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jueves, 17 de enero de 2008

Lost in Translation XV – Despidiéndonos de Japón

Lost in Translation XV – Despidiéndonos de Japón

Viernes 24 de agosto

Último día completo en Japón, que mañana por la mañana (muuuuuy temprano) cogemos el vuelo de vuelta a España, :(((((((

Como estamos ya muy cansados de estas tres espectaculares semanas recorriéndonos el país del sol naciente, y hoy es nuestro último día, decidimos tomárnoslo con calma y dedicar el día a pasear y hacer algunas compritas.

Después de desayunar, decidimos ir a una tienda de todo a 100 yenes que nos ha recomendando un amigo. Allí compramos algunos cacharritos para la cocina y algún regalito para familiares y amigos… Nos encantan las tiendas japonesas de ‘todo a 100’, son una auténtica maravilla: ¡encuentras de todo! Y menos mal que no vivimos allí, porque nos habríamos llevado toda la tienda jejeje.

Después de cargar un poquito, dejamos las cosas en el hotel y salimos en busca de unas fiambreras, lo que en japonés se llama obento-box, para poder llevarnos comida casera al trabajo al más puro estilo japonés, ^_^. Vamos a varios centros comerciales y en Tokyu Hands casi morimos porque… ¡hay rebajas! Reíos de las imágenes de mujeres corriendo para entrar en las rebajas de El Corte Inglés… ¡esto es peor! La gente se empuja, y aunque vayas en pareja, nada importa, y nosotros acabamos casi cada uno en un extremo de la planta, arrastrados por la marea humana. Aquí Luis con un libro de fotografía que le llamó la atención:

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Por suerte, en el centro comercial Takashimaya la cosa está más tranquila y podemos mirar y remirar en busca de nuestras cajas de obento. Finalmente, hay suerte, y ambos encontramos un obento que nos gusta, pero lo bueno está por llegar. Cuando le decimos a la encargada que nos quedamos con esas dos cajas de obento, nos lleva a una zona lateral, donde hay una mesa y unas sillas, y nos invita a sentarnos. Ahí sentaditos, pagamos tranquilamente y esperamos a que la mujer vaya a envolver las cajas… ¡qué pijerío! :))))))

Comemos un buen tonkatsu (carne empanada con arrocito y salsita) y volvemos al hotel a dejar todas las bolsas que hemos ido acumulando a lo largo del día (y es que entre centro comercial y centro comercial pasamos por callejones llenos de tiendecitas, jejejeje) y descansamos un rato antes de coger la línea Yamanote en dirección a Shibuya donde hemos quedado con un buen amigo que ahora vive y estudia en Tokio: Alberto.

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Cerca de la famosa estatua del perro Hachiko quedamos con Alberto para dar una vuelta por Shibuya (apenas hay gente alrededor de la estatua: es el punto más popular para quedar en una de las zonas más populares para salir de marcha) y acabar tomando algo en una izakaya charlando tranquilamente sobre Japón, sobre la vida de Alberto en Tokio, etc… Una buena manera de despedirnos de Japón.

Han sido tres semanas muy intensas en las que nos hemos recorrido todo el este de Japón, desde Tokio hasta Kagoshima, hemos comido un montón de cosas interesantes, hemos visitado muchos sitios, hemos quedado con muchos amigos… en fin, tres semanas muy bien aprovechadas. Volvemos cansadísimos, sí, pero muy contentos con todo lo que hemos visto y vivido y con una idea muy clara: VOLVEREMOS.

Y nos quedamos con el recuerdo de las fotos frikis que hemos hecho...

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... de las que nunca salieron...

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... de las tonterías que hemos hecho...

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... de la buena comida japonesa que hemos probado...

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... y de la no tan japonesa...

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... y de la comida 'demasiado' japonesa...

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... de todos los templos que hemos visitado...

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... y de todos los amigos con los que hemos compartido una experiencia increíble... ¡gracias a todos!

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Un beso,

Lau y Luis

domingo, 9 de diciembre de 2007

Lost in Translation XI – Kamakura y Tokio

Lost in Translation XI – Kamakura y Tokio

Lunes 20 de agosto

Queremos dedicar la mañana a Kamakura, una ciudad que fue capital de Japón entre 1185 y 1333 y que por su proximidad a Tokio, es la escapada ideal de un día. Kamakura tiene muchísimos templos budistas, pero nosotros vamos con uno concreto en mente: visitar el Daibutsu, la atracción más conocida de Kamakura.

El Daibutsu, o Gran Buda, se terminó de esculpir en 1252 y aunque en el pasado ocupaba una sala enorme, en la actualidad el Buda está al aire libre (parece ser que la sala fue arrasada por un tsunami en 1495). El grandioso Buda está tallado en bronce, pesa unas 850 toneladas y mide 11,4 metros de altura. Aunque el Daibutsu de Nara es todavía más grande que el de Kamakura, lo cierto es que se considera artísticamente superior al de Kamakura. Sea como fuere, lo cierto es que impresiona ver a esa estatua, tan grandota y tan maravillosa:

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Damos una vuelta por el complejo, vemos las enormes (realmente son inmensas!) zapatillas del Buda colgadas en una pared, ^_^, entramos dentro de la estatua (hay que pagar 50 yenes para poder ver al Buda desde dentro), nos sentamos un ratito a descansar... y buscamos el mejor ángulo para hacerle la foto al señor Buda, que tan amablemente posa para nosotros.

Al salir, y después de hidratarnos un poco (¡qué calorazo que hace!) nos acercamos a otro templo de la zona, el Hase Dera, también conocido como Hase Kannon-ji.

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El templo tiene un jardín muy bonito y una colección de estatuas de jizô que representan a las almas de los niños fallecidos. Están todas alineadas, hay un montón y estremece pensar que cada una de ellas ha sido colocada ahí por una familia que ha perdido a un niño. En invierno, además, es tradicional que las madres abriguen a las estatuas con gorritos y abriguitos, para que no pasen frío... Ahora en verano, no es así, aunque encontramos alguna que otra con su gorrito de lana, y sobre todo, algunas ofrendas de videojuegos y cosas parecidas, ya que los padres han llevado a las estatuas, en las que están las almas de sus hijos, aquello que más les gustaba a estos:

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Además de la estremecedora imagen de las estatuas, el templo es famoso por su estatua de Kannon, diosa de la piedad y de compasión infinita, una de las deidades budistas más importantes de Japón. Se cree que la Jûichimen (Kannon de 11 caras), de madera tallada y 9 metros, data del siglo XVIII y tenemos que decir que en realidad tiene una cara principal y 10 secundarias que representan las 10 fases de la iluminación. Se dice que las caras de Kannon le permiten mirar en todas direcciones y auxiliar a los necesitados.

Después de pasear un buen rato por el templo y sentarnos un rato en lo alto de su terraza, desde donde se tienen vistas espectaculares de Kamakura y del mar, vamos al centro de la ciudad a comer algo. Acabamos en un restaurante muy familiar, todo lleno de clientes habituales japoneses y ni un sólo extranjero, especializado en tonkatsu (carne empanada), donde nos tratan con verdadero cariño (creo que nunca han visto un guiri en su local, ^_^) y nos sirven unos platos espectaculares de tonkatsu… ¡qué bueno!

Cogemos el tren de vuelta a Tokio y decidimos ir a pasear por uno de los barrios más pijos de la ciudad: Ginza. En sus calles, podemos encontrar desde las tiendas de diseñadores más cool hasta los showrooms de marcas electrónicas punteras… todo en escaparates súper guais y tiendas súper molonas, ^_^, rodeados de grandes anuncios de neón en todos y cada uno de los edificios. Así que paseamos por la zona, echamos un vistazo al Kabuki-za, el teatro más conocido donde se representa Kabuki, que justo está hasta arriba de gente porque acaba de terminar una representación, así que seguimos andando y acabamos entrando en el Sony Showroom, en la entrada del cual hay un enorme acuario, ¡toma ya! Aquí una imagen de Ginza:

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Después de dar unas vueltecitas viendo los últimos gadgets de Sony, nos acercamos al Canon Showroom, donde Luis pudo tener en sus manos la 40D y la 1Ds Mark III… ¡cuando en España no se habían visto todavía! :D Porque había un guardia de seguridad y éramos los únicos en la sala, que daban unas ganas de salir corriendo con ellas... Finalmente, tras ver estas camaritas, nos vamos a la Apple Store de Ginza, muy chula ella, con varias plantas y un ascensor que no tiene botones ya que va parando en todas y cada una de las plantas. Allí, podemos ver los nuevos iMac que acaban de ser presentados, tan bonitos ellos en su acabado de aluminio, y aprovechamos para mirar el correo, Internet, etc… en pantallas de 24 pulgadas, menudo lujo! :D

Una vez paseado el barrio, decidimos coger la línea Yamanote (cómo no, la omnipresente línea Yamanote, que te lleva a casi cualquier rincón de los importantes en Tokio) e irnos a otro barrio de Tokio: Shibuya, un barrio donde se junta la gente joven más moderna, que sigue un estilo de moda muy concreto y estrafalario a menudo… En este barrio es donde se encuentra la famosa estatua del perro Hachiko: en la década de los años veinte, un profesor que vivía cerca de la estación de Shibuya tenía un perro de raza akita que iba cada día a la estación a esperar el regreso de su amo. El hombre falleció en 1925, pero el perro le siguió esperando fielmente en la estación hasta que murió 11 años después. Su fidelidad no pasó desapercibida y por ello los japoneses levantaron una estatua en su memoria. Una de las estampas más conocidas de Shibuya:

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Pero lo que realmente queríamos ver en Shibuya era la ‘Colina de los hoteles del amor’, una zona repleta de love-hotels para todos los gustos, ¡qué barbaridad! Hay un montón y todos con bastante clientela, jejejeje. Lástima que no se pueda ver mucho, porque lógicamente, las entradas a todos ellos son bastante poco accesibles a no ser que realmente quieras alojarte allí.

Bastante cansados del paseo que nos hemos dado, decidimos volver al ‘barrio’ (es decir, a Shinjuku) y cenar en Yuraku-cho, en el callejón de los yakitori (brochetas de pollo y otras carnes o verduras asadas al carbón y ensartadas en una brocheta) situado bajo las vías de la JR. Todo muy sucio, muy oscuro y muy pequeño, así que, de tan típicamente japonés, decidimos probar, jejejeje. Entramos en un primer bar donde nos advierten de que sólo hablan japonés y que las cartas sólo están en japonés, a lo que Laura les contesta que ok, que vale, que ya nos las apañaremos, aunque los japoneses no parecen muy convencidos. Para picar, pedimos el plato típico de cinco brochetas entre las que hay de todo: desde pollo, pasando por piel (sí, habéis oído bien, piel sin nada más) y hasta hígado... ¡bueeeeeeeeeeeeecs! Qué asco... Aquí tenéis a Lau, muy contenta y sonriente porque todavía no sabe qué va a comer... ^_^:

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Salimos algo decepcionados, porque nos gusta el yakitori, pero el típico (no asquerosidades como la piel, el hígado o las entrañas), pero claro, tenemos hambre y nos apetece tener un buen recuerdo del callejón (sí, somos unos masoquistas y unos cafres, qué pasa, ^_^), así que entramos en otro sitio, donde además de yakitori, comemos yaki-onigiri (bolas de arroz fritas) y alguna cosita más. Por desgracia, el hígado también se cuela por ahí y nos entra el asco de nuevo… a lo que Laura proclama que nunca más comerá yakitori en el callejón de los yakitori.

Para quitarnos el mal sabor de boca, decidimos terminar la noche (aunque ya es bastante tarde) en un karaoke!!!!! Contratamos un par de horas con nomi-hodai (bebe todo lo que quieras) y ale, ¡a cantar! Pero nos viciamos tanto cantando y bebiendo que acabamos contratando una hora más in situ, y tan contentos en nuestra salita, jejejejee... ¡qué bien lo pasamos! (y qué mal cantamos algunas canciones, jejejeje). Hay muchas fotos embarazosas, jejejejee... un ejemplo:

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Luis se puso ciego a combinados alcohólicos a base de Calpis, su bebida japonesa favorita, tanto la normal como la de sabores, y acabó la noche cantando "More than this", de Roxy Music, emulando a Bill Murray en Lost in Translation, que si recordáis la canta en un karaoke y la destroza bastante. Luis no la destrozó tanto jajaja... Ciertamente fue un buen final de noche…

Próximo capítulo: Hakone


viernes, 9 de noviembre de 2007

Lost in Traslation IX - Kanazawa y llegada a Tokio

Lost in Translation IX – Kanazawa y llegada a Tokio

Viernes 17 de agosto

Hoy nos levantamos media hora antes de lo normal, para que Rumiko pueda recoger los futon y preparar el desayuno entre 7:30h y 8:00h, ya que hoy tenemos un tren que coger prontito. Aunque está muy bueno, empezamos a estar algo cansados de este desayuno típicamente de Kioto, jejejejee… pero bueno, disfrutamos el último desayuno de todas formas. Después de desayunar, recogemos todo y hacemos el check-out. Rumiko está con nosotros todo el rato, esperando a que terminemos, pues no sólo hacemos el check-out, sino que también mandamos la maleta grande a Tokio, ^_^. Llega el taxi, Rumiko nos ayuda con las maletas, con lo que pesan! Luego se espera fuera y cuando ya nos vamos, nos hace una reverencia de 90 grados de inclinación (la más respetuosa)... ¡increíble! Qué servicio, por favor... Vamos, que os recomendamos totalmente, por situación, servicio, y todo lo demás, el ryokan Gion Hatanaka!!!

A las 9:40h, cogemos el tren Raichô exprés hacia Kanazawa. Dormitamos un poco en el tren y finalmente llegamos a Kanazawa. Allí, en una estación de JR súper-fashion con forma de torii de madera moderno rodeado de una estructura acristalada, vamos a la oficina de información, a ver si nos pueden dar mapas y cositas. Delante de nosotros hay una pareja de italianos muy pesados, que no paran de pedir cosas y tontear con la chica de información, ¡cómo se enrollan!. Total, que tenemos que esperar un buen rato... casi parece que lo hacen a propósito. Al final, conseguimos un mapa y algo de información, y como vamos algo cargados con las cámaras y demás, cogemos un taxi al ryokan. Pero para que podáis ver que nuestra descripción de la estación es acertada, os dejamos con una fotito:

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Cuando llegamos al ryokan, ¡vaya cambio! En comparación con el de Kyoto, éste es una mierda, jajajajaja… (A partir de ahora, Luis lo denomina "ryokan infecto" cada vez que se refiere a él, entre risas) En fin, hacemos el check-in, dejamos las maletas y nos vamos a comer a un típico restaurante de curry, muy pequeñito (está la barra y dos mesas, nada más) y sacado de los años sesenta, regentado por tres mujeres muy simpáticas. Nos sentamos en la barra y pedimos dos katsu-kare. Laura lo pide mediano y Luis se pasa pidiéndolo extra-grande, ¡y vaya si es grande! Lleva arroz por un tubo, jajajajaja... pero al final, el tío se lo come, jeejejeje. Es uno de los mejores currys que hemos tomado en Japón, sinceramente. ¡Qué buen sitio! Si es que es como en España, a veces los sitios más ‘cutres’ o menos ‘fashion’ son los mejores, jejejeje.

Después de comer, vamos al Starbucks a tomarnos un matcha frappuccino y organizar nuestra visita a la ciudad. Decidimos empezar por uno de los tres jardines más importantes de Japón, el Kenroku-en, así que cogemos las cosas y para allá que vamos. No sabemos muy bien cómo, acabamos en la otra punta de la ciudad. ¿Ein? ¿Qué ha pasado? Volvemos atrás y finalmente llegamos al jardín, con un calor de mil demonios, y totalmente destrozados del viaje en tren, el madrugón, y los días que ya llevamos en Japón, que se empiezan a notar en las piernas.Os dejamos con una de las fotos más típicas de los jardines:

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El nombre (kenroku significa ‘combinación de seis’) hace referencia al famoso jardín de la dinastía china Sung que exigía seis atributos para la perfección: aislamiento, amplitud, artificialidad, antigüedad, agua abundante y vistas panorámicas. Este jardín abrió sus puertas al público general en 1871 y es más visitado en invierno, cuando para superar el peso de la nieve, las ramas de los árboles se suspenden en el aire atándolas a un poste que se sitúa en el centro de cada árbol, creando formas cónicas estilizadas, impidiendo que se rompan cuando caen fuertes nevadas. Damos un buen paseo por todo el jardín, vemos todo lo que hay que ver y llegamos a la conclusión de que este jardín no es para tanto ni tiene tanto que ver... el de Takamatsu, sin ir más lejos, nos gustó muchísimo más, aunque en su descargo, es posible que nuestro (mal) estado físico haya afectado :D. Os dejamos con una vista general:

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Algo desilusionados con la visita al jardín, y muy cansados, vamos a ver la famosa puerta de entrada al castillo de Kanazawa, que es lo único más o menos original que queda en pie. La puerta, llamada Ishikawa-mon, fue reconstruida en 1788, es una entrada impresionante a los jardines del castillo, y bien merece la pena pasear por ella. Sin embargo, pasamos de acercarnos al castillo, una reproducción de 2001, pues no nos parece tan interesante. Os dejamos con una fotito de la puerta:

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Caminando tranquilamente, volvemos al ryokan, donde nos encontramos a los italianos pesados de la oficina de información, ¡nooooo! Riéndonos, cogemos nuestras cosas y subimos a la habitación. Luis dice que huele mal, pero básicamente huele a tatami viejo (y sí, huele tan fuerte que tira para atrás…) ¡si es que vaya mierda de ryokan! Suerte que sólo pasamos una noche aquí, que si no… Vamos luego a los baños públicos, porque la habitación no tiene baño, claro. El de chicas está cerrado por dentro, así que Laura tiene que esperar un buen rato, sentada en un salón que no ha cambiado su decoración desde los años cincuenta y en yukata... Cuando sale la chica, le dice 'hola' a Laura en castellano... ¡española tenía que ser! Coñe, que son unos baños públicos, uno no se puede encerrar ahí a la ligera. En fin, al final Laura se da una ducha rápida y poco más. En el de hombres Luis se encuentra a otro italiano afeitándose hasta la cabeza, así que se mete un ratito en el onsen pero sale rápidamente.

Descansamos un rato en la habitación, hasta la hora de cenar. Damos una vuelta por la zona, en busca de comida ‘menos japonesa’ (sinceramente, estamos algo saturados de tanto arroz y tanto pescado, jejejeje). Pero no hay manera, todo lo que encontramos es híper-japonés (dónde está un buen steakhouse cuando lo necesitas? :P), así que cansados acabamos en un McDonald's, que siempre está bien tomarse una hamburguesa de teriyaki, jejejejeje... Allí nos reímos viendo cómo fashion-victims japonesas se arreglaban, pintaban y peinaban en la mesa... ¡qué pintas tenían! Después de cenar, vueltecita y a mimir… ¡qué cansancio!

Sábado 18 de agosto

Suena el despertador, y vamos a asearnos a la zona común. Allí, como no, nos encontramos a nuestros amigos italianos, ¡qué pesados son, por dios! Listos, hacemos el check-out, dejamos las maletas en el hall y nos vamos a desayunar.

El día anterior Laura había visto una 'panadería alemana' cerca, y para allá que vamos, a reírnos un rato con el concepto que los japoneses tienen de 'dulce': hay de todo, que si bollos de curry, bollos de judías rojas, bollos de fideos fritos, pizzas con trozos de rábano gigante por encima, jajajaja... Nosotros innovamos poco, cogemos unos bollos de chocolate y unos cafés y desayunamos tranquilamente.

Decidimos empezar el día visitando el barrio de samuráis, en el que quedan todavía muchísimas casas originales en pie, bien conservadas. Este distrito, el de Nagamachi, situado entre dos canales, tiene un encanto especial, con sus callejuelas estrechas y sus casas de tejas de barro. Además, hay un grupo de gente mayor sentada en el suelo, con sus pinceles y sus lienzos, pintando escenas del barrio, lo que le da a la zona un ambiente muy especial:

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A continuación, cogemos el mini-bus turístico de Kanazawa (una furgoneta, literal lo de furgoneta, que da una vuelta circular a la ciudad) y vamos al antiguo distrito de geishas, un conjunto de callejuelas típicas japonesas fundado a principios del siglo XIX como centro para las geishas de la ciudad. La calle de Higashi Chayagai conserva, todavía hoy, el aspecto romántico de antaño, con fachadas de listones de madera. Damos un buen paseo por la zona, aunque nos decepciona un poco, pues pensábamos que sería más grande y con un encanto más especial. Eso sí, entramos en varias tiendas y compramos algunas cosillas, jejejeje.Aquí tenéis a Luis:

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Decidimos volver andando al hotel, pasando por el famoso mercado de Ômichô, lleno de marisco y pescado... ¡qué animación! En poco menos de media hora, llegamos al ryokan, cogemos nuestras cosas y vamos a esperar al bus para ir a la estación de tren. Hacemos fotos en la estación, muy chula ella, y subimos a la tercera planta, donde están todos los restaurantes, para comer. Acabamos comiendo un delicioso setto de katsudon con soba fríos... ¡delicioso! (y que además supone el reencuentro de Laura con los soba fríos, que hasta ese momento no había parado de decir "no me gustan nada").

Esperamos un rato en el andén a que venga el tren que nos lleva a Tokio y como hace un calor espectacular (en todos sitios dicen que se están batiendo los récords de temperaturas de antes de la Segunda Guerra Mundial), en la estación han colocado bloques de hielo para que la gente se refresque pasando la típica toallita que llevan todos los japoneses por el bloque (nosotros también llevamos :P), ¡increíble! Mirad, mirad:

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Con puntualidad ferroviaria japonesa, llega el tren y ale, subimos y nos quedamos bien fritos. Al rato, viene el revisor, le enseñamos nuestros billetes y nuestro pase de JR y nos empieza a decir que nos faltan otros billetes. Ante nuestra cara de incredulidad, nos pregunta si sabemos inglés, le decimos que sí y nos da un papelito donde viene todo explicadito en inglés: parece ser que pasamos por una zona que no es propiedad de la JR, sino de una compañía privada, por lo que tenemos que pagar extra (¡y vaya extra! 1500 yenes por barba, juer). ¡Qué robo! Nadie nos había dicho nada, ni el hombre que nos reservó los billetes ni nadie, hombre... no nos queda otra que pagar, pero con rabia, mucha rabia, ¡qué sinvergüenzas! Cuando les interesa, no veas cómo se callan las cosas estos japoneses, igualitos que los españoles... Porque, coñe, si lo llegamos a saber, hacemos otro trayecto y nos ahorramos esa pasta… en fin…

Finalmente, después de pasar por una zona preciosa de alta montaña, nos bajamos en Echigo-Yuzawa, un punto muy concurrido sobre todo en invierno, pues es la puerta de entrada a los Alpes japoneses, y cogemos el shinkansen hacia Tokio. El viaje es aburrido, pues todo son túneles y plataformas elevadas, hasta llegar al área metropolitana de Tokio. Decidimos bajarnos en Ueno y coger la línea de tren Yamanote hasta Shinjuku, donde tenemos nuestro hotel. El trayecto es larguito, pero en poco más de media hora llegamos al Hotel Century Southern Tower... ¡qué pedazo de hotel! Las primeras plantas del edificio son oficinas, mientras que la recepción del hotel está en la planta 20, jejeje. Llegamos, hacemos el check-in y allí está nuestra maleta, esperándonos. ¡Qué maravilla de servicio! Nos dan habitación en la planta 32, dando a la estación de Shinjuku: ¡tenemos enfrente las torres del gobierno metropolitano de Tokio! Es una pasada de habitación, Luis dice que parece la película 'Lost in Translation', y es verdad… por la ventana sólo vemos luces de neón, luces blancas y las típics luces rojas de los rascacielos de Shinjuku… una maravilla. Mirad, mirad:

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Dejamos las cosas, nos damos una ducha rápida y vamos a pasear por este bullicioso barrio de Shinjuku, sorpendiéndonos de la marabunta que hay por la calle. Delante de nuesto hotel, justamente, se encuentra la primera tienda de Krispy Kreme Doughnouts y los japoneses, como son así como son, ^_^, ¡venga a hacer cola para comprar donuts! Vimos colas de más de una hora casi todos los días, una locura:

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Paseamos, y paseamos, y paseamos y acabamos cenando en un hindú con mucha marcha, ¡cómo mola! Luis no para de decir que le encanta Tokio, que le encanta Shinjuku, con sus luces de neón, sus gentes, sus trenes, su bullicio... y la verdad es que sí, que tiene un encanto especial.

Próximo capítulo: Tokio