ambos una Panna Cotta de chocolates blanco y negro con gelatina de grosella), y nos dice que si queremos, podemos incluso probar todo el resto de postres de la carta, que han sobrado. Además, nos trae el champán de nuevo (le habíamos dicho que se lo llevara porque estábamos con el vinito), y al ver que no tiene fuerza, nos abre una botella nueva y nos dice que también nos la podemos subir a la habitación gratis, ¡ole, ole, ole! ¡Champán gratis!

Y nos recomienda encarecidamente que no vayamos a Times Square a ver fin de año, para lo que queda media horita, porque claro, la calle del hotel que da a Times Square, en esos momentos estaba más o menos tranquila al estar cortada por la policía, pero en breve, cuando se acabara la fiesta, un millón de personas desalojan la famosa plaza neoyorquina por las calles aledañas, y es un infierno! ¡Un millón de personas! Que se dice rápido… buf...

Como estamos seguros de que tiene razón, y además, no íbamos a conseguir a esas horas un buen sitio para ver caer la bola (¡y tenemos nuestra botella de champán gratis, jejejejee), lo vemos desde la habitación, en la tele, pero con la ventana abierta para escuchar a la multitud... Y vaya si se oye, porque en el momento en el que la bola empieza a caer, y cuando llega a los diez últimos segundos, se puede escuchar desde la habitación al millón de personas gritando la cuenta atrás "Ten, Nine, Eight...". Se nos cae la baba viendo la peazo fiesta que hay montada, y brindamos con el champán…

¡Feliz Año Nuevoooooooooooooooooooooooooo!

Y no podemos contaros más, porque el resto queda para nosotros, ^_^.

Lunes 1 de enero

Como viene siendo habitual, nos cuesta levantarnos, pero es que entre unas cosas y otras nos acostamos tardecito, y encima íbamos bien regaditos de alcohol :D.

La previsión del tiempo ha acertado (será que en este país enseñan mejor a los hombres del tiempo? ^_^), y está gris y llueve, y encima no tenemos ni ganas de desayunar (estamos empachados y resacosos, jejeje). Simplemente nos hacemos un cafetito Starbucks en la habitación, y salimos a ver tiendas de musicales y otras de chorradas turísticas sobre Nueva York. Entramos también a ver la macrotienda de M&Ms en Times Square, que es increíblemente friki (un M&M elvis, por ejemplo, y con prueba gráfica), y mientras, vamos haciendo tiempo para que abran el TKTS para ver si hay algún musical en oferta.

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Ya sabíamos que lo normal sería que no, pero como el día de Año Nuevo muchos de los musicales cierran, y mucha gente está fuera porque es fiesta nacional (se nota, porque la ciudad está vacía de gente, muy rarooooo), pensábamos que los pocos que sí tienen función tendrían entradas descontadas para poder llenar, pero qué va, vemos la lista de obras de teatro y de musicales y sigue siendo la misma mierda que hace unos días... bueno, con menos obras todavía, un rollo. Total, que subimos paseando por Broadway justo hasta Central Park, mojándonos y sin saber qué hacer. Además, Luis tiene el día tonto y no sabe qué hacer. Menos mal que a Lau se le ocurre que pueden ir en metro hasta South Ferry, al sur de Manhattan, para coger allí el ferry gratuito hasta Staten Island, por tener una visión diferente del skyline de la ciudad. Ya habíamos cogido el ferry en marzo, en un día soleado y precioso, así que pensamos que sería una buena idea verlo con otra climatología, ya que el día hacía de Manhattan un sitio muy "fantasmagórico", como podéis comprobar:

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Y en efecto, a pesar de la niebla inmensa que hay, o quizás gracias a ella, la vista es muy interesante, porque toda la ciudad tiene un aire fantasmagórico impresionante. De hecho, muchos rascacielos tienen ocultas sus plantas más altas entre la niebla. Vemos también la Estatua de la Libertad oculta tras dicha niebla, y al volver de nuestra breve visita a Staten Island (bajar del ferry y volvernos a subir jejejeje), nos vamos derechitos a la famosa Grand Central Terminal (quién no ha visto la escena memorable del carrito de coche en "Los intocables de Elliot Ness"?), ya que cada media horita hay un espectáculo llamado Kaleidoscope Light Show, que como su propio nombre indica, consiste en proyectar sobre las paredes y columnas de la estación luces caleidoscópicas con motivos navideños algunos y otros relacionados con la ciudad. Muy chulo, ciertamente:

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Como entre tanto ir para arriba y para abajo en Manhattan se nos han hecho casi las 14 horas, empieza a entrar hambre, así que cogemos nuevamente el metro para ir hasta la calle 64 con la Lexington Ave, ya que tres calles más arriba se encuentra el Jackson Hole, un restaurante muy cuco que hay en unos bajos y que hace unas hamburguesas deliciosas, de carne picadita que se deshace en cuanto cortas con el cuchillo (son demasiado grandes para metérselas tal cual en la boca! :P). Un lujo de hamburguesa, sí señor, con un toque casero que las hace deliciosas. Luego, una tarta de nueces de pecan de postre (es que nos hemos quedado con hambre jejejeje)… bueno, aunque Lau sólo come dos cucharaditas, ¡que está que no puede más!

Al salir de este sitio nuestra idea era ir a ver el Guggenheim, porque Luis había escuchado que ya habían terminado las obras de restauración de la fachada exterior, pero estaba cayendo tanta agua, que decidimos irnos al hotel un ratito, que así estaríamos calentitos y secos (y al final nos enteramos de que el museo todavía tiene su fachada tapada, así que mejor!).

Tras un ratito (o ratazo) de descanso, decidimos volver a salir, que ya está bien de hacer el perro, y afortunadamente ya ha parado de llover. Vamos paseando así como quien no quiere la cosa hasta Bryant Park (como quien no quiere la cosa no, que Lau está obsesionada con el patinaje, y está ya segura de que se irá de Nueva York sin conseguirlo). Allí vemos que están puliendo la pista, e intentando quitarle todo el agua acumulada. De hecho, hay unas cuantas personas esperando a ver si consiguen arreglarla y la abren hasta de la hora de cierre, a las 20 horas. Parece que no hay suerte, y es que encima empieza a caer un poquito de aguanieve, pero al menos hemos tenido la suerte de tener, desde este parque, unas vistas increíbles de la parte iluminada de rojo y verde del Empire State, que como hay algo de niebla todavía, colorea de rojo y verde para de la niebla circundante… ¡precioso!:

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Ya con los ánimos casi por los suelos, Lau dice de ir paseando hasta el Rockefeller Center, viendo por el camino un edificio Chrysler también muy misterioso gracias a la niebla y tachán, la pista allí sí está abierta, y encima la cola que hay es la más pequeña que hemos visto desde que llegamos a la ciudad, con lo que ni cortos ni perezosos nos colocamos para ver si tenemos suertecilla y sigue sin llover, para que podamos entrar. Bueno, lo de "podamos" es un decir, porque Luis no tiene ni idea de patinar (a pesar de que intentó aprender de pequeño) y desde hacía meses Lau sabía, pese a toda su insistencia, que tendría que patinar ella solita, a pesar de la ilusión que le hacía poder patinar los dos juntitos bajo la estatua de Prometeo y el famoso árbol del Rockefeller.

Pero lo que no sabe es que Luis se ha hecho el propósito de que, si consiguen entrar, patinará con ella, con lo que cuando pagan las dos entradas, se pone por un lado muy contenta, aunque por otro nos ponemos muy “tristes” porque nos clavan, entre el acceso y el alquiler de los patines, 52 dólares. Pero un día es un día (¿dónde habremos oído eso antes?) Y otro día es otro día, jejejeje ^__^

Luis parece un pato mareado con los patines, pero mantiene el equilibrio… Sobre suelo no resbalizado. En cuanto pone el pie sobre el hielo, los pies parece que cobran vida independiente y cada uno quiere irse por su lado. Por suerte Lau le sujeta por un brazo, y el otro está enganchado a la barandilla. "Con la de gente que hay mirando y haciendo fotos, y yo aquí haciendo el muñón, qué ridículo más espantoso" piensa Luis, aunque no hay nada que no se haga por amor, ¿verdad? Jejejeje. Y a Lau se le cae la baba, porque Luis está guapísimo ahí patinando bajo el árbol de Navidad... y se lo agradece mil veces y disfruta muchísimo, porque sabe que Luis ha hecho un esfuerzo tremendo. Aquí Lau al habla, ¡gracias vidita! :) Y una muestra de Laura disfrutando del patinaje :D

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Damos una vuelta juntitos, Lau por el exterior, y Luis sujetado a Lau y a la barandilla, acordándose de la madre de todos los que se quedan descansando recostados sobre la barandilla, porque no dejan pasar y la única vez que intenta desasirse de la barandilla casi se escoña. Eso sí, al final, parece que empieza a cogerle algo de truquillo al tema, y al menos consigue no caerse ni una sola vez! De hecho, Luis está pensando seriamente fichar por los New York Rangers, ahora que está hecho un hacha en lo del patinaje sobre hielo.

Tras la vuelta, y las fotos de rigor a la estatua, al árbol de Navidad y todo eso, Luis se retira a descansar, que tiene los pies cansadísimos, y Lau se dedica a dar unas cuantas vueltecitas más por la pista, recordando todo lo que sabía sobre patinaje sobre hielo… recuerda cómo patinar normal, para atrás, haciendo eses... bien, bien, ^_^. Estamos unos 50 minutillos por ahí, y sobre las 20 horas, cuando cierran para pulir la pista y dejar entrar a un nuevo turno, nos vamos dando un paseo hasta Times Square, pensando en comer algo.

Por cierto, mientras estábamos dando la vueltecita a la pista de patinaje del Rockefeller, parece que estamos en una película, porque de golpe y porrazo, un chico se arrodilla en mitad de la pista y le pide a su novia que se case con él! Y claro, cuando ella dice que sí, todos los que estábamos en la pista y todos los que estaban mirando alrededor de ella comenzamos a aplaudir, y los dos se besas y se caen al hielo... Vamos, una peli total!!!! Qué bonitooooooooo.

Hoy cambiamos y nos metemos en un Sbarros, que es un sitio de pizzas y otras cositas italianas, pero estilo Burger King. Sentados allí y comiendo nuestras pizzas nos empieza a salir el cansancio acumulado, no sólo del patinaje, sino de todos los días que hemos pasado por allí, así que en cuanto acabamos nos vamos al hotel a hacer las maletas, que mañana ya nos volvemos para España! Pena, penita, pena.

Martes 2 de enero

Hoy, antes de ir a desayunar, hacemos el checkout, y dejamos las maletas guardaditas en el hotel, para que no molesten mientras damos nuestro último paseo por la ciudad.

Como no sabemos qué ver, y además, cuando estás en el último día, tienes muchas menos ganas de hacer cosas, cogemos el metro hasta World Trade Center, para volver al Century 21, que el otro día íbamos tan cargados que no entramos a ver el resto de plantas, especialmente la de zapatos :D.

Y claro, como era de esperar, Luis ve unas zapatillas Skechers en tonos dorados muy molonas que le están como un guante, y para Lau caen unos zapatitos de tacón marrones muy monos de Steve Madden ^_^.

Subimos dando un paseo por Broadway desde casi el principio de la calle, y caminamos un montón, ya que atravesamos Canal St y Chinatown, y luego nos adentramos en el SoHo, donde paramos en un Starbucks a tomar algo, pero sobre todo, a sentarnos un buen rato, que los pies ya duelen! Pero el descanso no dura, y seguimos caminando por Broadway hasta Union Square, momento en el cual nos metemos en el metro para ir hacia el hotel, que sino, acabaremos llegando a Times Square andando!.

Allí en el hotel nos tiramos literalmente en los sofás que hay en el hall de la recepción, para leer un poco el periódico mientras descansamos, pero como no tenemos mucho más que hacer, cogemos las maletas y paramos un taxi para ir al aeropuerto (repartiendo propinas a diestro y siniestro al mozo que saca las maletas, al que para al taxi y guarda las maletas en el maletero, etc… ¡Qué país!).

En el aeropuerto la facturación va muy bien, pero nos dicen que el vuelo tiene un retraso previsto de unas dos horas, seguramente por el reajuste de vuelos que hubo por las intensas nieblas del día anterior. Pero la espera, aunque larga, acaba y embarcamos rumbo a Madrid.

Se acabó Nueva York, se acabaron las vacaciones… y la verdad es que ha estado genial y hemos disfrutado como verdaderos enanos. Está claro que habrá que volver, que por más veces que visites la ciudad, siempre encuentras algo nuevo (o viejo) que te sigue atrayendo una y otra vez… y nos quedan mil cosas por ver, mil cosas por hacer... y mil cosas por repetir.

Hasta la próxima.

Luis y Laura