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jueves, 17 de enero de 2008

Lost in Translation XV – Despidiéndonos de Japón

Lost in Translation XV – Despidiéndonos de Japón

Viernes 24 de agosto

Último día completo en Japón, que mañana por la mañana (muuuuuy temprano) cogemos el vuelo de vuelta a España, :(((((((

Como estamos ya muy cansados de estas tres espectaculares semanas recorriéndonos el país del sol naciente, y hoy es nuestro último día, decidimos tomárnoslo con calma y dedicar el día a pasear y hacer algunas compritas.

Después de desayunar, decidimos ir a una tienda de todo a 100 yenes que nos ha recomendando un amigo. Allí compramos algunos cacharritos para la cocina y algún regalito para familiares y amigos… Nos encantan las tiendas japonesas de ‘todo a 100’, son una auténtica maravilla: ¡encuentras de todo! Y menos mal que no vivimos allí, porque nos habríamos llevado toda la tienda jejeje.

Después de cargar un poquito, dejamos las cosas en el hotel y salimos en busca de unas fiambreras, lo que en japonés se llama obento-box, para poder llevarnos comida casera al trabajo al más puro estilo japonés, ^_^. Vamos a varios centros comerciales y en Tokyu Hands casi morimos porque… ¡hay rebajas! Reíos de las imágenes de mujeres corriendo para entrar en las rebajas de El Corte Inglés… ¡esto es peor! La gente se empuja, y aunque vayas en pareja, nada importa, y nosotros acabamos casi cada uno en un extremo de la planta, arrastrados por la marea humana. Aquí Luis con un libro de fotografía que le llamó la atención:

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Por suerte, en el centro comercial Takashimaya la cosa está más tranquila y podemos mirar y remirar en busca de nuestras cajas de obento. Finalmente, hay suerte, y ambos encontramos un obento que nos gusta, pero lo bueno está por llegar. Cuando le decimos a la encargada que nos quedamos con esas dos cajas de obento, nos lleva a una zona lateral, donde hay una mesa y unas sillas, y nos invita a sentarnos. Ahí sentaditos, pagamos tranquilamente y esperamos a que la mujer vaya a envolver las cajas… ¡qué pijerío! :))))))

Comemos un buen tonkatsu (carne empanada con arrocito y salsita) y volvemos al hotel a dejar todas las bolsas que hemos ido acumulando a lo largo del día (y es que entre centro comercial y centro comercial pasamos por callejones llenos de tiendecitas, jejejeje) y descansamos un rato antes de coger la línea Yamanote en dirección a Shibuya donde hemos quedado con un buen amigo que ahora vive y estudia en Tokio: Alberto.

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Cerca de la famosa estatua del perro Hachiko quedamos con Alberto para dar una vuelta por Shibuya (apenas hay gente alrededor de la estatua: es el punto más popular para quedar en una de las zonas más populares para salir de marcha) y acabar tomando algo en una izakaya charlando tranquilamente sobre Japón, sobre la vida de Alberto en Tokio, etc… Una buena manera de despedirnos de Japón.

Han sido tres semanas muy intensas en las que nos hemos recorrido todo el este de Japón, desde Tokio hasta Kagoshima, hemos comido un montón de cosas interesantes, hemos visitado muchos sitios, hemos quedado con muchos amigos… en fin, tres semanas muy bien aprovechadas. Volvemos cansadísimos, sí, pero muy contentos con todo lo que hemos visto y vivido y con una idea muy clara: VOLVEREMOS.

Y nos quedamos con el recuerdo de las fotos frikis que hemos hecho...

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... de las que nunca salieron...

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... de las tonterías que hemos hecho...

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... de la buena comida japonesa que hemos probado...

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... y de la no tan japonesa...

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... y de la comida 'demasiado' japonesa...

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... de todos los templos que hemos visitado...

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... y de todos los amigos con los que hemos compartido una experiencia increíble... ¡gracias a todos!

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Un beso,

Lau y Luis

miércoles, 16 de enero de 2008

Lost in Translation XIV – Asakusa, Odaiba y Akihabara

Lost in Translation XIV – Asakusa, Odaiba y Akihabara

Jueves 23 de agosto

Decidimos dedicar el día de hoy a tres barrios de la ciudad de Tokio: Asakusa, Odaiba y Akihabara, con lo que el día será completito, y eso que no nos cansamos de decirnos a nosotros mismos que estamos hechos polvo...

Nos despertamos con una agradable sorpresa… ¡vemos el monte Fuji desde la ventana de la habitación! Y es que Luis está disfrutando de las vistas, haciendo alguna foto del skyline de Shinjuku, cuando de repente se da cuenta de que el famoso monte Fuji se divisa a lo lejos… eso sí, aparece el tiempo justo para verlo, intentar hacer alguna foto y poco más, porque a los pocos minutos desaparece de nuevo entre la contaminación y humedad del ambiente. Lo hemos visto un momento y desde lejos, pero no deja de ser impresionante. Laura decía "si se sigue viendo, podemos volver a subir al Gobierno Metropolitano y así lo veremos mejor". Pero se mantiene visible tres minutos de reloj, nada más, como si fuera un regalito para nosotros por haber sido majetes :D

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Después de este buen despertar, nos vamos hacia Asakusa, un barrio que por sus restaurantes de aire antiguo, sus templos y sus estrechas calles se considera el alma del antiguo shitamachi (centro histórico). La principal atracción del barrio es el templo Sensô-ji, también llamado Asakusa Kannon-dô por la imagen dorada de Kannon (diosa budista de la misericordia) que conserva en su interior. Cuenta la leyenda que esta imagen fue rescatada milagrosamente del río Sumida por dos pescadores en el año 628, aunque el templo ha sufrido sucesivas reconstrucciones, por lo que no es tan antiguo: el edificio actual data de 1950.

Para llegar al complejo principal del templo, hay que pasar por debajo de Kaminari-mon (puerta del trueno) y cruzarse con los dioses protectores Fujin (dios del viento) y Raijin (dios del trueno) y admirar la increíble y grandiosa lámpara de papel que preside la entrada, que es archiconocida porque ha salido en millones de fotos de turistas :D Aquí tenéis a Luis esquivando los turistas:

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A continuación, hay que pasar una de las calles comerciales más conocidas de Tokio, la Nakamise-dôri, una calle que forma parte del mismo templo y donde uno puede encontrar cualquier cosa: desde recuerdos para turistas a galletas de arroz sembei. A través de esta animada calle comercial, se llega al complejo principal del templo y aunque la imagen dorada de la diosa Kannon no se muestra al público, lo cierto es que la afluencia de fieles es masiva. Una vista general del templo:

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Una vez recorrido todo el templo (y sí, nos hemos lavado las manos y nos hemos ‘ahumado’ con el caldero de incienso), decidimos acercarnos al río Sumida y contratar un crucero por el mismo, no sin antes hacer alguna fotito a uno de los edificios a la orilla del río más curiosos, la sede central de la cervecera Asahi, que los propios japoneses llaman うんこビル, o "edificio mierda", por motivos más que evidentes, y es que la gota de cerveza, por mucho que tenga color dorado, recuerda poderosamente a otra cosa:

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Nosotros entonces, como decimos, contratamos el crucero, y no sabemos muy bien cómo, pero acabamos seleccionando un crucerito en un barco súper-mega-fashion-futurista que nos dejará en Odaiba al final del trayecto. El crucero por el río no puede considerarse “bonito”, como lo sería un crucero por el río Sena en París, sino más bien otra forma de ver Tokio: ver las cabañas de los sin-techo tokiotas a lo largo del río y sobre todo cerca de cada uno de los muchísimos puestes que hay, autopistas elevadas a ambos lados del río, edificios residenciales increíblemente altos, edificios de oficinas de arquitectura vanguardista, etc.

Finalmente llegamos a Odaiba, en la bahía de Tokio, una zona relativamente moderna (y artificial, ya que está ganada al río) que describe perfectamente cómo la ciudad está empezando a sacarle provecho al hecho de estar ubicada junto a un río. Odaiba está repleta de centros comerciales y de ocio, pero merece la pena visitarla para disfrutar de las vistas de uno de los puentes más conocidos del mundo: el Rainbow Bridge. Aquí os dejamos con una foto de nuestro barco súper-futurista y el puente de fondo:

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Además de hacerle fotos al grandioso puente, encontramos otra vista típica de Odaiba que no tiene mucho que ver con Japón: ¡una estatua de la libertad! Sí, sí, como lo leéis. Tokio no es Nueva York, pero también tiene su propia estatua de la libertad, aunque a menor escala... mirad, mirad:

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Después de las fotos de rigor, vamos a Kua Aina, una hamburguesería hawaiana, donde disfrutamos de unas increíbles hamburguesas hawaianas y unas maravillosas vistas de la bahía. Luis se pide una hamburguesa con aguacate, de tamaño grande, como no podría ser de otra forma, mientras que Laura se pide una con piña y... ¿qué podemos decir? ¡Están deliciosas!

Con el estómago lleno y habiendo descansado un poco, nos damos un paseo por la zona de Odaiba. Primero nos remojamos un poco los pies en la 'playa' de Odaiba, donde uno puede ver a pececitos saltando alegramente en el aguam ^_^:

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Vemos el espectacular edificio de la cadena de televisión Fuji TV, obra del conocidísimo arquitecto japonés Tange Kenzo:

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...Y vamos andando hacia Venus Fort, un centro comercial de lo más pijo. Y es que este centro comercial tiene una decoración de la Italia del s. XVIII, con sus atardeceres falsos y sus fuentes y sus estatuas y sus columnas y todo, pero todo techado, claro :D

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También vemos de lejos la noria de la zona de Aqua City, desde la que las parejas disfrutan de buenas vistas de la bahía y finalmente cogemos el monorraíl a Shimbashi.

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Desde ahí nos vamos a uno de los barrios tecnológicos por excelencia: Akihabara. En este barrio, miles y miles de tiendas de electrónica compiten para ofrecer los mejores productos (o los más raros también) a buen precio, aunque en los últimos tiempos nos da la sensación de que ha decaido algo el ambientillo friki, porque aunque sigue habiendo tiendas pequeñitas y curiosas, lo normal ahora es ver grandes cadenas con tiendas inmensas, que le quitan parte del encanto.

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Nosotros no queremos comprar nada, así que damos un paseo por la zona, vemos las distintas tiendas, entramos en la gran Yodobashi-kamera y finalmente nos sentamos a descansar y a tomar un zumito natural… y de vuelta al hotel, ¡que estamos molidos!

Como estamos cansados, decidimos quedarnos por Shinjuku a cenar y finalmente acabamos en un restaurante especializado en sukiyaki situado justo delante de nuestro hotel, en una de las plantas de restaurantes del Takashimaya Times Square... ¡qué bueeeeeeno! El sitio es bastante pijo y sí, la cena al final nos sale algo cara, pero comemos muuuuucho y muuuuy bien... ¡qué buena calidad!

Próximo capítulo: Último día en Japón

Lost in Translation XIII – Yokohama

Lost in Translation XIII – Yokohama

Miércoles 22 de agosto

Hoy toca pasar el día en la segunda ciudad más grande de Japón, Yokohama, y cenar en casa de una amiga catalana de la blogosfera, Cris y su marido japonés Toshi.

Cogemos una línea del cercanías tokiota desde Shinjuki y llegamos a Yokohama sin problemas, concretamente a la zona del Minato Mirai 21, un moderno complejo urbano que mira hacia el futuro en todos los sentidos. La salida del metro nos deja en un centro comercial inmenso llamado Queen’s Square Yokohama, desde donde disfrutamos de unas vistas maravillosas de la noria Cosmo Clock, que con sus 105 metros de diámetro es la más grande del mundo.

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Nuestro objetivo es la Landmark Tower, que no es sólo el edificio más alto de Japón, sino que cuenta con el ascensor más rápido del mundo (a 45km/h sube el jodido). Lo cierto es que la torre, desde abajo, impresiona… ¡y mucho! Por lo que, a pesar del precio abusivo de la entrada, decidimos subir al observatorio del piso 69 y de paso ver qué tal este ascensor tan rapidito. ¡Y vaya si es rapidito! Se nos tapan los oídos y todo, jejejee. Aquí una vista de la torre, desde abajo:

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Las vistas desde el observatorio son espectaculares, pues no sólo podemos disfrutar de todo Yokohama, sino también ver cómo ha cambiado en los últimos años la zona del Minato Mirai… ¡es alucinante!

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Después de las fotos pertinentes y del rato de rigor, bajamos de nuevo a tierra firme para dar un paseo por la zona, gracias a lo cual vemos el barco de vela Nippon Maru, atracado en la bahía.

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Lo cierto es que hace un día espléndido, lo que significa calor, muuuuucho calor y mucha humedad. Además, se nota que ésta es nuestra tercera semana en Japón: ¡estamos cansadísimos! Por lo que el paseo por la zona termina cuando vemos una parada de metro, jejejeje, y decidimos ir al famoso Museo del Ramen de Yokohama (Luis es un apasionado del ramen y no quería irse de Yokohama sin haber pasado por allí). Cuando llegamos por la zona, lo cierto es que nos cuesta un poco encontrarlo (sí, estamos un poco empanados y cansados, ^_^ aunque también ayuda la falta de indicaciones, y que la estación de Yokohama de JR está en obras y está todo manga por hombro), pero finalmente lo encontramos... ¡y para dentro!

El Shin-Yokohama Ramen Hakubutsukan es una especie de parque temático dedicado al ramen, que muestra la historia de la cocina y de las casas especializadas en servir ramen e incluye una réplica de un shitamachi (centro histórico) de 1958. Lo mejor de todo son los nueve locales regionales de ramen, donde se pueden probar platos estupendos y regionales. Es genial poder tomarse un ramen específico de, digamos, Kyushu, sin tener que ir expresamente a Kyushu a tomarlo.Mapa de los distintos tipos de ramen de Japón:

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Y Laura firmando la pared:

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La primera planta del museo es una tienda, donde uno puede adquirir todo tipo de productos relacionados con el ramen, además de haber un mapa de Japón explicativo con todos los tipos distintos de ramen. En la planta inferior se encuentra el shitamachi: es como meterse en una película antigua de Japón, como estar en el Japón antiguo.Vista del shitamachi:

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Quizá sea un poco horterilla, cierto, pero nos gusta, jejejejee, así que damos una buena vuelta, viendo todos los recovecos del falso centro histórico y analizando los distintos restaurantes de ramen. Al final, nos decidimos por un restaurante de ramen de Hakata (ya que no pudimos probarlo en su momento, al estar en la ciudad sólo para cambiar de shinkansen, pese a que era una de las opciones que barajábamos cuando volvíamos de Kagashima en dirección a Okayama, pasando por Hakata). Luis disfruta pillándose un ramen grandote (ya dijo que, en este viaje a Japón, iba a pedirse por primera vez el tamaño grande :P) y sigue las indicaciones del personal: coge un ajito y lo prensa directamente en la mesa para darle un sabor todavía más auténtico a este ramen, que sinceramente, está buenísimo, con un caldo de cerdo denso y muy rico. Mirad, mirad:

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Con la barriga llena de ramen, ^_^, decidimos ir a dar un paseo por Chinatown, el barrio chino de Yokohama, que parece ser es una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, especialmente por sus restaurantes.

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Nosotros ya hemos comido (¡y muy bien!), así que básicamente damos una vuelta por sus calles y acabamos sentándonos a tomar algo y descansar.

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Decidimos que ya es hora de ir hacia casa de Cris y Toshi, que nos han invitado a cenar. Lo cierto es que no les conocemos en persona, pero leemos el blog de Cris y cuando finalmente nos encontramos en la estación de Gyumioji, es como si fuéramos amigos de toda la vida. Es curioso el mundo de la blogosfera, ¿no os parece? Lo curioso es que Cris, además, reconoce a Luis antes que a Laura, quizás por la estatura :D

Toshi está todavía en el trabajo y Cris está dedicada a una exquisita cena: ¡hay un montón de platos para comer! Tiene todo una pinta impresionante, esta chica es una joya. Nos sentamos, tomamos una cervecita fresquita y unas edamame y charlamos de nuestras vidas. Al rato llega Toshi del curro y charlamos un rato los cuatro en japonés y español, ¡es muy divertido! Aquí tenéis a Laura y Toshi:

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Y de la cena... qué os podemos contar, simplemente: ESPECTACULAR. Mirad qué pinta tenía la mesa:

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Y aquí con Cris, tocando un instrumento musical de Okinawa:

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Comimos increíblemente bien un montón de platos que había preparado Cris (a cuál más bueno) y nos reímos mucho y disfrutamos un montón. Fue una noche genial... y para terminar, Toshi y Cris nos llevan en coche hasta el hotel, con lo que disfrutamos de un paseo nocturno maravilloso en coche: ver tanta lucecita, esos edificios tan altos, esos puentes impresionantes, esas autopistas elevadas... es una maravilla. Pasada la medianoche, llegamos al hotel y nos despedimos de la pareja, dándoles las gracias por una cena y una velada preciosas.


Próximo capítulo: Barrios de Tokio – Asakusa, Odaiba y Akihabara.

domingo, 13 de enero de 2008

Lost in Traslation XII - Hakone y Tokio

Lost in Translation XII – Hakone y Tokio

Martes 21 de agosto

Hoy es el día planeado para ir a Hakone, una región muy pintoresca cercana a Tokio, desde donde en los días claros se puede divisar el monte Fuji. Nosotros sabemos que no tendremos suerte, pues en verano es casi imposible, pero de todas formas queríamos ir porque nos parecía que merecía la pena, ya que está todo rodeado de montañas, naturaleza, y espectaculares vistas.

Por ello, a las nueve de la mañana cogemos el llamado Romance Car, de la empresa privada de trenes Odakyu, un tren semidirecto que es muy popular en Japón para ir a Hakone y que además sale desde Shinjuku, justo donde estamos alojados. El tren primero nos lleva a un pueblo llamado Gora. Y allí comienza la verdadera excursión, de la que no éramos plenamente conscientes y que básicamente nos amargó el día: comenzamos cogiendo un trenecito de cremallera de juguete, casi, ascendiendo por una montaña, y que iba subiendo haciendo zigzags, con lo que a veces el primer vagón se convertía en el último, y luego volvía a ser el primero. Luego, cogemos un funicular para seguir subiendo y después un teleférico hasta el monte Sôn-san (monte de unos 1.153m de altitud, ahí es nada, ^_^).Aquí tenéis una foto del tren de cremallera:

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Y las vistas desde el teleférico:

Teleférico

Bajamos del teleférico para coger otro teleférico y descender hasta el lago Ashino-ko. Y no, allí no acaba la cosa, porque hay que subir a un barco, que pasamos a llamar 'barco pirata de playmobil' (es decir, para ser en el mundo real es hortera hasta la muerte) y que nos deja en el pueblucho de Moto-Hakone tras un recorrido por el lago y ver mucho monte muy bonito cubierto de árboles y un torii del estilo del de Miyajima, sobre el agua, pero más pequeñito y cutre. Y en cuanto a Moto-Hakone sí, decimos pueblucho, porque son cuatro restaurantes, tres casas y una tienda de regalos, nada más.

Os dejamos con esta impagable foto del barco pirata de Playmobil, ^_^:

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Aquí tenéis a Luis en el barco pirata de Playmobil:

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Y una foto más de las vistas desde el barco al cruzar el lago:

Lago

Con la tontería, se nos ha hecho bastante tarde y ya hay hambre, por lo que decidimos entrar en uno de los restaurantes que hay por la zona, uno de estilo muy sesentero, y tomarnos un delicioso katsukare (carne empanada con curry japonés) con una buena cervecita y comentar el ‘viaje’. La verdad es que la zona es muy bonita, pero no es un buen viaje de un sólo día: Hakone merece pasar un par de días o tres, para poder hacer algo de montañismo, perderse en los baños termales y disfrutar de la naturaleza. Por desgracia, nosotros no tenemos esa oportunidad, así que algo decepcionados cogemos el autobús de vuelta a la estación donde cogemos un tren de vuelta a Tokio. ¡Qué paliza para casi nada!

Al llegar al hotel, llamamos a Cris, una catalana casada con un japonés que vive en Yokohama y a la que vamos a ver al día siguiente, y seguidamente decidimos ir de compras, por lo que nos acercamos a una de las librerías más conocidas de Japón, Kinokuniya, justo enfrente de nuestro hotel en Shinjuku, donde compramos unos cuantos libros. También vamos a una tienda electrónica llamada Big Camera, donde pululamos un rato viendo todo tipo de cámaras, cacharros y gadgets.

Justo cerca, vemos un menú de un izakaya que parece interesante, así que para allá que nos vamos. Hay que subir en ascensor y cuando llegamos, ¡sorpresa! Es un bar muy moderno, pero con un toque tradicional: tenemos que quitarnos los zapatos al entrar pero el bar está hecho completamente de cubículos privados, en los que el menú está en una especie de pantalla-ordenador táctil desde la cual también se pide… ¡qué modernidad! Pero mola, así que miramos y remiramos el menú, aprendemos a pedir nosotros solitos (y eso que todo está en japonés, pero somos unos cracks) y… ¡nos ponemos las botas!Mirad, mirad:

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Y cómo no, después de la opípara cena, y también a través del cacharrito táctil, Luis se pide un cóctel a base de Calpis, su bebida japonesa favorita. Tras la cenita, nos volvemos al hotel, que aunque mucho mucho no hemos visto, ya que todo el tiempo lo hemos pasado en transportes de uno u otro tipo, estamos cansados de tanto trayecto, siempre abarrotadísimo.


Próximo capítulo: Yokohama

domingo, 9 de diciembre de 2007

Lost in Translation XI – Kamakura y Tokio

Lost in Translation XI – Kamakura y Tokio

Lunes 20 de agosto

Queremos dedicar la mañana a Kamakura, una ciudad que fue capital de Japón entre 1185 y 1333 y que por su proximidad a Tokio, es la escapada ideal de un día. Kamakura tiene muchísimos templos budistas, pero nosotros vamos con uno concreto en mente: visitar el Daibutsu, la atracción más conocida de Kamakura.

El Daibutsu, o Gran Buda, se terminó de esculpir en 1252 y aunque en el pasado ocupaba una sala enorme, en la actualidad el Buda está al aire libre (parece ser que la sala fue arrasada por un tsunami en 1495). El grandioso Buda está tallado en bronce, pesa unas 850 toneladas y mide 11,4 metros de altura. Aunque el Daibutsu de Nara es todavía más grande que el de Kamakura, lo cierto es que se considera artísticamente superior al de Kamakura. Sea como fuere, lo cierto es que impresiona ver a esa estatua, tan grandota y tan maravillosa:

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Damos una vuelta por el complejo, vemos las enormes (realmente son inmensas!) zapatillas del Buda colgadas en una pared, ^_^, entramos dentro de la estatua (hay que pagar 50 yenes para poder ver al Buda desde dentro), nos sentamos un ratito a descansar... y buscamos el mejor ángulo para hacerle la foto al señor Buda, que tan amablemente posa para nosotros.

Al salir, y después de hidratarnos un poco (¡qué calorazo que hace!) nos acercamos a otro templo de la zona, el Hase Dera, también conocido como Hase Kannon-ji.

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El templo tiene un jardín muy bonito y una colección de estatuas de jizô que representan a las almas de los niños fallecidos. Están todas alineadas, hay un montón y estremece pensar que cada una de ellas ha sido colocada ahí por una familia que ha perdido a un niño. En invierno, además, es tradicional que las madres abriguen a las estatuas con gorritos y abriguitos, para que no pasen frío... Ahora en verano, no es así, aunque encontramos alguna que otra con su gorrito de lana, y sobre todo, algunas ofrendas de videojuegos y cosas parecidas, ya que los padres han llevado a las estatuas, en las que están las almas de sus hijos, aquello que más les gustaba a estos:

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Además de la estremecedora imagen de las estatuas, el templo es famoso por su estatua de Kannon, diosa de la piedad y de compasión infinita, una de las deidades budistas más importantes de Japón. Se cree que la Jûichimen (Kannon de 11 caras), de madera tallada y 9 metros, data del siglo XVIII y tenemos que decir que en realidad tiene una cara principal y 10 secundarias que representan las 10 fases de la iluminación. Se dice que las caras de Kannon le permiten mirar en todas direcciones y auxiliar a los necesitados.

Después de pasear un buen rato por el templo y sentarnos un rato en lo alto de su terraza, desde donde se tienen vistas espectaculares de Kamakura y del mar, vamos al centro de la ciudad a comer algo. Acabamos en un restaurante muy familiar, todo lleno de clientes habituales japoneses y ni un sólo extranjero, especializado en tonkatsu (carne empanada), donde nos tratan con verdadero cariño (creo que nunca han visto un guiri en su local, ^_^) y nos sirven unos platos espectaculares de tonkatsu… ¡qué bueno!

Cogemos el tren de vuelta a Tokio y decidimos ir a pasear por uno de los barrios más pijos de la ciudad: Ginza. En sus calles, podemos encontrar desde las tiendas de diseñadores más cool hasta los showrooms de marcas electrónicas punteras… todo en escaparates súper guais y tiendas súper molonas, ^_^, rodeados de grandes anuncios de neón en todos y cada uno de los edificios. Así que paseamos por la zona, echamos un vistazo al Kabuki-za, el teatro más conocido donde se representa Kabuki, que justo está hasta arriba de gente porque acaba de terminar una representación, así que seguimos andando y acabamos entrando en el Sony Showroom, en la entrada del cual hay un enorme acuario, ¡toma ya! Aquí una imagen de Ginza:

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Después de dar unas vueltecitas viendo los últimos gadgets de Sony, nos acercamos al Canon Showroom, donde Luis pudo tener en sus manos la 40D y la 1Ds Mark III… ¡cuando en España no se habían visto todavía! :D Porque había un guardia de seguridad y éramos los únicos en la sala, que daban unas ganas de salir corriendo con ellas... Finalmente, tras ver estas camaritas, nos vamos a la Apple Store de Ginza, muy chula ella, con varias plantas y un ascensor que no tiene botones ya que va parando en todas y cada una de las plantas. Allí, podemos ver los nuevos iMac que acaban de ser presentados, tan bonitos ellos en su acabado de aluminio, y aprovechamos para mirar el correo, Internet, etc… en pantallas de 24 pulgadas, menudo lujo! :D

Una vez paseado el barrio, decidimos coger la línea Yamanote (cómo no, la omnipresente línea Yamanote, que te lleva a casi cualquier rincón de los importantes en Tokio) e irnos a otro barrio de Tokio: Shibuya, un barrio donde se junta la gente joven más moderna, que sigue un estilo de moda muy concreto y estrafalario a menudo… En este barrio es donde se encuentra la famosa estatua del perro Hachiko: en la década de los años veinte, un profesor que vivía cerca de la estación de Shibuya tenía un perro de raza akita que iba cada día a la estación a esperar el regreso de su amo. El hombre falleció en 1925, pero el perro le siguió esperando fielmente en la estación hasta que murió 11 años después. Su fidelidad no pasó desapercibida y por ello los japoneses levantaron una estatua en su memoria. Una de las estampas más conocidas de Shibuya:

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Pero lo que realmente queríamos ver en Shibuya era la ‘Colina de los hoteles del amor’, una zona repleta de love-hotels para todos los gustos, ¡qué barbaridad! Hay un montón y todos con bastante clientela, jejejeje. Lástima que no se pueda ver mucho, porque lógicamente, las entradas a todos ellos son bastante poco accesibles a no ser que realmente quieras alojarte allí.

Bastante cansados del paseo que nos hemos dado, decidimos volver al ‘barrio’ (es decir, a Shinjuku) y cenar en Yuraku-cho, en el callejón de los yakitori (brochetas de pollo y otras carnes o verduras asadas al carbón y ensartadas en una brocheta) situado bajo las vías de la JR. Todo muy sucio, muy oscuro y muy pequeño, así que, de tan típicamente japonés, decidimos probar, jejejeje. Entramos en un primer bar donde nos advierten de que sólo hablan japonés y que las cartas sólo están en japonés, a lo que Laura les contesta que ok, que vale, que ya nos las apañaremos, aunque los japoneses no parecen muy convencidos. Para picar, pedimos el plato típico de cinco brochetas entre las que hay de todo: desde pollo, pasando por piel (sí, habéis oído bien, piel sin nada más) y hasta hígado... ¡bueeeeeeeeeeeeecs! Qué asco... Aquí tenéis a Lau, muy contenta y sonriente porque todavía no sabe qué va a comer... ^_^:

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Salimos algo decepcionados, porque nos gusta el yakitori, pero el típico (no asquerosidades como la piel, el hígado o las entrañas), pero claro, tenemos hambre y nos apetece tener un buen recuerdo del callejón (sí, somos unos masoquistas y unos cafres, qué pasa, ^_^), así que entramos en otro sitio, donde además de yakitori, comemos yaki-onigiri (bolas de arroz fritas) y alguna cosita más. Por desgracia, el hígado también se cuela por ahí y nos entra el asco de nuevo… a lo que Laura proclama que nunca más comerá yakitori en el callejón de los yakitori.

Para quitarnos el mal sabor de boca, decidimos terminar la noche (aunque ya es bastante tarde) en un karaoke!!!!! Contratamos un par de horas con nomi-hodai (bebe todo lo que quieras) y ale, ¡a cantar! Pero nos viciamos tanto cantando y bebiendo que acabamos contratando una hora más in situ, y tan contentos en nuestra salita, jejejejee... ¡qué bien lo pasamos! (y qué mal cantamos algunas canciones, jejejeje). Hay muchas fotos embarazosas, jejejejee... un ejemplo:

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Luis se puso ciego a combinados alcohólicos a base de Calpis, su bebida japonesa favorita, tanto la normal como la de sabores, y acabó la noche cantando "More than this", de Roxy Music, emulando a Bill Murray en Lost in Translation, que si recordáis la canta en un karaoke y la destroza bastante. Luis no la destrozó tanto jajaja... Ciertamente fue un buen final de noche…

Próximo capítulo: Hakone


domingo, 11 de noviembre de 2007

Lost in Traslation X - Tokio

Lost in Translation X – Tokio

Domingo 19 de agosto

Empezamos la mañana acercándonos a la estación de “nuestro barrio", Shinjuku, a comprar billetes de tren para ir a Hakone un par de días después, y cogemos el Romance Car, un tren de la compañía privada Odakyu, que es muy famoso entre los japoneses para hacer el trayecto hasta Hakone. Además, nos compramos la Suica, una tarjeta prepago con un chip de radiofrecuencia que podemos utilizar no sólo en la JR y en el metro, sino también en máquinas expendedoras, en tiendas de conveniencia, etc., y que, por supuesto, sólo necesitas acercarla a las máquinas para pagar, lo que hace todos los tránsitos en metro mucho más rápidos. Cargamos la tarjeta con dinerito contante y sonante y vamos paseando tranquilamente hasta uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad: El Gobierno Metropolitano, es decir, el ayuntamiento de Tokio, obra del conocido arquitecto japonés Tange Kenzo.

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Al llegar, nos decidimos por una de las dos torres gemelas que tienen mirador con vistas panorámicas, pasamos el control de seguridad y tomamos el ascensor. Tardamos muy poco en llegar arriba, ¡qué rapidez! Y ale, vistas panorámicas de toda la ciudad... y encima gratis, ¡mola! Vemos todo Tokio a nuestros pies, hasta donde llega nuestra vista. Intentamos ver el Monte Fuji, que se puede ver, pero nada, sigue escondido detrás del telón de contaminación y humedad del verano. Laura empieza a decir algo que dirá muchos días en Tokio: el Monte Fuji no existe, es una invención :D… ¡pero si es que es imposible verlo! Un ejemplo de las vistas:

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Al bajar, damos un paseo por el parque adyacente al edificio, lleno de esculturas de arte moderno y decidimos ir en metro hasta Harajuku, para empezar visitando el Santuario de Meiji y ver a los frikis de la zona. Sí, frikis, porque en fin de semana, son muchos los jóvenes japoneses que se disfrazan con todo tipo de trapos y se juntan en la zona. Cuando llegamos a Harajuku, todavía no hay mucho movimiento frikil, quizás en parte por la hora y por el inmenso calor que hace, así que nos adentramos en el santuario de Meiji, que fue construido en memoria del emperador Meiji y la emperatriz Shôken. Como tantas otras cosas, fue destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, pero se reconstruyó en 1958 con una réplica exacta del original (hasta se utilizaron los mismos materiales, para asegurarse de que quedaba igual). Una imagen del santuario:

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Para entrar al santuario, hay que pasar por debajo de tres torii y dar un largo paseo por un ancho camino, con árboles a ambos lados, hasta llegar al final al santuario. Y son tres los torii porque cuando pasas por debajo de uno, quedas purificado, pero la purificación sólo se mantiene en línea recta, y como el camino tiene dos giros, es necesario poner más torii. A mitad de camino, se nos acerca un grupo de universitarios japoneses. Nos preguntan si hablamos inglés y al decirles que sí, nos explican que son de un club universitario (¡qué típico!) llamado "English Conversational Club", es decir, un club de conversación en inglés. Nos proponen acompañarnos en nuestra visita al santuario mientras nos comentan cosas interesantes del sitio. La entrada al santuario:

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Nos caen bien, parecen simpáticos y tienen muchas ganas de practicar inglés los pobres, así que les decimos que okay y ale, seguimos caminando hacia el santuario, ahora con compañía y hablando en inglés. La que parece la líder del grupo (todos acuden a ella cuando no encuentran una palabra) es casi la que peor habla, jejejee, Laura tiene que aguantarse la risa cada vez que la chica habla, porque intenta pronunciar tan bien y tan guay, ¡que es difícil entenderla! Vamos todos juntos, charlando hasta llegar al santuario. Allí, nos empiezan a contar cosas interesantes del templo. Según dicen, aquí se celebran muchas bodas, porque el matrimonio Meiji fue largo y feliz (o al menos, eso dicen, ^_^), así que nos hacen una foto delante de dos árboles en medio del patio principal, entrelazados como si de un matrimonio se tratara, para que el nuestro sea próspero y feliz como el de los Meiji. Pues vale, ^_^:

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Nos cuentan un montón de cosas más, como las miles de marcas que hay en las puertas de entrada al altar, producto de los millones de japoneses que se acercan al templo en Año Nuevo y lanzan una moneda de cinco yenes, que muchas veces impacta directamente en las puertas, sin alcanzar su destino real, y dejan, por tanto, marcas en la madera. Nos acercamos al altar del santuario, donde el chico del grupo nos explica las diferencias a la hora de rezar entre la religión budista y la sintoísta… les cuesta encontrar las palabras, a veces, pero son muy simpáticos, jejejeje. Una vez visitado el santuario, nos despedimos de los chicos mientras vemos cómo unos recién casados salen del santuario, en procesión, acompañados de sus familiares y amigos más cercanos. Laura no para de decir que pobre novia, con ese gorro horroroso que se utiliza literalmente para ‘cubrir los cuernos de la mujer’ (lo flipas... ). En fin, los chicos del club se ríen de los cuernos y de todo, nos hacemos una fotito para recordar el momento, nos despedimos y nos sentamos un ratito a descansar, aquí los tenéis:

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Mientras descansamos, vemos cómo llega otra novia, acompañada de sus familiares, para casarse. Al rato, ya sale con su marido, casados. Es interesante ver los trajes, la procesión, el ritmo... Cuando estamos viendo las fotos que hemos hecho, aparece otra novia... ¡Toma ya! Realmente este santuario es una máquina de hacer bodas… Sobre todo porque las bodas japonesas al estilo sintoísta son mucho más cortas que las católicas! En fin, os dejamos con una foto de una de las bodas que vimos:

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Salimos del santuario y nos paramos un rato en el Jingu-bashi, es decir, el puente que está justo a la entrada del santuario, donde se juntan los ya mencionados frikis más frikis de Tokio vestidos con sus mejores disfraces de... de... de todo: desde lolitas góticas, hasta lolitas muñequitas, momias, soldados de la Segunda Guerra Mundial, enfermeras… lo que sea. La cuestión es disfrazarse y juntarse ahí. Pues vale.

Todavía es algo temprano y hace mucho calor (y el sol da justo sobre el puente), así que decidimos volver más tarde para ver el ambientillo frikil y nos vamos a pasear por una de las calles más famosas de Harajuku, el callejón Takeshita-dori, lleno de tiendas de ropa y accesorios, donde la juventud que se mueve por el barrio puede comprar de todo para ir a la moda (o no ir a la moda, ^_^). Que si vestidos de lolita gótica, que si vestidos de colegiala virginal, que si tiendas de dudosa reputación… Una callejuela llena de ambientazo:

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En fin, finalmente, acabamos paseando por otra de las calles más conocidas del barrio, completamente distinta a la anterior, Omotesandô, llena de cafés, restaurantes y boutiques de las caras. Que si Channel, que si Louis Vuitton, que si Tiffany's... en fin, nada que ver con Takeshita-dori. Entre tanta boutique nos ha entrado hambre, que ya empieza a ser hora de comer, así que acabamos en un restaurante con una extensa carta y bar de bebidas (se puede beber todo lo que se quiera) y comemos tranquilamente. Luis, aprovechando que tienen Calpis, se pone hasta arriba, a veces sólo de Calpis, y otras veces de Calpis con zumo de frambuesa, como hacen los chavalillos japoneses.

A la salida, decidimos pasear un poco más por el pijo Omotesandô para acercarnos al parque Yoyogi, que al ser domingo está en su máximo apogeo: vemos a grupos de japoneses vestidos en cuero negro, con inmensísimos tupés a lo Elvis (aunque sus tupés pondrían verde de la envidia al propio Elvis), bailando rock'n'roll al más puro estilo rockabilly, mirad, mirad:

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A chicas vestidas de años cincuenta, en plan Grease total, bailando rock de la época. A grupos y más grupos de música, tocando sus canciones e intentando vender sus CDs (algunos tienen fans y todo, y algunos hasta lo hacen bien). En fin, un espectáculo total:

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Después de un buen paseo por el parque para ver la ‘fauna’, acabamos otra vez en Jingu Bashi, que está ahora repletito de frikis disfrazados. Vemos de todo... indescriptible, mejor ver fotos porque no podríamos definir los disfraces y el montón de gente que había. Si hasta había un fotógrafo profesional haciendo una sesión de fotos para algún libro sobre la fauna cosplay de Harajuku... Ahí van algunas fotos:

Posando en pareja:

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En pareja, haciendo el chorra:

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Lolita simpatiquísima, posando para nosotros:

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Mmmm... indescriptible:

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Ídem:

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¡Qué mona ella!

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Y ahora con su amiguita, ^_^:

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Decidimos dejar tanto frikismo japonés atrás, coger el metro e ir al Palacio Imperial, el hogar del emperador de Japón y de la familia imperial. En realidad, no se puede entrar al palacio y casi ni verlo, pero si se puede pasear por los jardines de su alrededor, y eso es lo que hacemos. El palacio se reconstruyó en 1968, después de que los bombardeos de, sí, lo habéis adivinado, la Segunda Guerra Mundial lo destruyeran, y se emplaza exactamente donde estaba el castillo de Edo, desde el que el shogun Tokugawa gobernó Japón. Este castillo fue el mayor del mundo, aunque desgraciadamente no queda nada de la estructura original, sólo el enorme foso y unos pocos muros. Aquí nos tenéis:

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Justo cuando llegamos a la zona más fotográfica de todas, la zona de Nijü-bashi, se nos acerca un abuelillo japonés que también quiere practicar inglés. Parece simpático, así que le dejamos que nos cuente lo que quiera… y no, no es una visita guiada, sino más bien un intercambio de ideas sobre cómo ha cambiado su país, sobre las dos caras de los japoneses (que no son ni tan educados ni tan serviciales como se cree), etc. El hombre alucina cuando se entera de que ésta es nuestra tercera vez en Japón, jajajajajaa... Mientras hablábamos con él, aprovechamos para hacer alguna fotito desde la zona:

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Al rato, nos despedimos y decidimos ir a la Torre de Tokio, momento en que Luis dice la mítica frase de: “vamos andando, si está aquí mismo, muy cerquita, que se ve desde aquí”. ¿Cerquita? ¿Cerquitaaaaaaaa? Tardamos casi dos horas en llegar y las fuerzas flaquean ya por todas partes… ¡por todos los kamisamas del mundo, qué caminata! Al final, después de cruzar barrios pijos, ver callejuelas oscuras y no saber exactamente dónde estábamos, llegamos a la famosa Tokyo Tower, una torre de comunicaciones de color rojo y forma parecida a la Torre Eiffel.

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Cansadísimos, nos sentamos un rato, Laura se toma una crêpe y aprovechamos para hacer unas llamadas a familiares y amigos. Medio muertos, cogemos el metro de vuelta al hotel, aunque no estamos demasiado lejos, pero tenemos que hacer transbordo, y mientras estamos en el andén de la segunda línea que tenemos que coger, nos informan de qué pasa algo y de que nos busquemos otras maneras de ir a casa. No nos enteramos mucho de qué es lo que ha pasado, pero vemos a mucha gente que se queda en el andén, tranquila, esperando, así que nos sentamos y hacemos lo que los japoneses que están acostumbrados a estas cosas hacen: esperar. A los quince minutos, llega el tren, como si nada hubiese pasado, y sin saber realmente qué había pasado (intuimos que un suicidio o así, por alguna de las palabras que Laura sí entendió).

Al llegar a Shinjuku, decidimos ir a tomar un delicioso gyûdon, un cuenco de arroz con carne de ternera y cebolla por encima... ¡ñami! Y ale, al hotel a descansar y a mimir, que se nos ha hecho muy tarde y estamos... ¡muertos!

Próximo capítulo: Tokio