sábado, 27 de octubre de 2007

Lost in Traslation VII - Osaka y Nara

Lost in Translation VII – Osaka y Nara

Miércoles 15 de agosto

Como los días anteriores, nos levantamos, viene Rumiko a quitar los futones y a servirnos el desayuno, que es como todos los días, que si pescadito, que si arrocito, que si encurtidos, que si verduritas.... pero hoy está especialmente bueno, ¡ñami!

A las 9:30h, Luis se pone el jimbei que le regaló Midori y Laura se pone su otro yukata y nos vamos a la estación de tren de la línea privada Hankyu, para ir a Osaka, donde hemos quedado en la estación de Umeda (uno de los centros neurálgicos de Osaka) con Hiromi y Mifumi. Allá por el año 1999, Hiro y Mifu vinieron a España como estudiantes de intercambio (una beca que después disfrutaría, a la inversa, Laura, disfrutando también de un año en Kyoto). Durante el año que pasaron en Barcelona, se hicieron muy amigas... y desde entonces, a pesar de la distancia y del silencio, a veces, habían seguido siendo amigas.

En Umeda nos encontramos fácilmente... Hiromi, Mifumi y su peque, Keita, un nene la mar de majo. Aunque cuando Keita nos ve la primera vez se echa a llorar desconsoladamente, mientras Laura se ríe y no para de decirle que vale, que somos gaijin (extranjeros), pero que no somos tan feos, jejejejejee (quizás haya sido la barba de Luis :P) Cuando el nene se calma y va pillando confianza, decidimos ir a comer.

Como vamos con el cochecito, decidimos quedarnos en la estación y comer y charlar tranquilamente. Y hacernos alguna fotillo, claro, que estamos todos muy guapos, como se puede comprobar:

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Allí cada uno toma uno de los platos del restaurante y Keita, que por problemas de alergias no puede comer tan fácilmente fuera de su casa, disfruta con la comida que le ha preparado su mami Mifu. Pasamos un rato muy agradable, charlando de nuestras vidas actuales, recordando los años universitarios... nos reímos mucho y nos da la sensación de que no ha pasado el tiempo, que seguimos teniendo la misma conexión. Cuando Keita se despierta, algo malhumorado, de la siesta, Mifu decide llevárselo de vuelta a casa, por lo que todos nos despedimos. Y es que nosotros hemos quedado por la tarde en Nara, así que aprovechamos que estamos en Umeda para acercarnos hasta la estación de JR Osaka, a pocos minutos, y coger un tren de la JR e ir a Nara.

Al llegar a Nara, nos sobra algo de tiempo, por lo que decidimos entrar en una cafetería a tomarnos un matcha latte. A las 17h y pico nos encontramos en la estación de Keihan (otra línea privada de tren, de las que en Japón hay por doquier) con Ai-chan, Junko-chan, Yoko-chan y su marido Mustafa. Besos, abrazos y sonrisas, tras un cierto tiempo sin vernos. Cogemos el bus para ir al Kasuga Taisha, donde se celebra un festival que nos apetece mucho ver, el Mantorô, en el que los 3.000 faroles de bronce y piedra situados en el templo, se iluminan de noche, creando una atmósfera muy especial. Allí hay ceremonias espaciales de ese día, como se puede ver:

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Y también está todo lleno de farolillos encendidos que dan un ambiente precioso al sitio:

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Después de dar un buen paseo y de hacer unas cuantas fotos (y de que nos hagan algunas a las chicas con yukata, ^_^), vamos a la zona más animada del festival, una calle llena de puestos de comida típica de festivales. Ahí, nos sentamos un rato, tomamos unas cervezas, comemos algo (que si okonomiyaki, que si yakitori, que si yakisoba...) y charlamos un buen rato. Es gracioso, porque Junko habla un español buenísimo y nos hace mucha gracia cómo utiliza expresiones como 'vamos pa'llá' o 'el chiringuito', jejejejee... ¡qué graciosa es! Podéis verla en la siguiente foto con Laura y Ai-chan, y con el yukata mal puesto, como si fuera una muerta, con el lado derecho sobre el izquierdo:

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La idea es ir al Todai-ji, el templo de madera más grande del mundo que contiene en su interior una de las figuras de bronce más grandes del mundo: un Buda. Sólo ese día, se abre una ventanita a la altura de la cara del Buda para poder verlo desde fuera. Es una cita interesante, y está claro que lo mismo ha pensado todo quisqui, porque la cola es interminable. Decidimos pasar del tema (al fin y al cabo, todos hemos visto al Buda ya en anteriores ocasiones, así que…) y vamos a ver el Daimonji de Nara, un festival en el que queman en la montaña el kanji con el significado de "grande": . Y mientras, las chicas se hacen más fotos, aquí con Yoko, que no le va mucho eso de vestirse a estilo tradicional, y luego una de Yoko con Mustafá, su marido marroquí:

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El más conocido es el de Kyoto, pero nuestras amigas nos cuentan que el de Nara es, de hecho, más grande que el de Kyoto… ¡interesante! (y vemos que las típicas rencillas entre ciudades en plan "el mío es más grande que el tuyo" no son exclusivas de Madrid y Barcelona :P). No se ve muy grande, pero lo que hay en llamas es el kanji de grande :D

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Cansados todos de la caminata que nos hemos pegado, decidimos ir despidiéndonos. Intentamos coger el bus para volver al centro (las chicas que van con zori no pueden más con sus pies, las pobres),pero está petadísimo y, a pesar del gentío y de que se celebra un festival que llama a muchísimos visitantes, parece que no han reforzado las líneas (¡qué mala organización!) y el siguiente autobús no llega hasta dentro de 15 minutos, así que decidimos ir andando, dando un paseo y charlando. Además, en el que se nos va justo delante de nuestras narices, hay tortas para subirse, y parece que, en este tipo de situaciones, los japoneses se olvidan de su educación.

Al final, nos despedimos de todo, cogemos la JR de vuelta a Kyoto, aunque esta vez no es un tren exprés y es lento, muy lento, por lo que sobre las 23:00h estamos en el ryokan. Nos preparamos un ofuro bien calentito, nos ponemos los yukatas y a dormir… ha sido un día de reencuentros muy bonito: poder charlar con Hiromi y Mifumi, conocer el peque de Mifu y Yoshi, Keita, charlar animadamente con Junko (que después de seis años en España está intentando adaptarse de nuevo a la vida japonesa… ¡duro!), ver después de tanto tiempo a Yoko, que se ha convertido al Islam, y conocer a su marido Mustafa... La verdad es que ha sido genial y muy divertido.

Próximo capítulo: Kibune y Kyoto

lunes, 15 de octubre de 2007

Lost in Traslation VI - Kyoto

Lost in Translation VI – Kioto

Lunes 13 de agosto

Poco antes de las 8h de la mañana, nos levantamos, nos arreglamos, cogemos nuestras cosas y hacemos el check-out. Qué gracia, la mujer de la recepción se acuerda de nosotros (debemos ser los únicos extranjeros), porque nos pregunta que qué tal el Awa-Odori, qué gracia. Hablamos un ratito, intercambiamos opiniones y ale, a la estación. Y como ayer nos gustó el “Vie de France”, repetimos, jejejeje. Además, es que hacen unos green tea latté con hielo que están de vicio :D

A las nueve y media cogemos el shinkansen Hikari a la antigua capital de Japón: Kioto. Al llegar, cogemos el metro hasta Sanjo-keihan y desde ahí cruzamos por uno de los barrios más tradicionales de la ciudad, Gion, hasta llegar al santuario del barrio, el Yasaka-Jinja. Según nuestro mapa, nuestro hotel está muy cerquita, justo delante de la entrada sur, pero no hay manera de encontrarlo… ¿dónde está? ¿Por qué no lo vemos? La razón la entendemos cuando por fin encontramos el ryokan: ¡está todo escrito en japonés! En ningún sitio pone nada en inglés y ni siquiera pone 'ryokan' en japonés, ni el nombre del establecimiento en caracteres romanos, sólo el nombre en kanji: 火田中 (hatanaka).

En fin, dejamos las maletas entre reverencias y mucha educación (el ryokan es increíblemente bonito y está muy bien atendido) y, sudando como pollos, nos vamos al santuario Yasaka-Jinja, uno de los favoritos de Laura en Kioto, cariñosamente llamado “Gion-san”, por ser el santuario del barrio de Gion, aunque es una pena porque la entrada principal por la avenida Shijo está en obras y está tapada, pero por dentro sigue siendo igual de bonito que siempre:

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Desde ahí, bajamos por la calle Shijo, cruzamos el puente sobre el río Kamo (ved la foto siguiente) y acabamos paseando por una de las callejuelas más famosas de la ciudad, Pontocho (uno de los barrios de geishas más tradicionales de Japón, también, a la izquierda en la foto) con la idea de ir a ‘nuestro’ sitio favorito de takoyakis y comer un poco. El sitio, sin embargo, está cerrado, así que cambiamos de plan y vamos a un restaurante de tonkatsu (cerdo empanado) muy chulo. Comemos un tonkatsu maravilloso, mojándolo en una salsa a base de sésamo que hemos machacado nosotros mismos, ñami.

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Estamos cansados, así que decidimos volver al hotel, que ahora ya podremos entrar a nuestra habitación. El chico de recepción nos acompaña a nuestra habitación... ¡este ryokan es espectacular! Y nuestra habitación, ¡más todavía! Qué grande, qué lujazo…

Descansamos, llamamos a Yuko para quedar, ya que ella pasa unos días en Kioto antes de irse de vacaciones a Escandinavia, llamamos a Noriko y a Yori y Kinko (antiguos estudiantes de Laura de español de cuando ella estudió allí) para quedar mañana, nos duchamos, nos ponemos unos trajes de algodón del hotel, especiales, y de golpe, llaman a la puerta. Es Rumiko, que nos acompañará durante toda nuestra estancia en Kioto. Viene vestida con kimono y nos traer un té matcha y un pastelito de arroz. Se sienta con nosotros, nos ofrece el té y nos pregunta a qué hora vamos a salir esta tarde, para venir a la habitación a preparar los futon para la noche y también a qué hora queremos que venga a despertarnos, a recoger los futon y a servirnos el desayuno, ¡oleeeeeeeeeeeeeeeeee! Nos quedamos solos y disfrutamos de nuestro té matcha y del pastelito de arroz envuelto en una hoja… es de mochi (pasta de arroz), por lo que a Laura no le gusta demasiado, pero a Luis le encanta… ¡Luis se pone las botas! Aunque eso sí, lo que cuenta es el detalle, jejejeje.

Un rato más tarde, salimos, cruzamos el Yasaka-jinja y nos encontramos con Yuko. Vamos los tres juntos a dar un paseo por Gion, en busca de maikos y geishas. Se nota que estamos en Obon y que las chicas probablemente han vuelto a sus casas para reunirse con sus familiares, porque el ambiente está muy tranquilo. Mucho turista… y poco más.

Vamos hacia Pontochô, con la idea de sentarnos en una de las terrazas que dan al río Kamo, pero está todo reservado hasta pasadas las nueva de la noche, así que cambiamos de plan. Vemos que el sitio de los takoyakis está abierto, así que pedimos unos cuantos (y debemos caerle bien al chico, porque nos da dos de más), compramos algo de beber, nos sentamos a orillas del río y… ¡a comer! ^_^ Mirad la cara de disfrute de Yuko:

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Cuando ya ha anochecido y tenemos el culo cansado de tanto estar sentados en la orilla del río (aunque charlamos y nos reímos un montón), decidimos ir a la planta 10 de un edificio cercano, donde hay un bar de copas. Allí nos tomamos unos cócteles primero, y luego una cervecita (Luis se pide una Kirin Ichiban, que es la releche de buena) charlamos y lo pasamos en grande. Al final, nos despedimos de Yuko y volvemos al hotel, donde ya nos espera la maleta que enviamos desde Kagoshima (bueno, lo hizo la madre de Yuko por nosotros), encontramos los futones preparados y los yukatas esperándonos. Además, en la recepción nos dicen que ha llamado Yori y que mañana sí pueden quedar con nosotros, así que buenas noticias. Nos damos un ofuro calentito en el baño de madera, nos ponemos los yukata y a dormir.

Martes 14 de agosto

A las 7:55h nos llama por teléfono Rumiko, para despertarnos. Viene a los pocos minutos: nos trae un té y el periódico para ir haciendo tiempo mientras ella recoge los futones, coloca la mesa y nos sirve el desayuno. Y, ¡qué pasada de desayuno! Arroz blanco, sopa de miso, pescado, pescaditos pequeños, encurtidos, tofu, chawan-mushi, fruta... Increíble. Y si no lo creéis, ved, ved:

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A las 9h, salimos a turistear. Cogemos un bus de una de las tres líneas especiales que han puesto hace poco en Kioto para llegar a todos los sitios especialmente turísticos, para visitar uno de los templos favoritos de Laura, el Ginkaku-ji o pabellón de plata. En 1482, el shogun Ashikaga Yoshimasa contruyó aquí una villa como un apacible refugio del caos de la guerra civil. En teoría, tal como su nombre indica, el templo debería haberse cubierto con láminas de plata, pero el deseo del shogun nunca se hizo realidad…

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De vuelta al centro, paramos en el Heian-Jingu, pasamos por debajo de su enorme torii y nos acercamos a este maravilloso complejo de templos que se construyó en 1890 para conmemorar el 1.100 aniversario de la fundación de Kioto. Los edificios son vistosas copias, reducidas a dos tercios de su tamaño, del palacio imperial del período Heian. Maldecimos la luz, que es malísima para hacer fotos y que quema todos los cielos, y buscamos el mejor ángulo, pero está complicado. Ved primero el torri grande grandísimo, y luego el santuario por dentro:

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Sudando, cogemos el autobús de vuelta al ryokan. Mientras Luis se da una ducha, Laura se encuentra con dos viejos conocidos: Yori y Kinko. Yori había sido estudiante de Laura en su época de estudiante en Kioto. Al jubilarse, la pareja se trasladó a Barcelona, donde vivieron unos años hasta volver a Japón. Hacía tiempo que no nos veíamos, así que era emocionante verles de nuevo. Pedimos un taxi y todos juntos nos reunimos con Noriko (otra estudiante de español de Laura) en Gion, donde vamos a comer a un restaurante muy pijo, ¡ole! Comemos varios platos, todo cocina moderna y de autor y charlamos un buen rato… en japonés, eso sí, que a los dos se les ha olvidado mucho el español, ¡ay! Una foto de grupo, a la entrada del restaurante:

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Después de comer y charlar un buen rato, nos despedimos y cogemos el autobús a uno de los templos obligados de Kioto, el Kinkaku-ji o pabellón dorado. El edificio original fue construido en 1397 como villa de retiro del shogun Ashikaga Yoshimitsu, pero su hijo lo convirtió el templo. Sin embargo, en 1950, un joven monje consumó su obsesión por el templo y lo redujo a cenizas (tal como narra la novela "El Pabellón Dorado" de Yukio Mishima). Cinco años más tarde, finalizó la reconstrucción recubriéndolo con el original pan de oro.

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Volvemos al centro, aunque primero volvemos al barrio de geishas de Gion, para ver si esta vez vemos alguna, y tenemos suerte, porque encontramos una maiko, o aprendiza de geisha:

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Luego cruzamos el Yasaka-Jinja y vamos hacia Maruyama-koen, uno de los parques más amplios de Kioto, pero nos dejamos llevar por los farolillos que empiezan a iluminarse, seguimos su camino por una cuesta y acabamos llegando al Kôdai-ji, templo fundado en 1605 en el que los niños han participado dibujando y colgando muchos farolillos para las festividades de Obon. Al lado del templo, hay un cementerio también lleno de farolillos iluminados, en el que las familias, todas juntas, van a poner incienso a sus muertos, para guiarlos de vuelta a 'su mundo’, tal como indica el Obon, como se puede ver en la fotillo del cementario aledaño al templo:

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Volvemos al hotel y al poco rato, viene Rumiko con un té y unos pastelitos. Confirmamos la hora y charlamos un poco: que si qué hemos hecho, que qué tal, que dónde vamos a ir por la noche… ¡qué simpática es! Nos tomamos el té, descansamos un ratito y ale, salimos otra vez cargados con nuestras cámaras y el trípode, hacia el Kiyomizu-dera. Sí, sí, a pesar de que ya ha anochecido podemos entrar al templo porque hoy se celebra un festival, el Sennichi-mairi. Durante dos días en agosto, para celebrar el obon, el templo abre sus puertas por la noche, se ilumina y por única vez en el año, abren las puertas del altar. El camino de subida al Kiyomizu se hace bien, aunque el cansancio va pudiendo con nosotros, que estamos que no paramos, jejejeje. Al llegar, el espectáculo de la entrada es increíble, ¡qué bien iluminado está todo!

Después de unas cuantas fotos, llegamos a la cola para entrar en el altar y ahí nos metemos, que es una vez al año. Al alcanzar la entrada, pagamos 100¥ extras, nos descalzamos, nos agarramos a una cuerda a modo de barandilla y bajamos escaleras hasta llegar a la más absoluta oscuridad. No se ve nada de nada de nada. Caminamos despacio, flipados porque no sabemos de qué va todo esto, hasta llegar a una piedra, iluminada, en medio de una sala, con una kanji tallado en la piedra, y nada más. No nos dejan detenernos, volvemos a la oscuridad más absoluta y finalmente vemos algo de luz, ¡por fin salimos! Qué experiencia más rara... Lau afirma que ha pasado un poco de miedo, jejejejeje, mientras Luis dice que es muy zen, que te dejan entrar pero que casi no te enseñan nada… en fin.

Vamos hacia lo que es realmente el templo, un entramado de vigas de madera que se alzan sobre un acantilado y nos dirigimos directamente hacia el mirador, para verlo todo iluminado. Justamente desde la plataforma del mirador no podemos utilizar trípode, pero un poco más a la izquierda sí, así que allí nos plantamos, a hacer fotos de la iluminación nocturna. Primero de Laura, sobre la zona típica para fotos, en la que no dejaban poner los trípodes, y luego de un poquito más al lado, ya con trípode :D

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Al rato, bajamos la cuesta y alcanzamos el estanque, desde donde hay buenas fotos de la pagoda. Finalmente, salimos del templo… ha sido una visita espectacular, merece la pena. Bajamos por chawan-zaka de vuelta al hotel. Estamos muy cansados y encima tenemos hambre, pero se nos ha hecho tarde, así que paramos a comprar unos sándwiches y hamburguesas del Lawson, algo de beber, y vamos al ryokan a darnos un ofuro bien calentito y dormir.

Próximo capítulo: Osaka y Nara

domingo, 14 de octubre de 2007

Después de las vacaciones...

... la vida sigue, aunque no lo haya parecido en el blog, ^_^. Si es que entre escribir crónicas, colgar fotos y actualizarlo todo, ¡no hemos tenido tiempo de contarnos nada más! Pero cosas han pasado, eh... Y como todavía nos quedan algunos capitulitos por colgar, hacemos un pequeño “descanso” y os contamos alguna cosa más de nuestra vuelta a la vida cotidiana...

Quizá una de las cosas más sorprendentes ha sido el cambio de curro de Laura. Unos días después de volver de vacaciones, Lau recibió un mail general de una agencia de traducción llamada Linguaserve porque buscaban un gestor de proyectos de traducción con catalán. En un principio, Laura no hizo caso a la oferta y seguidamente recibió un email más personal, en el que le solicitaban directamente el CV. Laura contestó, envió el CV y recibió una llamada. La oferta económica igualaba la de Accenture, así que en un principio Laura no estaba interesada, pero ellos parecían muy interesados, le invitaron a una entrevista y ella fue, para conocer un poco el tema, darse a conocer y básicamente quedar bien. La entrevista fue muy bien, pero Laura sabía que sus expectativas económicas superaban las de la oferta, así que no tenía muchas esperanzas. Una semana más tarde, la llamaron para decirle que la querían en su equipo y que habían pensado en un puesto distinto para ella. Total, fue a otra entrevista, conoció a otro de los jefes y básicamente le hicieron una oferta mucho más interesante en firme. Laura dijo que se lo tenía que pensar, pero realmente no había nada que pensar... la oferta era buenísima. Así que justo el primer día de jornada intensiva (el 17 de septiembre) confirmó que aceptaba la oferta y anunció en Accenture que se iba.... ¡oleeeeeeeeeee!

Así que desde el día 5 de octubre fue su último día en Accenture. Sus compis le regalaron un reloj de DKNY y una tarjetita hecha por ellos mismos, muy emotivo todo... si es que el ambiente allí era espectacular y Laura sabía que les echaría mucho de menos, peeeeeero... había que mirar hacia adelante y el 8 de octubre, Laura empezó a trabajar en Linguaserve. Los primeros días han sido estresantes, pero poco a poco va cogiendo ritmo y la cosa le va gustando cada vez más, así que está contenta. Además, está muy cerquita de casa y tiene tiempo de ir al gimnasio, lo cual la tiene también muy contenta… ya os iremos contando qué tal le va, pero en principio la cosa pinta muy bien.

Y además de este cambio radical, hemos hecho más cosas... os contamos algunas.

El sábado 15 de septiembre estuvimos en Alcobendas, en casa de Jesús, Eriko y Sora con Rubén y Noelia. Allí hicimos una especie de quedada gastronómica y básicamente nos pusimos las botas: Rubén y Noelia trajeron vinito, Jesús preparó buñuelos de bacalao, Eriko preparó gyozas, Luis preparó albóndigas suecas y yo preparé escalivada... y todos juntos preparamos takoyaki, ^_^. ¡Qué rico estaba todo! Después de comer y de jugar con el pequeño Sora, nos fuimos al Starbucks a tomarnos algo... ¡fue un día estupendo!

El viernes 21 de septiembre fuimos al teatro (con entradas gratis que nos pasaron Tom y Karen, que no podían ir) a ver "Hijos de su madre" una comedia escrita y dirigida por Antonia San Juan. Extraído de Atrapalo.com: "`Hijos de su Madre´ es una comedia aguda que combina humor, diálogos punzantes llenos de ironía y sarcasmo con un texto repleto de sorpresas en un viaje alrededor de la pareja (la amistad, la seducción, la familia), donde el espíritu de la directora se deja entrever en cada palabra, en cada gesto, incluso en cada silencio. Todo ello se combina a la perfección con canciones en directo que Antonia San Juan engarza de una manera acertada, interpretadas por el actor y cantante Félix Navarro. Una galería de personajes inigualables en lo que, el público reconoce en ellos desde el principio a su cuñado, a su suegra, a su vecino, a su amiga íntima... Unos intérpretes eficaces a los que la directora por su condición de actriz consigue sacarles el mayor rendimiento logrando unos resultados realmente sorprendentes. Los tres actores se multiplican llenando el escenario con diez personajes diferentes. Uno de los actores Luis Miguel Segui da vida a Leo uno de los personajes de la serie `La que se avecina´." Pues eso, pasamos un buen rato en el teatro...

El sábado 22 de septiembre fue la segunda Noche en Blanco de Madrid. Nos juntamos con Almudena y Mario (él era compañero de curro de Laura en Accenture) para afotar la noche. Primero fuimos a cenar a ‘Prada a tope’ y cuando salimos, ¡sorpresa! Estaba lloviendo... así que esperamos un poco, afotamos un poco bajo la lluvia... un desastre, la verdad. Al final la lluvia nos dio una tregua y pudimos pasear por Cibeles, la Puerta de Alcalá, Recoletos, Colón… hay fotos colgadas en la página de MyMultiply de Laura, para que os hagáis una idea de lo que vimos/hicimos.

El fin de semana del 29-30 de septiembre, subimos a Igualada a ver a la familia de Laura. Estábamos los dos un poco enfermitos, con un gripazo bastante importante, pero ya que teníamos los billetes… Por desgracia, no pudimos ver a Edu y Neus, que estaban fuera de la ciudad, pero sí que pudimos ir a tomar una cañita con Ester y Jordi, a los que hacía mucho que no veíamos, y también pudimos ir a achuchar un poco al rey de la familia, el pequeño Oriol, hijo del primo de Laura, David y Nuria, un niño guapísimo y muy sonriente. ¡Se nos caía la baba a todos!

El viernes 12 de octubre, visita guiada teatralizada por el Madrid de Alatriste, con Mauro y Maite (bueno, y el pequeño Ángel desde la tripita de la mami) y una pareja de amigos suyos, Irene y Pedro con su peque Ana, una monada de cría. La visita empezó a las 19h de la Plaza Mayor y duró un poco más de hora y media… nos dimos un buen paseo por callejuelas del Madrid antiguo, nos contaron un montón de cosas interesantes y vimos algunas escenas representadas en vivo relacionadas con el Capitán Alatriste. Muy divertido y recomendable, sinceramente. Después de la visita, se juntaron Miguel Ángel y Cami con su niña Lucía y fuimos todos a cenar al Foster Hollywood de Opera. Allí comimos y charlamos y ale, cada uno a su casita.Aquí os dejamos con un par de fotos extraídas de la página de MuniMadrid, para que os hagáis una idea de la visita guiada teatralizada.

Aquí tenéis al Capitán Alatriste en apuros:

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Y aquí la escena final:

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Al día siguiente, quedamos con otro amigo, Edu, para ir a cenar a un restaurante griego llamado Milos . Nos pusimos las botas con una selección de entrantes de la casa y un plato principal cada uno (estaban todos buenísimos). Además, en el restaurante bailan syrtaki a ratos durante la cena, así que fue muy divertido. Al salir, decidimos ir a un bar cercano llamado La Flauta Mágica, donde justo en ese momento había el segundo pase de cuentacuentos, ¡ole! Escuchamos dos cuentos, contados por dos mujeres distintas, y nos reímos un buen rato... ¡qué divertido! Nos tomamos unas copas, charlamos un poco más y a dormir...

Y de momento eso es todo… Nos quedan unos pocos capítulos de Japón, que iremos colgando entre esta semana y la siguiente… y esperamos que el blog vuelva a la ‘normalidad diaria’ prontito. Hasta entonces, nos leemos.

Un besito,

Lau y Luis

sábado, 13 de octubre de 2007

Lost in Traslation V - Okayama, Takamatsu y Tokushima

Lost in Translation V – Okayama, Takamatsu y Tokushima

Sábado 11 de agosto

A las 8h de la mañana, nos despertamos, duchamos y desayunamos otra vez a lo japonés, con arroz, pescado, sopa miso casera (¡con calabaza! está buenísima) y tamagoyaki (tortilla enrollada de huevo). ¡Peaaaacho desayuno!

Lo recogemos todo y ale, vamos a la estación de shinkansen de Kagoshima, donde Yuko y Midori adquieren un billete especial para poder entrar hasta las vías y acompañarnos todo el rato. De hecho, nos acompañan tanto que hasta entran en el shinkansen para verlo por dentro jejejejeje.

Puntualmente, a las 10:16h el shinkansen se empieza a mover, decimos adiós a Yuko y Midori y nos vamos hacia Shin-Yatsuhiro, para cambiar ahí de tren e ir hasta Hakata, exactamente como habíamos hecho un par de días antes. En Hakata, como tenemos una hora de tiempo, sacamos algunos billetes de tren para días posteriores (aunque hay muchísima gente, muchas familias viajando por el Obon, mucho ruido y mucho estrés) y pasamos por una típica tienda de eki-ben (comida preparada para comer en el tren, que presenta variedades típicas de la zona) y nos compramos un eki-ben para el tren.

El tren va a tope (como se nota que es Obon), así que nos ha tocado separados, pero bueno, cada uno toma su eki-ben (¡está delicioso!) y dormimos un buen rato hasta llegar puntualmente a Okayama. En dos minutos, llegamos al ryokan, donde hacemos el check-in y nos explican que si llegamos más tarde de las 00:00h que no hay problema, que nos quedemos la llave entonces, porque la recepción sí que estará cerrada. Pues vale. (Por cierto, Lau vuelve a dejar impresionado a Luis, porque toda esta explicación y preguntas y demás, es todo en japonés, ¡claro!).

Nos dan la habitación 301, muy espaciosa y con su baño privado. Los futones, eso sí, están ‘sólo’ semi-preparados, no como en el ryokan de Beppu, donde las abuelillas entraban a la habitación y lo organizaban todo para la noche, jejejejejee. Dejamos las cosas y volvemos a salir para coger un tranvía enfrente de la estación que nos acerque al castillo de Okayama y a uno de los parques más famosos de Japón, el Kôraku-en. Total, que pagamos 140¥ y nos bajamos en la parada de Shiro-shita para ver ambas cosas.

Cruzamos el puente Tsukimi-bashi para ver de cerca el Okayama-jo (castillo de Okayama), pero decidimos no entrar, pues no tenemos mucho tiempo y tampoco queda mucho del castillo original. Además, preferimos visitar el que, según los japoneses, es uno de los 3 jardines más bonitos de Japón y que en teoría (más tarde explicaremos ese ‘en teoría’) cierra a las 17:30h: el Kôraku-en, que literalmente significa “jardín para disfrutar después", que proviene de un proverbio chino que dice que 'el señor debe sufrir antes que el pueblo y disfrutar después que él'. Este jardín fue construido entre 1687 y 1700 y gran parte de su atractivo reside en su amplia zona alfombrada de césped, aunque también tiene bonitos estanques, una colina en el centro, un mini-puente en zig-zag, una curiosa y diminuta plantación de té, un trocito de arrozal y el Okayama-jo al fondo. Es todo precioso, sinceramente… una preciosidad de jardines.

Además de todo esto, visitamos el escenario nô, el pequeño edificio Ryuten, nos relajamos los pies en un onsen de pies, cruzamos el mencionado puente en zig-zag Yatsu-hashi (sobre el que está Luis en la foto), nos acercamos a la plantación de té y la de arroz... En fin, que lo disfrutamos mucho. Eso sí, durante toda la visita a los jardines, escuchamos como un grupo de música ensaya en un escenario colocado a un extremo del parque… ¿Habrá concierto hoy? ¿Habrá que pagar extra? ¿Podremos quedarnos pasadas las 17:30h? Aquí tenéis a Luis, en un divertido puente en forma de zig-zag:


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Dudas y más dudas nos acechan, mientras se acercan las 17:30h y allí no cierra ni el tato. Vemos luces y pensamos que el parque siempre está muy bien iluminado… pero no. Además, vemos muchas chicas vestidas con yukata, lo que suele indicar algún tipo de celebración (sino, mirad la foto).

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Finalmente vamos entendiendo que no, que hay un festival, y que por esa razón a las 17:30h todavía no ha cerrado el parque, hay luces especiales por todos los jardines, el espectáculo de música, los puestos de comida y bebida… Descubrimos (porque realmente no teníamos ni idea), que durante dos semanas en verano el jardín se ilumina por la noche y además hay conciertos de jazz y actuaciones en vivo. Total, que contentísimos, aprovechamos este festival al máximo: cogemos unas cervezas, unos yakitori (pinchos de pollo y cebolla con salsa estilo barbacoa), unos yakisoba (fideos fritos), unos onigiri (bolas de arroz), sushi, karaage (pollo rebozado)… ¡nos ponemos las botas! Mientras disfrutamos del concierto en directo y vemos cómo cae el sol y cómo empieza a iluminarse el jardín. El ambiente es maravilloso… jejejeje, mirad, mirad, cervecitas y comidita:

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Bien cenados y contentos, ^_^, damos otro paseo por el jardín para ver la iluminación específica para este festival, ¡está precioso! Ver el jardín por la noche es un espectáculo realmente increíble. El ambiente también merece la pena, familias enteras, parejas en yukata… todo el mundo disfrutando de la iluminación.

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Al final, vamos andando, paseando tranquilamente, hasta la estación, donde aprovechamos que la oficina todavía está abierta y no hay mucha gente para reservar todos los billetes de tren que nos faltan hasta llegar a Tokio. Además, aprovechando que estamos en la estación, miramos horarios para ir mañana a Takamatsu y Tokushima y ale, volvemos al ryokan a prepararnos un ofuro calentito, nos ponemos los yukatas para dormir y… ¡a roncar!

Domingo 12 de agosto

Nos levantamos, nos duchamos y vamos a asegurarnos de que hemos entendido bien a la mujer de recepción, que eso de que podamos llevarnos la llave, que la recepción por la noche esté cerrada pero que la entrada esté abierta nos suena muy raro. Pero sí, sí, Laura lo había entendido todo bien, así que nos quedamos la llave (tenemos previsiones de llegar pasada la media noche) y vamos a la estación a pillarnos algo de desayunar en unas famosas pastelerías llamadas "Vie de France", donde entre bollos de curry, de mostaza y de fideos fritos hay también napolitanas de chocolate de toda la vida. En fin, a las 9:04h cogemos el tren a Takamatsu y después de cruzar el puente Seto-ohashi y de ver un paisaje fantástico (que une la isla de Honshu con la isla de Shikoku), llegamos a Takamatsu.

Desde la misma estación, cogemos un bus de línea al Ritsurin-koen, uno de los jardines que aunque no está en el “Top 3”, lo cierto es que merecería formar parte del mismo. Este jardín, que data de mediados del siglo XVII (tardaron más de un siglo en terminarlo) se distribuye en una serie de estanques, con miradores, salones de té, puentes e islas.

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Damos una graaaaaaan vuelta, los vemos absolutamente todo y unas cuantas horas después cogemos el autobús de vuelta a la estación. Se nos ha hecho bastante tarde y no encontramos un restaurante interesante, así que acabamos en un Freshness Burger (una hamburguesería japonesa un poco más ‘fina’) y comemos unas hamburguesas con teriyaki, jejejejeje. Cansados, pero con muchas ganas, vamos al andén nº3 de la estación de Takamatsu para coger un tren local a Tokushima. Aunque no hubiese números en los andenes, sabemos exactamente a qué andén tenemos que ir: ¡el que está más petado de gente! ¿Y por qué hay tanta gente? Pues porque en Tokushima hoy se celebra uno de los festivales más conocidos de Japón: el Awa-Odori, un festival en el que grupos de gente vestidos con yukatas y trajes típicos bailan la danza awa. ¡Cachondeeeeooooo!

Nos ponemos a la cola, pero con mentalidad española, es decir, que cuando llegue el tren esto va a ser ‘gilipollas el último' (los japoneses son los primeros que actúan así, así que no nos sentimos tan culpables). Total, llega el tren y codazos por un tubo. Entramos, sí, aunque no conseguimos sentarnos… En fin, una hora después, y con calor infernal (el aire acondicionado no puede bajar la temperatura con toda la gente que va en el tren) llegamos a Tokushima. Vamos a la oficina de información turística, en la que no tienen absolutamente nada en inglés (ni un mapa, nada), así que lo pillamos todo en japonés y nos apañamos bastante bien, sinceramente. Cerca de la estación, nos encontramos ya con ambiente “Awa-Odori”, pues vemos como un grupo está haciendo una demostración de la danza: chicas guapísimas vestidas con preciosos y coloridos yukatas e imposibles sombreros de paja, niños pequeños, hombres mayores... todo el mundo baila.

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Damos un par de vueltas por la zona para ubicarnos y decidimos sentarnos en unas gradas de asientos no reservados a esperar… ¡dos horas! Eso sí, agradecemos habernos sentado, porque al rato todas las gradas estaban llenas, ya, jejejeje. Las dos horas pasan rápido, porque vemos a grupos de gente yendo y viniendo, ya vestidos, preparándose para el festival.

Con auténtica puntualidad japonesa, a las 18h da comienzo el festival y al final de la calle se sitúa un primer grupo de participantes. ¡Espectacular! Las chicas, con sus yukatas coloridos, bailan de puntillas con sus sandalias de madera geta, con poses imposibles. Otras chicas y chicos hacen el chorra, bailando al más puro estilo de danza de obon, mientras detrás se sitúan los músicos tocando el taiko (tambor), shamisen (bajo japonés de tres cuerdas), fue (flautas)… ¡una maravilla! Muy, muy divertido, además de muy espectacular:

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Después de muchas horas viendo a gente bailar, gritando y cantando nosotros también, comemos algo en los puestos de comida del festival (el mejor yakitori de nuestras vidas, ¡increíble!) y decidimos ir a la estación, a ver si podemos coger un tren anterior al que teníamos planeado coger (que llega muy tarde a Okayama), pero… nothing de renothing. Sí, Japón puede ser uno de los países más planificadores y organizados del mundo, pero se nota que Tokushima no es Tokio, porque aquí… ¡nos toca esperar una hora y media! Es increíble. Saben que hay uno de los festivales con más visitantes del país, que recibe miles y miles de personas (según se dice, hasta un millón de personas)… ¡y no refuerzan el servicio, y los trenes que hay a Takamatsu, cada hora y media, son de sólo tres vagones! Total, nos sentamos en el suelo, en una de las zonas que marcan la entrada de un tren a esperar… qué desastre.

Finalmente, a las 22h, llega el tren y como entramos los segundos podemos sentarnos, gracias a los kamisamas. Eso sí, el tren va petadísimo, la gente borrachíiiiisima y se nos hace un trayecto larguíiiiiiisimo. Encima, va con retraso y los últimos minutos son de infarto, porque el tiempo para cambiar a otro tren que nos lleva a Okayama es cada vez más justo… hasta que al final vamos tarde-tarde y ya nos vemos durmiendo en un love-hotel o en un Internet-cafe de Takamatsu. Peeeeeero, ahora sí que Japón se comporta como Japón y cuando llegamos a la vía 3, salimos corriendo (con otras personas) dando codazos para llegar al tren que nos espera en la vía 6. Debería haberse ido ya, pero como nuestro tren iba con retraso y sabían que probablemente había gente que tenía que cambiar, el tren nos ha esperado. ¡Fiiiiiiiu!

Pasada la media noche llegamos por fin a Okayama. Paramos en el Lawson (benditos konbini japoneses, en cada esquina y abiertos 24 horas) a comprar algo de beber y al ryokan. Efectivamente, la recepción está cerrada, pero la puerta del ryokan no, así que perfecto, cogemos la llave del bolso y ale, a la habitación. Cargamos baterías (hemos gastado todo), descargamos tarjetas, nos damos un ofuro calentito y a dormir, que mañana nos vamos a Kyoto. Estamos muy cansados, pero ha sido un día increíble: los jardines en Takamatsu preciosos y el Awa Odori de Tokushima una pasada, qué festival más chulo. Laura no para de decir que se ha convertido en su festival preferido de Japón. Y vamos a dormir con la musiquita del festival metida en la cabeza… ¡oyasumiii!

Próximo capítulo: Kyoto