domingo, 18 de noviembre de 2007

Celebraciones cumpleañeras

El jueves 15 de noviembre fue mi cumpleaños (cayeron 29 añitos) y como era un día de curro y el siguiente de mucho curro y estrés, Luis decidió organizar la celebración el sábado, así que el jueves básicamente dimos un paseo, comimos un delicioso kebab de nuestro kebabero favorito (sí, el de Moncloa) y Luis me dio el segundo regalo.

Ay, claro, no os he contado que el martes Luis ya me dio mi primer regalo.... ¡si es que el nene estaba tan emocionado que no pudo esperar y dijo que me haría el regalo en tres partes: uno el martes, otro el jueves y otro el sábado! ¡Pues genial! El martes fue toda una sorpresa, la verdad, pues me reagló un ipod nano de tercera generación... ¡toma ya! Directamente traído desde EEUU por Tom y Karen (¡gracias chicos!). Es más mooooonooooooo, mirad, miras:

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El jueves me regaló dos libros con sus respectivos CDs, ¡para aprender portugués! Uno de gramática y vocabulario y otro de lecturas... ¡qué guay! Hace tiempo que decía que quería aprender portugués, así que ahora ya no tengo excusa...¡a estudiar toca! Me hizo muchísima ilusión, sinceramente, jejejejeje...

Y finalmente, el sábado, teníamos una cena romántica sorpresa. Yo no sabía dónde era ni nada, sólo sabía que era una sitio algo "pijo" y céntrico... así que después de ponerme guapa para la ocasión, a las 21:00h se descubrió la sorpresa: Luis había reservado mesa en el restaurante de Hotel Urban (único hotel 5 estrellas Grand Luxe de Madrid): el Europa Decó. ¡Qué maravilla! Os dejamos con una imagen de la entrada/vestíbulo del restaurante:

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Y una imagen del restaurante:

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Para empezar, la casa nos ofreció dos aperitivos: unos rollitos de sushi deliciosos y una mezcla de sabores a base de unos daditos de tomate, unas alubias pochas y unas setas, con una salsa especial. ¡Todo delicioso! Vistas las cartas (¡y qué cartas! Yo no sabía qué elegir, tenía todo una pinta impresionante!) empezamos el festín con unos entrantes: Luis escogió el tártar de toro (ventresca de atún rojo) con gelatina de aguamarina y yo pedí virutas de foie con reducción de Pedro Ximénez. Y vaya sorpresa cuando llegaron los platos, ¡eran enormeeeeeeeees! Pero enoooooormes de verdad, eh! De hecho, yo me comí la mitad, más o menos, de mi primero y ya estaba a tope... así que aquellos que pensabais que era un restaurante tan pijín que uno se quedaba con hambre, ya podéis cambiar de opinión, porque como dice un buen amigo nuestro, salimos "tupíos".

Detalle de la mesa:

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Cuando conseguimos terminarnos los íncreiblemente grandes primeros, nos sirvieron los segundos: Luis se había pedido solomillo de wagyu en tataki con ensalada, mientras que yo me había pedido el pato azulón con pimienta de Jamaica y cuscus de pera. Y otra vez, ¡vaya platazos! Y qué delíiiiiiiiiiiiiiiiicia... estaba todo buenísimo. Fue interesante probar el buey de Kobe (ya sabéis, les dan cerveza para beber y les masajean para que la carne sea todavía más tiernecita) y deciros que el pato estaba deliciosiiiiiisimo (esa pimienta de Jamaica realmente le da un toque distinto) y que el cuscus fue toda una maravilla... estaba buenísimo, no me esperaba para nada ese sabor: tenía daditos de pera, unas pasitas muy pequeñitas y alguna cosa más que no supe adivinar, pero la mezcla era explosiva e increíblemente deliciosa. Todo ello lo regamos con un Reserva de Pago de Carraovejas (Ribera del Duero), buenísimo, que se nos fue subiendo a la cabecita, jejejeje.

Otro detalle:

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De postre, Luis escogió unos raviolis con helado y crema de chocolate y yo, que estaba tope y no podía más, me decidí por algo más ligero, una macedonia de frutas con sorbete helado de champán y jugo de fruta de la pasión. ¿Y qué podemos decir? Pues que estaba todo buenísimo, de verdad, una maravilla. Además, por recomendación de la casa, Luis acompañó su postre con un moscatel blanco que estaba buenísimo también... :D

Fue una velada maravillosa, sinceramente. Y para darle un toque final, decidimos ir al bar del hotel, el llamado Glass Bar, a tomarnos una última copa, una coctelería donde el cristal es el gran protagonista:

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Así que allí nos sentamos en los sofás, nos tomamos unas copas y charlamos un buen rato... a esperar a que unos amigos nuestros llegaran del partido España-Suecia. Y es que Mathias, al que vimos en Semana Santa en Gotemburgo, había venido a Madrid para ver el partido de su selección, así que habíamos quedado que nos veríamos después de cenar para tomar una copichuela. Sobre la una y pico, nos juntamos con Mathias y otro amigo, Raul, para tomarnos una última copa en Huertas... ¡qué guay fue verle de nuevo, esta vez en Madrid! Estuvimos charlando un buen rato, hasta que Mathias decidió irse al hostal a dormir, que hoy domingo tenía que levantarse bastante temprano para volver a Suecia... ¡muchas gracias Mathias, nos encantó verte!

Y esta fue nuestra noche cumpleañera. Comida de lujo en un ambiente muy especial con una maravillosa compañía... y fin de fiesta con un amigo que vive lejos, ¿qué más se puede pedir?

Besines,
Lau
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We celebrated my 29th birthday going to the super-posh Hotel Urban's restaurant called Europa Decó. The food was amazing, the staff incredibly helpful and the atmosphere very romantic... so it was lovely. We ate looooots, drank lots and ended up at Hotel Urban's trendy Glass Bar for a drink. Afterwards, we met a Swedish friend, who was in Madrid to see the Spain vs. Sweden match and put an end to the night having a beer with him. It was a fantastic birthday night!

domingo, 11 de noviembre de 2007

Lost in Traslation X - Tokio

Lost in Translation X – Tokio

Domingo 19 de agosto

Empezamos la mañana acercándonos a la estación de “nuestro barrio", Shinjuku, a comprar billetes de tren para ir a Hakone un par de días después, y cogemos el Romance Car, un tren de la compañía privada Odakyu, que es muy famoso entre los japoneses para hacer el trayecto hasta Hakone. Además, nos compramos la Suica, una tarjeta prepago con un chip de radiofrecuencia que podemos utilizar no sólo en la JR y en el metro, sino también en máquinas expendedoras, en tiendas de conveniencia, etc., y que, por supuesto, sólo necesitas acercarla a las máquinas para pagar, lo que hace todos los tránsitos en metro mucho más rápidos. Cargamos la tarjeta con dinerito contante y sonante y vamos paseando tranquilamente hasta uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad: El Gobierno Metropolitano, es decir, el ayuntamiento de Tokio, obra del conocido arquitecto japonés Tange Kenzo.

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Al llegar, nos decidimos por una de las dos torres gemelas que tienen mirador con vistas panorámicas, pasamos el control de seguridad y tomamos el ascensor. Tardamos muy poco en llegar arriba, ¡qué rapidez! Y ale, vistas panorámicas de toda la ciudad... y encima gratis, ¡mola! Vemos todo Tokio a nuestros pies, hasta donde llega nuestra vista. Intentamos ver el Monte Fuji, que se puede ver, pero nada, sigue escondido detrás del telón de contaminación y humedad del verano. Laura empieza a decir algo que dirá muchos días en Tokio: el Monte Fuji no existe, es una invención :D… ¡pero si es que es imposible verlo! Un ejemplo de las vistas:

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Al bajar, damos un paseo por el parque adyacente al edificio, lleno de esculturas de arte moderno y decidimos ir en metro hasta Harajuku, para empezar visitando el Santuario de Meiji y ver a los frikis de la zona. Sí, frikis, porque en fin de semana, son muchos los jóvenes japoneses que se disfrazan con todo tipo de trapos y se juntan en la zona. Cuando llegamos a Harajuku, todavía no hay mucho movimiento frikil, quizás en parte por la hora y por el inmenso calor que hace, así que nos adentramos en el santuario de Meiji, que fue construido en memoria del emperador Meiji y la emperatriz Shôken. Como tantas otras cosas, fue destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, pero se reconstruyó en 1958 con una réplica exacta del original (hasta se utilizaron los mismos materiales, para asegurarse de que quedaba igual). Una imagen del santuario:

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Para entrar al santuario, hay que pasar por debajo de tres torii y dar un largo paseo por un ancho camino, con árboles a ambos lados, hasta llegar al final al santuario. Y son tres los torii porque cuando pasas por debajo de uno, quedas purificado, pero la purificación sólo se mantiene en línea recta, y como el camino tiene dos giros, es necesario poner más torii. A mitad de camino, se nos acerca un grupo de universitarios japoneses. Nos preguntan si hablamos inglés y al decirles que sí, nos explican que son de un club universitario (¡qué típico!) llamado "English Conversational Club", es decir, un club de conversación en inglés. Nos proponen acompañarnos en nuestra visita al santuario mientras nos comentan cosas interesantes del sitio. La entrada al santuario:

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Nos caen bien, parecen simpáticos y tienen muchas ganas de practicar inglés los pobres, así que les decimos que okay y ale, seguimos caminando hacia el santuario, ahora con compañía y hablando en inglés. La que parece la líder del grupo (todos acuden a ella cuando no encuentran una palabra) es casi la que peor habla, jejejee, Laura tiene que aguantarse la risa cada vez que la chica habla, porque intenta pronunciar tan bien y tan guay, ¡que es difícil entenderla! Vamos todos juntos, charlando hasta llegar al santuario. Allí, nos empiezan a contar cosas interesantes del templo. Según dicen, aquí se celebran muchas bodas, porque el matrimonio Meiji fue largo y feliz (o al menos, eso dicen, ^_^), así que nos hacen una foto delante de dos árboles en medio del patio principal, entrelazados como si de un matrimonio se tratara, para que el nuestro sea próspero y feliz como el de los Meiji. Pues vale, ^_^:

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Nos cuentan un montón de cosas más, como las miles de marcas que hay en las puertas de entrada al altar, producto de los millones de japoneses que se acercan al templo en Año Nuevo y lanzan una moneda de cinco yenes, que muchas veces impacta directamente en las puertas, sin alcanzar su destino real, y dejan, por tanto, marcas en la madera. Nos acercamos al altar del santuario, donde el chico del grupo nos explica las diferencias a la hora de rezar entre la religión budista y la sintoísta… les cuesta encontrar las palabras, a veces, pero son muy simpáticos, jejejeje. Una vez visitado el santuario, nos despedimos de los chicos mientras vemos cómo unos recién casados salen del santuario, en procesión, acompañados de sus familiares y amigos más cercanos. Laura no para de decir que pobre novia, con ese gorro horroroso que se utiliza literalmente para ‘cubrir los cuernos de la mujer’ (lo flipas... ). En fin, los chicos del club se ríen de los cuernos y de todo, nos hacemos una fotito para recordar el momento, nos despedimos y nos sentamos un ratito a descansar, aquí los tenéis:

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Mientras descansamos, vemos cómo llega otra novia, acompañada de sus familiares, para casarse. Al rato, ya sale con su marido, casados. Es interesante ver los trajes, la procesión, el ritmo... Cuando estamos viendo las fotos que hemos hecho, aparece otra novia... ¡Toma ya! Realmente este santuario es una máquina de hacer bodas… Sobre todo porque las bodas japonesas al estilo sintoísta son mucho más cortas que las católicas! En fin, os dejamos con una foto de una de las bodas que vimos:

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Salimos del santuario y nos paramos un rato en el Jingu-bashi, es decir, el puente que está justo a la entrada del santuario, donde se juntan los ya mencionados frikis más frikis de Tokio vestidos con sus mejores disfraces de... de... de todo: desde lolitas góticas, hasta lolitas muñequitas, momias, soldados de la Segunda Guerra Mundial, enfermeras… lo que sea. La cuestión es disfrazarse y juntarse ahí. Pues vale.

Todavía es algo temprano y hace mucho calor (y el sol da justo sobre el puente), así que decidimos volver más tarde para ver el ambientillo frikil y nos vamos a pasear por una de las calles más famosas de Harajuku, el callejón Takeshita-dori, lleno de tiendas de ropa y accesorios, donde la juventud que se mueve por el barrio puede comprar de todo para ir a la moda (o no ir a la moda, ^_^). Que si vestidos de lolita gótica, que si vestidos de colegiala virginal, que si tiendas de dudosa reputación… Una callejuela llena de ambientazo:

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En fin, finalmente, acabamos paseando por otra de las calles más conocidas del barrio, completamente distinta a la anterior, Omotesandô, llena de cafés, restaurantes y boutiques de las caras. Que si Channel, que si Louis Vuitton, que si Tiffany's... en fin, nada que ver con Takeshita-dori. Entre tanta boutique nos ha entrado hambre, que ya empieza a ser hora de comer, así que acabamos en un restaurante con una extensa carta y bar de bebidas (se puede beber todo lo que se quiera) y comemos tranquilamente. Luis, aprovechando que tienen Calpis, se pone hasta arriba, a veces sólo de Calpis, y otras veces de Calpis con zumo de frambuesa, como hacen los chavalillos japoneses.

A la salida, decidimos pasear un poco más por el pijo Omotesandô para acercarnos al parque Yoyogi, que al ser domingo está en su máximo apogeo: vemos a grupos de japoneses vestidos en cuero negro, con inmensísimos tupés a lo Elvis (aunque sus tupés pondrían verde de la envidia al propio Elvis), bailando rock'n'roll al más puro estilo rockabilly, mirad, mirad:

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A chicas vestidas de años cincuenta, en plan Grease total, bailando rock de la época. A grupos y más grupos de música, tocando sus canciones e intentando vender sus CDs (algunos tienen fans y todo, y algunos hasta lo hacen bien). En fin, un espectáculo total:

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Después de un buen paseo por el parque para ver la ‘fauna’, acabamos otra vez en Jingu Bashi, que está ahora repletito de frikis disfrazados. Vemos de todo... indescriptible, mejor ver fotos porque no podríamos definir los disfraces y el montón de gente que había. Si hasta había un fotógrafo profesional haciendo una sesión de fotos para algún libro sobre la fauna cosplay de Harajuku... Ahí van algunas fotos:

Posando en pareja:

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En pareja, haciendo el chorra:

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Lolita simpatiquísima, posando para nosotros:

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Mmmm... indescriptible:

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Ídem:

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¡Qué mona ella!

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Y ahora con su amiguita, ^_^:

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Decidimos dejar tanto frikismo japonés atrás, coger el metro e ir al Palacio Imperial, el hogar del emperador de Japón y de la familia imperial. En realidad, no se puede entrar al palacio y casi ni verlo, pero si se puede pasear por los jardines de su alrededor, y eso es lo que hacemos. El palacio se reconstruyó en 1968, después de que los bombardeos de, sí, lo habéis adivinado, la Segunda Guerra Mundial lo destruyeran, y se emplaza exactamente donde estaba el castillo de Edo, desde el que el shogun Tokugawa gobernó Japón. Este castillo fue el mayor del mundo, aunque desgraciadamente no queda nada de la estructura original, sólo el enorme foso y unos pocos muros. Aquí nos tenéis:

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Justo cuando llegamos a la zona más fotográfica de todas, la zona de Nijü-bashi, se nos acerca un abuelillo japonés que también quiere practicar inglés. Parece simpático, así que le dejamos que nos cuente lo que quiera… y no, no es una visita guiada, sino más bien un intercambio de ideas sobre cómo ha cambiado su país, sobre las dos caras de los japoneses (que no son ni tan educados ni tan serviciales como se cree), etc. El hombre alucina cuando se entera de que ésta es nuestra tercera vez en Japón, jajajajajaa... Mientras hablábamos con él, aprovechamos para hacer alguna fotito desde la zona:

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Al rato, nos despedimos y decidimos ir a la Torre de Tokio, momento en que Luis dice la mítica frase de: “vamos andando, si está aquí mismo, muy cerquita, que se ve desde aquí”. ¿Cerquita? ¿Cerquitaaaaaaaa? Tardamos casi dos horas en llegar y las fuerzas flaquean ya por todas partes… ¡por todos los kamisamas del mundo, qué caminata! Al final, después de cruzar barrios pijos, ver callejuelas oscuras y no saber exactamente dónde estábamos, llegamos a la famosa Tokyo Tower, una torre de comunicaciones de color rojo y forma parecida a la Torre Eiffel.

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Cansadísimos, nos sentamos un rato, Laura se toma una crêpe y aprovechamos para hacer unas llamadas a familiares y amigos. Medio muertos, cogemos el metro de vuelta al hotel, aunque no estamos demasiado lejos, pero tenemos que hacer transbordo, y mientras estamos en el andén de la segunda línea que tenemos que coger, nos informan de qué pasa algo y de que nos busquemos otras maneras de ir a casa. No nos enteramos mucho de qué es lo que ha pasado, pero vemos a mucha gente que se queda en el andén, tranquila, esperando, así que nos sentamos y hacemos lo que los japoneses que están acostumbrados a estas cosas hacen: esperar. A los quince minutos, llega el tren, como si nada hubiese pasado, y sin saber realmente qué había pasado (intuimos que un suicidio o así, por alguna de las palabras que Laura sí entendió).

Al llegar a Shinjuku, decidimos ir a tomar un delicioso gyûdon, un cuenco de arroz con carne de ternera y cebolla por encima... ¡ñami! Y ale, al hotel a descansar y a mimir, que se nos ha hecho muy tarde y estamos... ¡muertos!

Próximo capítulo: Tokio

viernes, 9 de noviembre de 2007

Lost in Traslation IX - Kanazawa y llegada a Tokio

Lost in Translation IX – Kanazawa y llegada a Tokio

Viernes 17 de agosto

Hoy nos levantamos media hora antes de lo normal, para que Rumiko pueda recoger los futon y preparar el desayuno entre 7:30h y 8:00h, ya que hoy tenemos un tren que coger prontito. Aunque está muy bueno, empezamos a estar algo cansados de este desayuno típicamente de Kioto, jejejejee… pero bueno, disfrutamos el último desayuno de todas formas. Después de desayunar, recogemos todo y hacemos el check-out. Rumiko está con nosotros todo el rato, esperando a que terminemos, pues no sólo hacemos el check-out, sino que también mandamos la maleta grande a Tokio, ^_^. Llega el taxi, Rumiko nos ayuda con las maletas, con lo que pesan! Luego se espera fuera y cuando ya nos vamos, nos hace una reverencia de 90 grados de inclinación (la más respetuosa)... ¡increíble! Qué servicio, por favor... Vamos, que os recomendamos totalmente, por situación, servicio, y todo lo demás, el ryokan Gion Hatanaka!!!

A las 9:40h, cogemos el tren Raichô exprés hacia Kanazawa. Dormitamos un poco en el tren y finalmente llegamos a Kanazawa. Allí, en una estación de JR súper-fashion con forma de torii de madera moderno rodeado de una estructura acristalada, vamos a la oficina de información, a ver si nos pueden dar mapas y cositas. Delante de nosotros hay una pareja de italianos muy pesados, que no paran de pedir cosas y tontear con la chica de información, ¡cómo se enrollan!. Total, que tenemos que esperar un buen rato... casi parece que lo hacen a propósito. Al final, conseguimos un mapa y algo de información, y como vamos algo cargados con las cámaras y demás, cogemos un taxi al ryokan. Pero para que podáis ver que nuestra descripción de la estación es acertada, os dejamos con una fotito:

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Cuando llegamos al ryokan, ¡vaya cambio! En comparación con el de Kyoto, éste es una mierda, jajajajaja… (A partir de ahora, Luis lo denomina "ryokan infecto" cada vez que se refiere a él, entre risas) En fin, hacemos el check-in, dejamos las maletas y nos vamos a comer a un típico restaurante de curry, muy pequeñito (está la barra y dos mesas, nada más) y sacado de los años sesenta, regentado por tres mujeres muy simpáticas. Nos sentamos en la barra y pedimos dos katsu-kare. Laura lo pide mediano y Luis se pasa pidiéndolo extra-grande, ¡y vaya si es grande! Lleva arroz por un tubo, jajajajaja... pero al final, el tío se lo come, jeejejeje. Es uno de los mejores currys que hemos tomado en Japón, sinceramente. ¡Qué buen sitio! Si es que es como en España, a veces los sitios más ‘cutres’ o menos ‘fashion’ son los mejores, jejejeje.

Después de comer, vamos al Starbucks a tomarnos un matcha frappuccino y organizar nuestra visita a la ciudad. Decidimos empezar por uno de los tres jardines más importantes de Japón, el Kenroku-en, así que cogemos las cosas y para allá que vamos. No sabemos muy bien cómo, acabamos en la otra punta de la ciudad. ¿Ein? ¿Qué ha pasado? Volvemos atrás y finalmente llegamos al jardín, con un calor de mil demonios, y totalmente destrozados del viaje en tren, el madrugón, y los días que ya llevamos en Japón, que se empiezan a notar en las piernas.Os dejamos con una de las fotos más típicas de los jardines:

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El nombre (kenroku significa ‘combinación de seis’) hace referencia al famoso jardín de la dinastía china Sung que exigía seis atributos para la perfección: aislamiento, amplitud, artificialidad, antigüedad, agua abundante y vistas panorámicas. Este jardín abrió sus puertas al público general en 1871 y es más visitado en invierno, cuando para superar el peso de la nieve, las ramas de los árboles se suspenden en el aire atándolas a un poste que se sitúa en el centro de cada árbol, creando formas cónicas estilizadas, impidiendo que se rompan cuando caen fuertes nevadas. Damos un buen paseo por todo el jardín, vemos todo lo que hay que ver y llegamos a la conclusión de que este jardín no es para tanto ni tiene tanto que ver... el de Takamatsu, sin ir más lejos, nos gustó muchísimo más, aunque en su descargo, es posible que nuestro (mal) estado físico haya afectado :D. Os dejamos con una vista general:

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Algo desilusionados con la visita al jardín, y muy cansados, vamos a ver la famosa puerta de entrada al castillo de Kanazawa, que es lo único más o menos original que queda en pie. La puerta, llamada Ishikawa-mon, fue reconstruida en 1788, es una entrada impresionante a los jardines del castillo, y bien merece la pena pasear por ella. Sin embargo, pasamos de acercarnos al castillo, una reproducción de 2001, pues no nos parece tan interesante. Os dejamos con una fotito de la puerta:

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Caminando tranquilamente, volvemos al ryokan, donde nos encontramos a los italianos pesados de la oficina de información, ¡nooooo! Riéndonos, cogemos nuestras cosas y subimos a la habitación. Luis dice que huele mal, pero básicamente huele a tatami viejo (y sí, huele tan fuerte que tira para atrás…) ¡si es que vaya mierda de ryokan! Suerte que sólo pasamos una noche aquí, que si no… Vamos luego a los baños públicos, porque la habitación no tiene baño, claro. El de chicas está cerrado por dentro, así que Laura tiene que esperar un buen rato, sentada en un salón que no ha cambiado su decoración desde los años cincuenta y en yukata... Cuando sale la chica, le dice 'hola' a Laura en castellano... ¡española tenía que ser! Coñe, que son unos baños públicos, uno no se puede encerrar ahí a la ligera. En fin, al final Laura se da una ducha rápida y poco más. En el de hombres Luis se encuentra a otro italiano afeitándose hasta la cabeza, así que se mete un ratito en el onsen pero sale rápidamente.

Descansamos un rato en la habitación, hasta la hora de cenar. Damos una vuelta por la zona, en busca de comida ‘menos japonesa’ (sinceramente, estamos algo saturados de tanto arroz y tanto pescado, jejejeje). Pero no hay manera, todo lo que encontramos es híper-japonés (dónde está un buen steakhouse cuando lo necesitas? :P), así que cansados acabamos en un McDonald's, que siempre está bien tomarse una hamburguesa de teriyaki, jejejejeje... Allí nos reímos viendo cómo fashion-victims japonesas se arreglaban, pintaban y peinaban en la mesa... ¡qué pintas tenían! Después de cenar, vueltecita y a mimir… ¡qué cansancio!

Sábado 18 de agosto

Suena el despertador, y vamos a asearnos a la zona común. Allí, como no, nos encontramos a nuestros amigos italianos, ¡qué pesados son, por dios! Listos, hacemos el check-out, dejamos las maletas en el hall y nos vamos a desayunar.

El día anterior Laura había visto una 'panadería alemana' cerca, y para allá que vamos, a reírnos un rato con el concepto que los japoneses tienen de 'dulce': hay de todo, que si bollos de curry, bollos de judías rojas, bollos de fideos fritos, pizzas con trozos de rábano gigante por encima, jajajaja... Nosotros innovamos poco, cogemos unos bollos de chocolate y unos cafés y desayunamos tranquilamente.

Decidimos empezar el día visitando el barrio de samuráis, en el que quedan todavía muchísimas casas originales en pie, bien conservadas. Este distrito, el de Nagamachi, situado entre dos canales, tiene un encanto especial, con sus callejuelas estrechas y sus casas de tejas de barro. Además, hay un grupo de gente mayor sentada en el suelo, con sus pinceles y sus lienzos, pintando escenas del barrio, lo que le da a la zona un ambiente muy especial:

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A continuación, cogemos el mini-bus turístico de Kanazawa (una furgoneta, literal lo de furgoneta, que da una vuelta circular a la ciudad) y vamos al antiguo distrito de geishas, un conjunto de callejuelas típicas japonesas fundado a principios del siglo XIX como centro para las geishas de la ciudad. La calle de Higashi Chayagai conserva, todavía hoy, el aspecto romántico de antaño, con fachadas de listones de madera. Damos un buen paseo por la zona, aunque nos decepciona un poco, pues pensábamos que sería más grande y con un encanto más especial. Eso sí, entramos en varias tiendas y compramos algunas cosillas, jejejeje.Aquí tenéis a Luis:

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Decidimos volver andando al hotel, pasando por el famoso mercado de Ômichô, lleno de marisco y pescado... ¡qué animación! En poco menos de media hora, llegamos al ryokan, cogemos nuestras cosas y vamos a esperar al bus para ir a la estación de tren. Hacemos fotos en la estación, muy chula ella, y subimos a la tercera planta, donde están todos los restaurantes, para comer. Acabamos comiendo un delicioso setto de katsudon con soba fríos... ¡delicioso! (y que además supone el reencuentro de Laura con los soba fríos, que hasta ese momento no había parado de decir "no me gustan nada").

Esperamos un rato en el andén a que venga el tren que nos lleva a Tokio y como hace un calor espectacular (en todos sitios dicen que se están batiendo los récords de temperaturas de antes de la Segunda Guerra Mundial), en la estación han colocado bloques de hielo para que la gente se refresque pasando la típica toallita que llevan todos los japoneses por el bloque (nosotros también llevamos :P), ¡increíble! Mirad, mirad:

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Con puntualidad ferroviaria japonesa, llega el tren y ale, subimos y nos quedamos bien fritos. Al rato, viene el revisor, le enseñamos nuestros billetes y nuestro pase de JR y nos empieza a decir que nos faltan otros billetes. Ante nuestra cara de incredulidad, nos pregunta si sabemos inglés, le decimos que sí y nos da un papelito donde viene todo explicadito en inglés: parece ser que pasamos por una zona que no es propiedad de la JR, sino de una compañía privada, por lo que tenemos que pagar extra (¡y vaya extra! 1500 yenes por barba, juer). ¡Qué robo! Nadie nos había dicho nada, ni el hombre que nos reservó los billetes ni nadie, hombre... no nos queda otra que pagar, pero con rabia, mucha rabia, ¡qué sinvergüenzas! Cuando les interesa, no veas cómo se callan las cosas estos japoneses, igualitos que los españoles... Porque, coñe, si lo llegamos a saber, hacemos otro trayecto y nos ahorramos esa pasta… en fin…

Finalmente, después de pasar por una zona preciosa de alta montaña, nos bajamos en Echigo-Yuzawa, un punto muy concurrido sobre todo en invierno, pues es la puerta de entrada a los Alpes japoneses, y cogemos el shinkansen hacia Tokio. El viaje es aburrido, pues todo son túneles y plataformas elevadas, hasta llegar al área metropolitana de Tokio. Decidimos bajarnos en Ueno y coger la línea de tren Yamanote hasta Shinjuku, donde tenemos nuestro hotel. El trayecto es larguito, pero en poco más de media hora llegamos al Hotel Century Southern Tower... ¡qué pedazo de hotel! Las primeras plantas del edificio son oficinas, mientras que la recepción del hotel está en la planta 20, jejeje. Llegamos, hacemos el check-in y allí está nuestra maleta, esperándonos. ¡Qué maravilla de servicio! Nos dan habitación en la planta 32, dando a la estación de Shinjuku: ¡tenemos enfrente las torres del gobierno metropolitano de Tokio! Es una pasada de habitación, Luis dice que parece la película 'Lost in Translation', y es verdad… por la ventana sólo vemos luces de neón, luces blancas y las típics luces rojas de los rascacielos de Shinjuku… una maravilla. Mirad, mirad:

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Dejamos las cosas, nos damos una ducha rápida y vamos a pasear por este bullicioso barrio de Shinjuku, sorpendiéndonos de la marabunta que hay por la calle. Delante de nuesto hotel, justamente, se encuentra la primera tienda de Krispy Kreme Doughnouts y los japoneses, como son así como son, ^_^, ¡venga a hacer cola para comprar donuts! Vimos colas de más de una hora casi todos los días, una locura:

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Paseamos, y paseamos, y paseamos y acabamos cenando en un hindú con mucha marcha, ¡cómo mola! Luis no para de decir que le encanta Tokio, que le encanta Shinjuku, con sus luces de neón, sus gentes, sus trenes, su bullicio... y la verdad es que sí, que tiene un encanto especial.

Próximo capítulo: Tokio

martes, 6 de noviembre de 2007

De aquí para allá

Este fin de semana ha sido movidito, otra vez.

El sábado teníamos que acudir a la boda del exvecino de Luis (de cuando Luis vivía en casa de sus padres), Víctor, que se casaba con Raquel. Para tan importante ocasión, ^_^, decidí hacer algo que nunca había hecho antes para ir a una boda: ir a la peluquería (con los pelos locos que tengo, ¡algo tenía que hacer!), jajajajaa... después de más de diez años con el pelo corto, fue toda una experiencia eso de ir a la pelu para que me "peinaran". Así que ale, el sábado por la mañana para allí que me fui... después del desastre de peinado que me hicieron en una peluquería 'moderna', decidí tirar por lo más 'normalito' y acudir a una peluquería del barrio... y muy de boda me dejaron, sí señor. ¡Qué raro fue verme con ese pelo! Mirad, mirad (esta foto está especialmente dedicada a mi mami, que seguro que le hace ilusión verme con el pelo largo, jejejeje):

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Y otra, por si acaso:

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Y os dejamos con una foto con los novios, sonrientes y felices:

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El domingo a las 18h, después de recuperarnos de la resaca y el cansancio, nos acercamos al colegio de los Salesianos, en el Paseo de Extremadura, para ver a su grupo de teatro musical amateur, Amorevo. Hacía unas semanas había reservado entradas para ver su versión en español del musical Hairspray, así que para allá nos fuimos.

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El teatro del cole a tope, la media de edad de los actores 16, todo amateur y gratis... ¡y qué profesionalidad! Al llegar, recogimos las entradas, nos dieron un programa de la función, nos acompañaron a nuestras butacas, en fin, muy profesional todo... pero cuando se alzó el telón, ¡ya sí que alucinamos! ¡Qué bien cantan y bailan y actuan estos niños! Increíble de verdad. Maravilloso montaje, maravillosa traducción/adaptación, maravillosas voces... todo increíble. Sinceramente, te hace volverte todavía más estricto y crítico con otros montajes que hay por ahí, profesionales, se supone, por los que hay que pagar 60€. Esta gente, con sus medios, hace un espectáculo muy decente (vale, los decorados no son la ostia, pero a pesar de todo dan el pego), además de buscar siempre musicales que no se hayan hecho en España, para así poder hacer todo el proceso, desde la traducción y adaptación de letras y diálogos, hasta la puesta en escena final.

El elenco está formado por un montón de estudiantes de los Salesiandos (cada papel tiene dos o tres actores), pero nosotros vimos a Andrea Rodríguez (Tracy Turnblad), Antonio Salvador (Edna Turnblad), Ignacio Cano (Wilbur Turnblad), Félix Fernandez (Link Larkin), Laura Alicia Rubio (Amber von Tusse), Soledad Martínez (Velma von Tusse), Alvaro Amat (Seaweed Stubbs), Laura Sánchez (Penny Pingleton) y Adrian Guevara (Corny Collins) entre muchos otros. A todos ellos y al resto del equipo, ¡muchas felicitaciones desde aquí!

A esta gente es una auténtica gozada ir a verlos y de seguro que no será la última vez que vayamos, porque quedamos taaaaaaaan alucinados... os lo recomendamos de verdad. Os dejamos con alguna fotito, para que véais de qué hablamos (todas las fotos están sacadas de la web de Amorevo, por si os interesa ver alguna más):

¡Despierta Baltimore!

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Guapos del lugar:

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Es laaaaaca:

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¡Besitos!
Lau
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Went to a wedding last Saturday and I had to go to the hairdresser's (i had never done that before exclusively to attend a wedding, as i had my hair quite short for a long time!), which was exciting! And then, on Sunday, we went to see an amateur performance of Hairspray, which was absolutely brilliant.

Love

domingo, 4 de noviembre de 2007

Lost in Traslation VIII - Kibune y Kioto

Lost in Translation VIII – Kibune y Kioto

Jueves 16 de agosto

Como todos los días, nos despertamos, viene Rumiko a recogerlo todo y a preparar el desayuno. Estamos cansadísimos, sinceramente, nos hemos levantado y ya nos duele todo el cuerpo... ¡y lo que nos queda!

Después de desayunar y arreglarnos, nos vamos al teatro Minamiza, donde hemos quedado con Ai-chan y Fumi-chan, que nos tienen una sorpresa preparada (no sabemos dónde vamos ni nada... ¡es todo sorpresa!). Las chicas no sueltan prenda, pero nos hacen ir hasta una esquina donde supuestamente nos recoge un mini-bus. Allí esperamos un buen rato, y a la hora a la que debería llegar el mini-bus, allí no hay rastro de mini-bus ni ostias, no aparece nada, por lo que les empezamos a preguntar. Al final nos cuentan la sorpresa: vamos a comer a un restaurante de Kibune, una zona de naturaleza al norte de Kioto. Finalmente, justo cuando Fumi ya estaba llamando al restaurante para saber qué pasaba, aparece el mini-bus. El trayecto no es corto, así que llegamos a Kibune sobre las 11:00h. Las chicas nos llevan directamente al restaurante, que básicamente está encima del río, con una serie de plataformas de madera sobre la que hay esteras de paja japonesas (tatami) a dos palmos del río, en plena naturaleza, utilizando los saltos que hace el río Kibune para colocar estas plataformas que sirven de comedores. Es precioso, la verdad, muy muy muy bonito, como se puede ver desde nuestra mesa, que además está en un extremo de una de las plataformas:

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Comemos un menú de degustación fijo, increíblemente japonés: todo es a base de pescado… y algunas cosas, sinceramente, ¡son muy raraaaaaaaaaaaas! Jejejejeje… Y todo hecho a base de pescado, ¡claro! Luis no para de hacerme reír, porque al tercer plato, empieza a sospechar por dónde van los tiros, y le dice a Laura por lo bajo "seguro que esto que viene ahora tiene algo de pescado" y en efecto, lo que viene es una sopa bastante sosilla con un cacho de pescado dentro, y además, nos seguimos riendo porque en la mesa de al lado hay una pareja comiendo un delicioso shabu-shabu, que desprende un olor riquísimo… ¡y nosotros venga a comer pescado! Que si sashimi de carpa (pobres pececillos, nunca podré mirarles igual… y qué duros están los cabrones, buecs), que si pescadito en sopa, que si pescado frito con la boca abierta (y los ojitos mirándonos con cara de pena, ^_^), que si hojas de árbol en tempura... en fin, un menú increíblemente japonés. Algunas cosas estaban buenas, sí, otras, ejem, fueron un poco más complicadas de tragar... ¡y venga a darle al sake! (todos lo hemos hecho de niños, no? Aunque con agua, claro! Nosotros en este caso, con sake y cerveza :P). Podéis ver a Luis y a Fumi y Ai comiendo, y luego una foto de los dos que nos hizo Ai con la cámara de Luis:

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Después de comer, vamos a dar una vuelta por la zona y entramos en el santuario de Kibune, muy famoso entre los jóvenes solteros, pues se dice que el santuario ayuda a encontrar pareja. Todos nos reímos y animamos a Ai-chan a pasear por ahí y rezar a los dioses, ya que todavía sigue soltera, ^_^. Además, todos compramos el "mizu-omikuji", un papel en blanco que, al ponerlo en el agua, te da a conocer tu futuro ¡cómo mola! Luego, lo típico es doblar ese papel y atarlo en un punto del santuario, si es que te ha salido mal, pero al final, todos los japoneses, les salga un futuro bueno o no, lo acaban atando, y como no podíamos ser menos, nosotros también lo atamos (aunque el de Laura es bueno, y el de Luis mejor todavía). En primer lugar, podéis vernos en las escaleras que suben al santuario, y luego a Luis colocando su "mizu-omikuji":

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Paseamos un poco más por la zona y como el transporte público brilla por su ausencia, decidimos ir andando hasta la estación de tren, tardando más de 20 minutos en llegar hasta la estación. El paisaje es precioso, pero estamos cansados y el paseíto se nos hace bastante cuesta arriba, sinceramente (aunque curiosamente sea cuesta abajo :P). Además, no hay aceras, sólo carretera, y el tráfico es bastante denso (mucha gente tiene fiesta, por el Obon), por lo que caminar por ahí resulta, a veces, casi peligroso...

Como esta mañana nos hemos olvidado los regalitos que habíamos traído de España para Ai y Fumi, decidimos ir los cuatro al ryokan, y así descansamos un rato, charlamos, les enseñamos fotos de los días anteriores y les damos los regalitos. Naturalmente, al rato viene Rumiko con un matcha y unos pastelitos. La pobre no sabía que teníamos visitas (no lo habíamos dicho en recepción nosotros), así que sólo trae dos tazones, pero amablemente nos dice que va a traer dos más para nuestras amigas, ¡ole! Y así estamos un buen rato, bebiendo té, tomando dulces, viendo fotos y charlando un rato. Finalmente, las chicas deciden volver a Nara, así que nos despedimos hasta la próxima (que será en España, eh, ¿chicas? ^_^).

Cuando nos quedamos solos, decidimos ducharnos, relajarnos un rato y descansar, antes de vestirnos de nuevo y salir, que hemos quedado con Yuko-chan para ver uno de los festivales estrella del verano en Japón: el Daimonji de Kyoto, que realmente se llama Daimon-ji Gozan Okuribi. Para la ocasión, Laura y Yuko han quedado en ponerse ambas los yukata, jejejejejee.... Primero, Laura en el Yasaka Jinja, justo al lado de nuestro ryokan, vestida a la manera tradicional para las fiestas, con su yukata:

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Así que a las 19h, nos encontramos a la salida de la estación de Demachiyanagi y cogemos posiciones en el puente, que es justo donde se bifurca el río Kamo, y deja ver varias de las colinas que rodean Kioto. Estamos en el puente, por cierto, a pesar de que los policías no paran de decir que no podemos quedarnos ahí. Pero, oye, si los japoneses, tan educados ellos para algunas cosas, no les hacen caso, nosotros tampoco. De todas formas, jamás en la vida habíamos visto policías con tan poco poder de convicción, por dios, jejejejeje... Así que allí nos quedamos, a esperar que empiece el espectáculo. Podéis ver a Laura y a Yuko-chan, guapísimas las dos con sus yukatas:

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El Daimon-ji es una fiesta que se celebra para despedirse del alma de los antepasados, dando fin a las festividades del Obon: se encienden enormes hogueras en cinco montañas en forma de kanji (ideogramas de origen chino, que forman la base del idioma japonés escrito) y otras imágenes. Charlamos un buen rato en el puente, esperando que empiece el espectáculo y finalmente, desde nuestra posición, disfrutamos de dos fuegos claramente. Primero, el clásico y más importante de todos, el kanji con el significado de "grande" (), que es el primero que encienden. Es increíble, ¡estamos tan cerca! El ambiente es impresionante… Y con el teleobjetivo, el kanji se ve bastante bien:

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Seguidamente, a los cinco minutos, siguiendo el horario marcado con precisión milimétrica, y un poco más lejos, vemos cómo se enciende otro de los fuegos, el kanji de , la segunda parte de un compuesto (妙法) que comúnmente se traduce como ‘ley divina'. El kanji que nosotros vemos está justo enfrente, mientras que el que le precede está al otro lado de la montaña, imposible de ver desde nuestra posición. Aquí podéis ver el segundo kanji que vimos:

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Cuando ya nos vemos, en la lejanía, y medio tapado por algún edificio, vemos un tercer fuego, el dibujo del barco (llamado funagata), que lleva a las almas de vuelta a su mundo. Nos quedan dos fuegos por ver, el hidari-daimonji (otro kanji de grande, un poco más pequeño que el principal) y el dibujo del torii. Y es que esta es una de las características del festival: es imposible ver los cinco fuegos desde un mismo sitio, imposible, cosa que suele ocurrír en muchos sitios japoneses, como en los jardines zen de arena y piedras, en los que nunca puedes ver todas las piedras te pongas donde te pongas.

Cansados de estar de pie y del gentío, decidimos coger el metro de vuelta al centro de la ciudad, bajamos en Shijo (una de las avenidas más céntricas y concurridas de Kioto) y allí paseamos por las callejuelas paralelas a Pontochô en busca de un restaurante de yakiniku (especialidad de origen coreano que consiste en diversos tipos de carne que te cocinas tú mismo en una plancha, y se acompaña de salsas). Por el camino, nos encontramos a una auténtica maiko-chan de Pontochô que se mete en un taxi junto a un cliente, jejejejeje. El restaurante de yakiniku que nosotros conocemos está a tope de gente y tenemos que esperar bastante, así que decidimos cambiar de planes e ir a una izakaya (bareto o taberna de estilo japonés). Vamos a una muy chula que conoce Yuko, pero también está a tope… empezamos a pensar que todo va a estar igual, pero tenemos suerte y en otra izayaka sí encontramos mesa. Y, bueno, pasamos una noche muy agradable, charlando y comiendo muchísimo: que si yakitori, que si chahan, que si gyoza, que si rollitos de aguacate, que si una tortilla que sabe parecido al okonomiyaki... todo regado con cervezas y cócteles a base de Calpis (una de las bebidas favoritas de Luis y también de Yuko-chan). Lo pasamos en grande y Laura despierta admiración en la mesa de al lado, pues le dicen que está muy guapa con el yukata, jejejejee.

Lo pasamos de vicio, pero cuando ya es bastante tarde, nos despedimos de Yuko (¡¡¡a la que esperamos ver pronto por Madrid!!!!) y nos vamos al ryokan a dormir. Estamos tan cansados que ni ofuro ni ostias, directamente al futon a dormir, jejejejee…

Próximo capítulo: Kanazawa