lunes, 15 de octubre de 2007

Lost in Traslation VI - Kyoto

Lost in Translation VI – Kioto

Lunes 13 de agosto

Poco antes de las 8h de la mañana, nos levantamos, nos arreglamos, cogemos nuestras cosas y hacemos el check-out. Qué gracia, la mujer de la recepción se acuerda de nosotros (debemos ser los únicos extranjeros), porque nos pregunta que qué tal el Awa-Odori, qué gracia. Hablamos un ratito, intercambiamos opiniones y ale, a la estación. Y como ayer nos gustó el “Vie de France”, repetimos, jejejeje. Además, es que hacen unos green tea latté con hielo que están de vicio :D

A las nueve y media cogemos el shinkansen Hikari a la antigua capital de Japón: Kioto. Al llegar, cogemos el metro hasta Sanjo-keihan y desde ahí cruzamos por uno de los barrios más tradicionales de la ciudad, Gion, hasta llegar al santuario del barrio, el Yasaka-Jinja. Según nuestro mapa, nuestro hotel está muy cerquita, justo delante de la entrada sur, pero no hay manera de encontrarlo… ¿dónde está? ¿Por qué no lo vemos? La razón la entendemos cuando por fin encontramos el ryokan: ¡está todo escrito en japonés! En ningún sitio pone nada en inglés y ni siquiera pone 'ryokan' en japonés, ni el nombre del establecimiento en caracteres romanos, sólo el nombre en kanji: 火田中 (hatanaka).

En fin, dejamos las maletas entre reverencias y mucha educación (el ryokan es increíblemente bonito y está muy bien atendido) y, sudando como pollos, nos vamos al santuario Yasaka-Jinja, uno de los favoritos de Laura en Kioto, cariñosamente llamado “Gion-san”, por ser el santuario del barrio de Gion, aunque es una pena porque la entrada principal por la avenida Shijo está en obras y está tapada, pero por dentro sigue siendo igual de bonito que siempre:

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Desde ahí, bajamos por la calle Shijo, cruzamos el puente sobre el río Kamo (ved la foto siguiente) y acabamos paseando por una de las callejuelas más famosas de la ciudad, Pontocho (uno de los barrios de geishas más tradicionales de Japón, también, a la izquierda en la foto) con la idea de ir a ‘nuestro’ sitio favorito de takoyakis y comer un poco. El sitio, sin embargo, está cerrado, así que cambiamos de plan y vamos a un restaurante de tonkatsu (cerdo empanado) muy chulo. Comemos un tonkatsu maravilloso, mojándolo en una salsa a base de sésamo que hemos machacado nosotros mismos, ñami.

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Estamos cansados, así que decidimos volver al hotel, que ahora ya podremos entrar a nuestra habitación. El chico de recepción nos acompaña a nuestra habitación... ¡este ryokan es espectacular! Y nuestra habitación, ¡más todavía! Qué grande, qué lujazo…

Descansamos, llamamos a Yuko para quedar, ya que ella pasa unos días en Kioto antes de irse de vacaciones a Escandinavia, llamamos a Noriko y a Yori y Kinko (antiguos estudiantes de Laura de español de cuando ella estudió allí) para quedar mañana, nos duchamos, nos ponemos unos trajes de algodón del hotel, especiales, y de golpe, llaman a la puerta. Es Rumiko, que nos acompañará durante toda nuestra estancia en Kioto. Viene vestida con kimono y nos traer un té matcha y un pastelito de arroz. Se sienta con nosotros, nos ofrece el té y nos pregunta a qué hora vamos a salir esta tarde, para venir a la habitación a preparar los futon para la noche y también a qué hora queremos que venga a despertarnos, a recoger los futon y a servirnos el desayuno, ¡oleeeeeeeeeeeeeeeeee! Nos quedamos solos y disfrutamos de nuestro té matcha y del pastelito de arroz envuelto en una hoja… es de mochi (pasta de arroz), por lo que a Laura no le gusta demasiado, pero a Luis le encanta… ¡Luis se pone las botas! Aunque eso sí, lo que cuenta es el detalle, jejejeje.

Un rato más tarde, salimos, cruzamos el Yasaka-jinja y nos encontramos con Yuko. Vamos los tres juntos a dar un paseo por Gion, en busca de maikos y geishas. Se nota que estamos en Obon y que las chicas probablemente han vuelto a sus casas para reunirse con sus familiares, porque el ambiente está muy tranquilo. Mucho turista… y poco más.

Vamos hacia Pontochô, con la idea de sentarnos en una de las terrazas que dan al río Kamo, pero está todo reservado hasta pasadas las nueva de la noche, así que cambiamos de plan. Vemos que el sitio de los takoyakis está abierto, así que pedimos unos cuantos (y debemos caerle bien al chico, porque nos da dos de más), compramos algo de beber, nos sentamos a orillas del río y… ¡a comer! ^_^ Mirad la cara de disfrute de Yuko:

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Cuando ya ha anochecido y tenemos el culo cansado de tanto estar sentados en la orilla del río (aunque charlamos y nos reímos un montón), decidimos ir a la planta 10 de un edificio cercano, donde hay un bar de copas. Allí nos tomamos unos cócteles primero, y luego una cervecita (Luis se pide una Kirin Ichiban, que es la releche de buena) charlamos y lo pasamos en grande. Al final, nos despedimos de Yuko y volvemos al hotel, donde ya nos espera la maleta que enviamos desde Kagoshima (bueno, lo hizo la madre de Yuko por nosotros), encontramos los futones preparados y los yukatas esperándonos. Además, en la recepción nos dicen que ha llamado Yori y que mañana sí pueden quedar con nosotros, así que buenas noticias. Nos damos un ofuro calentito en el baño de madera, nos ponemos los yukata y a dormir.

Martes 14 de agosto

A las 7:55h nos llama por teléfono Rumiko, para despertarnos. Viene a los pocos minutos: nos trae un té y el periódico para ir haciendo tiempo mientras ella recoge los futones, coloca la mesa y nos sirve el desayuno. Y, ¡qué pasada de desayuno! Arroz blanco, sopa de miso, pescado, pescaditos pequeños, encurtidos, tofu, chawan-mushi, fruta... Increíble. Y si no lo creéis, ved, ved:

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A las 9h, salimos a turistear. Cogemos un bus de una de las tres líneas especiales que han puesto hace poco en Kioto para llegar a todos los sitios especialmente turísticos, para visitar uno de los templos favoritos de Laura, el Ginkaku-ji o pabellón de plata. En 1482, el shogun Ashikaga Yoshimasa contruyó aquí una villa como un apacible refugio del caos de la guerra civil. En teoría, tal como su nombre indica, el templo debería haberse cubierto con láminas de plata, pero el deseo del shogun nunca se hizo realidad…

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De vuelta al centro, paramos en el Heian-Jingu, pasamos por debajo de su enorme torii y nos acercamos a este maravilloso complejo de templos que se construyó en 1890 para conmemorar el 1.100 aniversario de la fundación de Kioto. Los edificios son vistosas copias, reducidas a dos tercios de su tamaño, del palacio imperial del período Heian. Maldecimos la luz, que es malísima para hacer fotos y que quema todos los cielos, y buscamos el mejor ángulo, pero está complicado. Ved primero el torri grande grandísimo, y luego el santuario por dentro:

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Sudando, cogemos el autobús de vuelta al ryokan. Mientras Luis se da una ducha, Laura se encuentra con dos viejos conocidos: Yori y Kinko. Yori había sido estudiante de Laura en su época de estudiante en Kioto. Al jubilarse, la pareja se trasladó a Barcelona, donde vivieron unos años hasta volver a Japón. Hacía tiempo que no nos veíamos, así que era emocionante verles de nuevo. Pedimos un taxi y todos juntos nos reunimos con Noriko (otra estudiante de español de Laura) en Gion, donde vamos a comer a un restaurante muy pijo, ¡ole! Comemos varios platos, todo cocina moderna y de autor y charlamos un buen rato… en japonés, eso sí, que a los dos se les ha olvidado mucho el español, ¡ay! Una foto de grupo, a la entrada del restaurante:

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Después de comer y charlar un buen rato, nos despedimos y cogemos el autobús a uno de los templos obligados de Kioto, el Kinkaku-ji o pabellón dorado. El edificio original fue construido en 1397 como villa de retiro del shogun Ashikaga Yoshimitsu, pero su hijo lo convirtió el templo. Sin embargo, en 1950, un joven monje consumó su obsesión por el templo y lo redujo a cenizas (tal como narra la novela "El Pabellón Dorado" de Yukio Mishima). Cinco años más tarde, finalizó la reconstrucción recubriéndolo con el original pan de oro.

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Volvemos al centro, aunque primero volvemos al barrio de geishas de Gion, para ver si esta vez vemos alguna, y tenemos suerte, porque encontramos una maiko, o aprendiza de geisha:

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Luego cruzamos el Yasaka-Jinja y vamos hacia Maruyama-koen, uno de los parques más amplios de Kioto, pero nos dejamos llevar por los farolillos que empiezan a iluminarse, seguimos su camino por una cuesta y acabamos llegando al Kôdai-ji, templo fundado en 1605 en el que los niños han participado dibujando y colgando muchos farolillos para las festividades de Obon. Al lado del templo, hay un cementerio también lleno de farolillos iluminados, en el que las familias, todas juntas, van a poner incienso a sus muertos, para guiarlos de vuelta a 'su mundo’, tal como indica el Obon, como se puede ver en la fotillo del cementario aledaño al templo:

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Volvemos al hotel y al poco rato, viene Rumiko con un té y unos pastelitos. Confirmamos la hora y charlamos un poco: que si qué hemos hecho, que qué tal, que dónde vamos a ir por la noche… ¡qué simpática es! Nos tomamos el té, descansamos un ratito y ale, salimos otra vez cargados con nuestras cámaras y el trípode, hacia el Kiyomizu-dera. Sí, sí, a pesar de que ya ha anochecido podemos entrar al templo porque hoy se celebra un festival, el Sennichi-mairi. Durante dos días en agosto, para celebrar el obon, el templo abre sus puertas por la noche, se ilumina y por única vez en el año, abren las puertas del altar. El camino de subida al Kiyomizu se hace bien, aunque el cansancio va pudiendo con nosotros, que estamos que no paramos, jejejeje. Al llegar, el espectáculo de la entrada es increíble, ¡qué bien iluminado está todo!

Después de unas cuantas fotos, llegamos a la cola para entrar en el altar y ahí nos metemos, que es una vez al año. Al alcanzar la entrada, pagamos 100¥ extras, nos descalzamos, nos agarramos a una cuerda a modo de barandilla y bajamos escaleras hasta llegar a la más absoluta oscuridad. No se ve nada de nada de nada. Caminamos despacio, flipados porque no sabemos de qué va todo esto, hasta llegar a una piedra, iluminada, en medio de una sala, con una kanji tallado en la piedra, y nada más. No nos dejan detenernos, volvemos a la oscuridad más absoluta y finalmente vemos algo de luz, ¡por fin salimos! Qué experiencia más rara... Lau afirma que ha pasado un poco de miedo, jejejejeje, mientras Luis dice que es muy zen, que te dejan entrar pero que casi no te enseñan nada… en fin.

Vamos hacia lo que es realmente el templo, un entramado de vigas de madera que se alzan sobre un acantilado y nos dirigimos directamente hacia el mirador, para verlo todo iluminado. Justamente desde la plataforma del mirador no podemos utilizar trípode, pero un poco más a la izquierda sí, así que allí nos plantamos, a hacer fotos de la iluminación nocturna. Primero de Laura, sobre la zona típica para fotos, en la que no dejaban poner los trípodes, y luego de un poquito más al lado, ya con trípode :D

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Al rato, bajamos la cuesta y alcanzamos el estanque, desde donde hay buenas fotos de la pagoda. Finalmente, salimos del templo… ha sido una visita espectacular, merece la pena. Bajamos por chawan-zaka de vuelta al hotel. Estamos muy cansados y encima tenemos hambre, pero se nos ha hecho tarde, así que paramos a comprar unos sándwiches y hamburguesas del Lawson, algo de beber, y vamos al ryokan a darnos un ofuro bien calentito y dormir.

Próximo capítulo: Osaka y Nara

domingo, 14 de octubre de 2007

Después de las vacaciones...

... la vida sigue, aunque no lo haya parecido en el blog, ^_^. Si es que entre escribir crónicas, colgar fotos y actualizarlo todo, ¡no hemos tenido tiempo de contarnos nada más! Pero cosas han pasado, eh... Y como todavía nos quedan algunos capitulitos por colgar, hacemos un pequeño “descanso” y os contamos alguna cosa más de nuestra vuelta a la vida cotidiana...

Quizá una de las cosas más sorprendentes ha sido el cambio de curro de Laura. Unos días después de volver de vacaciones, Lau recibió un mail general de una agencia de traducción llamada Linguaserve porque buscaban un gestor de proyectos de traducción con catalán. En un principio, Laura no hizo caso a la oferta y seguidamente recibió un email más personal, en el que le solicitaban directamente el CV. Laura contestó, envió el CV y recibió una llamada. La oferta económica igualaba la de Accenture, así que en un principio Laura no estaba interesada, pero ellos parecían muy interesados, le invitaron a una entrevista y ella fue, para conocer un poco el tema, darse a conocer y básicamente quedar bien. La entrevista fue muy bien, pero Laura sabía que sus expectativas económicas superaban las de la oferta, así que no tenía muchas esperanzas. Una semana más tarde, la llamaron para decirle que la querían en su equipo y que habían pensado en un puesto distinto para ella. Total, fue a otra entrevista, conoció a otro de los jefes y básicamente le hicieron una oferta mucho más interesante en firme. Laura dijo que se lo tenía que pensar, pero realmente no había nada que pensar... la oferta era buenísima. Así que justo el primer día de jornada intensiva (el 17 de septiembre) confirmó que aceptaba la oferta y anunció en Accenture que se iba.... ¡oleeeeeeeeeee!

Así que desde el día 5 de octubre fue su último día en Accenture. Sus compis le regalaron un reloj de DKNY y una tarjetita hecha por ellos mismos, muy emotivo todo... si es que el ambiente allí era espectacular y Laura sabía que les echaría mucho de menos, peeeeeero... había que mirar hacia adelante y el 8 de octubre, Laura empezó a trabajar en Linguaserve. Los primeros días han sido estresantes, pero poco a poco va cogiendo ritmo y la cosa le va gustando cada vez más, así que está contenta. Además, está muy cerquita de casa y tiene tiempo de ir al gimnasio, lo cual la tiene también muy contenta… ya os iremos contando qué tal le va, pero en principio la cosa pinta muy bien.

Y además de este cambio radical, hemos hecho más cosas... os contamos algunas.

El sábado 15 de septiembre estuvimos en Alcobendas, en casa de Jesús, Eriko y Sora con Rubén y Noelia. Allí hicimos una especie de quedada gastronómica y básicamente nos pusimos las botas: Rubén y Noelia trajeron vinito, Jesús preparó buñuelos de bacalao, Eriko preparó gyozas, Luis preparó albóndigas suecas y yo preparé escalivada... y todos juntos preparamos takoyaki, ^_^. ¡Qué rico estaba todo! Después de comer y de jugar con el pequeño Sora, nos fuimos al Starbucks a tomarnos algo... ¡fue un día estupendo!

El viernes 21 de septiembre fuimos al teatro (con entradas gratis que nos pasaron Tom y Karen, que no podían ir) a ver "Hijos de su madre" una comedia escrita y dirigida por Antonia San Juan. Extraído de Atrapalo.com: "`Hijos de su Madre´ es una comedia aguda que combina humor, diálogos punzantes llenos de ironía y sarcasmo con un texto repleto de sorpresas en un viaje alrededor de la pareja (la amistad, la seducción, la familia), donde el espíritu de la directora se deja entrever en cada palabra, en cada gesto, incluso en cada silencio. Todo ello se combina a la perfección con canciones en directo que Antonia San Juan engarza de una manera acertada, interpretadas por el actor y cantante Félix Navarro. Una galería de personajes inigualables en lo que, el público reconoce en ellos desde el principio a su cuñado, a su suegra, a su vecino, a su amiga íntima... Unos intérpretes eficaces a los que la directora por su condición de actriz consigue sacarles el mayor rendimiento logrando unos resultados realmente sorprendentes. Los tres actores se multiplican llenando el escenario con diez personajes diferentes. Uno de los actores Luis Miguel Segui da vida a Leo uno de los personajes de la serie `La que se avecina´." Pues eso, pasamos un buen rato en el teatro...

El sábado 22 de septiembre fue la segunda Noche en Blanco de Madrid. Nos juntamos con Almudena y Mario (él era compañero de curro de Laura en Accenture) para afotar la noche. Primero fuimos a cenar a ‘Prada a tope’ y cuando salimos, ¡sorpresa! Estaba lloviendo... así que esperamos un poco, afotamos un poco bajo la lluvia... un desastre, la verdad. Al final la lluvia nos dio una tregua y pudimos pasear por Cibeles, la Puerta de Alcalá, Recoletos, Colón… hay fotos colgadas en la página de MyMultiply de Laura, para que os hagáis una idea de lo que vimos/hicimos.

El fin de semana del 29-30 de septiembre, subimos a Igualada a ver a la familia de Laura. Estábamos los dos un poco enfermitos, con un gripazo bastante importante, pero ya que teníamos los billetes… Por desgracia, no pudimos ver a Edu y Neus, que estaban fuera de la ciudad, pero sí que pudimos ir a tomar una cañita con Ester y Jordi, a los que hacía mucho que no veíamos, y también pudimos ir a achuchar un poco al rey de la familia, el pequeño Oriol, hijo del primo de Laura, David y Nuria, un niño guapísimo y muy sonriente. ¡Se nos caía la baba a todos!

El viernes 12 de octubre, visita guiada teatralizada por el Madrid de Alatriste, con Mauro y Maite (bueno, y el pequeño Ángel desde la tripita de la mami) y una pareja de amigos suyos, Irene y Pedro con su peque Ana, una monada de cría. La visita empezó a las 19h de la Plaza Mayor y duró un poco más de hora y media… nos dimos un buen paseo por callejuelas del Madrid antiguo, nos contaron un montón de cosas interesantes y vimos algunas escenas representadas en vivo relacionadas con el Capitán Alatriste. Muy divertido y recomendable, sinceramente. Después de la visita, se juntaron Miguel Ángel y Cami con su niña Lucía y fuimos todos a cenar al Foster Hollywood de Opera. Allí comimos y charlamos y ale, cada uno a su casita.Aquí os dejamos con un par de fotos extraídas de la página de MuniMadrid, para que os hagáis una idea de la visita guiada teatralizada.

Aquí tenéis al Capitán Alatriste en apuros:

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Y aquí la escena final:

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Al día siguiente, quedamos con otro amigo, Edu, para ir a cenar a un restaurante griego llamado Milos . Nos pusimos las botas con una selección de entrantes de la casa y un plato principal cada uno (estaban todos buenísimos). Además, en el restaurante bailan syrtaki a ratos durante la cena, así que fue muy divertido. Al salir, decidimos ir a un bar cercano llamado La Flauta Mágica, donde justo en ese momento había el segundo pase de cuentacuentos, ¡ole! Escuchamos dos cuentos, contados por dos mujeres distintas, y nos reímos un buen rato... ¡qué divertido! Nos tomamos unas copas, charlamos un poco más y a dormir...

Y de momento eso es todo… Nos quedan unos pocos capítulos de Japón, que iremos colgando entre esta semana y la siguiente… y esperamos que el blog vuelva a la ‘normalidad diaria’ prontito. Hasta entonces, nos leemos.

Un besito,

Lau y Luis

sábado, 13 de octubre de 2007

Lost in Traslation V - Okayama, Takamatsu y Tokushima

Lost in Translation V – Okayama, Takamatsu y Tokushima

Sábado 11 de agosto

A las 8h de la mañana, nos despertamos, duchamos y desayunamos otra vez a lo japonés, con arroz, pescado, sopa miso casera (¡con calabaza! está buenísima) y tamagoyaki (tortilla enrollada de huevo). ¡Peaaaacho desayuno!

Lo recogemos todo y ale, vamos a la estación de shinkansen de Kagoshima, donde Yuko y Midori adquieren un billete especial para poder entrar hasta las vías y acompañarnos todo el rato. De hecho, nos acompañan tanto que hasta entran en el shinkansen para verlo por dentro jejejejeje.

Puntualmente, a las 10:16h el shinkansen se empieza a mover, decimos adiós a Yuko y Midori y nos vamos hacia Shin-Yatsuhiro, para cambiar ahí de tren e ir hasta Hakata, exactamente como habíamos hecho un par de días antes. En Hakata, como tenemos una hora de tiempo, sacamos algunos billetes de tren para días posteriores (aunque hay muchísima gente, muchas familias viajando por el Obon, mucho ruido y mucho estrés) y pasamos por una típica tienda de eki-ben (comida preparada para comer en el tren, que presenta variedades típicas de la zona) y nos compramos un eki-ben para el tren.

El tren va a tope (como se nota que es Obon), así que nos ha tocado separados, pero bueno, cada uno toma su eki-ben (¡está delicioso!) y dormimos un buen rato hasta llegar puntualmente a Okayama. En dos minutos, llegamos al ryokan, donde hacemos el check-in y nos explican que si llegamos más tarde de las 00:00h que no hay problema, que nos quedemos la llave entonces, porque la recepción sí que estará cerrada. Pues vale. (Por cierto, Lau vuelve a dejar impresionado a Luis, porque toda esta explicación y preguntas y demás, es todo en japonés, ¡claro!).

Nos dan la habitación 301, muy espaciosa y con su baño privado. Los futones, eso sí, están ‘sólo’ semi-preparados, no como en el ryokan de Beppu, donde las abuelillas entraban a la habitación y lo organizaban todo para la noche, jejejejejee. Dejamos las cosas y volvemos a salir para coger un tranvía enfrente de la estación que nos acerque al castillo de Okayama y a uno de los parques más famosos de Japón, el Kôraku-en. Total, que pagamos 140¥ y nos bajamos en la parada de Shiro-shita para ver ambas cosas.

Cruzamos el puente Tsukimi-bashi para ver de cerca el Okayama-jo (castillo de Okayama), pero decidimos no entrar, pues no tenemos mucho tiempo y tampoco queda mucho del castillo original. Además, preferimos visitar el que, según los japoneses, es uno de los 3 jardines más bonitos de Japón y que en teoría (más tarde explicaremos ese ‘en teoría’) cierra a las 17:30h: el Kôraku-en, que literalmente significa “jardín para disfrutar después", que proviene de un proverbio chino que dice que 'el señor debe sufrir antes que el pueblo y disfrutar después que él'. Este jardín fue construido entre 1687 y 1700 y gran parte de su atractivo reside en su amplia zona alfombrada de césped, aunque también tiene bonitos estanques, una colina en el centro, un mini-puente en zig-zag, una curiosa y diminuta plantación de té, un trocito de arrozal y el Okayama-jo al fondo. Es todo precioso, sinceramente… una preciosidad de jardines.

Además de todo esto, visitamos el escenario nô, el pequeño edificio Ryuten, nos relajamos los pies en un onsen de pies, cruzamos el mencionado puente en zig-zag Yatsu-hashi (sobre el que está Luis en la foto), nos acercamos a la plantación de té y la de arroz... En fin, que lo disfrutamos mucho. Eso sí, durante toda la visita a los jardines, escuchamos como un grupo de música ensaya en un escenario colocado a un extremo del parque… ¿Habrá concierto hoy? ¿Habrá que pagar extra? ¿Podremos quedarnos pasadas las 17:30h? Aquí tenéis a Luis, en un divertido puente en forma de zig-zag:


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Dudas y más dudas nos acechan, mientras se acercan las 17:30h y allí no cierra ni el tato. Vemos luces y pensamos que el parque siempre está muy bien iluminado… pero no. Además, vemos muchas chicas vestidas con yukata, lo que suele indicar algún tipo de celebración (sino, mirad la foto).

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Finalmente vamos entendiendo que no, que hay un festival, y que por esa razón a las 17:30h todavía no ha cerrado el parque, hay luces especiales por todos los jardines, el espectáculo de música, los puestos de comida y bebida… Descubrimos (porque realmente no teníamos ni idea), que durante dos semanas en verano el jardín se ilumina por la noche y además hay conciertos de jazz y actuaciones en vivo. Total, que contentísimos, aprovechamos este festival al máximo: cogemos unas cervezas, unos yakitori (pinchos de pollo y cebolla con salsa estilo barbacoa), unos yakisoba (fideos fritos), unos onigiri (bolas de arroz), sushi, karaage (pollo rebozado)… ¡nos ponemos las botas! Mientras disfrutamos del concierto en directo y vemos cómo cae el sol y cómo empieza a iluminarse el jardín. El ambiente es maravilloso… jejejeje, mirad, mirad, cervecitas y comidita:

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Bien cenados y contentos, ^_^, damos otro paseo por el jardín para ver la iluminación específica para este festival, ¡está precioso! Ver el jardín por la noche es un espectáculo realmente increíble. El ambiente también merece la pena, familias enteras, parejas en yukata… todo el mundo disfrutando de la iluminación.

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Al final, vamos andando, paseando tranquilamente, hasta la estación, donde aprovechamos que la oficina todavía está abierta y no hay mucha gente para reservar todos los billetes de tren que nos faltan hasta llegar a Tokio. Además, aprovechando que estamos en la estación, miramos horarios para ir mañana a Takamatsu y Tokushima y ale, volvemos al ryokan a prepararnos un ofuro calentito, nos ponemos los yukatas para dormir y… ¡a roncar!

Domingo 12 de agosto

Nos levantamos, nos duchamos y vamos a asegurarnos de que hemos entendido bien a la mujer de recepción, que eso de que podamos llevarnos la llave, que la recepción por la noche esté cerrada pero que la entrada esté abierta nos suena muy raro. Pero sí, sí, Laura lo había entendido todo bien, así que nos quedamos la llave (tenemos previsiones de llegar pasada la media noche) y vamos a la estación a pillarnos algo de desayunar en unas famosas pastelerías llamadas "Vie de France", donde entre bollos de curry, de mostaza y de fideos fritos hay también napolitanas de chocolate de toda la vida. En fin, a las 9:04h cogemos el tren a Takamatsu y después de cruzar el puente Seto-ohashi y de ver un paisaje fantástico (que une la isla de Honshu con la isla de Shikoku), llegamos a Takamatsu.

Desde la misma estación, cogemos un bus de línea al Ritsurin-koen, uno de los jardines que aunque no está en el “Top 3”, lo cierto es que merecería formar parte del mismo. Este jardín, que data de mediados del siglo XVII (tardaron más de un siglo en terminarlo) se distribuye en una serie de estanques, con miradores, salones de té, puentes e islas.

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Damos una graaaaaaan vuelta, los vemos absolutamente todo y unas cuantas horas después cogemos el autobús de vuelta a la estación. Se nos ha hecho bastante tarde y no encontramos un restaurante interesante, así que acabamos en un Freshness Burger (una hamburguesería japonesa un poco más ‘fina’) y comemos unas hamburguesas con teriyaki, jejejejeje. Cansados, pero con muchas ganas, vamos al andén nº3 de la estación de Takamatsu para coger un tren local a Tokushima. Aunque no hubiese números en los andenes, sabemos exactamente a qué andén tenemos que ir: ¡el que está más petado de gente! ¿Y por qué hay tanta gente? Pues porque en Tokushima hoy se celebra uno de los festivales más conocidos de Japón: el Awa-Odori, un festival en el que grupos de gente vestidos con yukatas y trajes típicos bailan la danza awa. ¡Cachondeeeeooooo!

Nos ponemos a la cola, pero con mentalidad española, es decir, que cuando llegue el tren esto va a ser ‘gilipollas el último' (los japoneses son los primeros que actúan así, así que no nos sentimos tan culpables). Total, llega el tren y codazos por un tubo. Entramos, sí, aunque no conseguimos sentarnos… En fin, una hora después, y con calor infernal (el aire acondicionado no puede bajar la temperatura con toda la gente que va en el tren) llegamos a Tokushima. Vamos a la oficina de información turística, en la que no tienen absolutamente nada en inglés (ni un mapa, nada), así que lo pillamos todo en japonés y nos apañamos bastante bien, sinceramente. Cerca de la estación, nos encontramos ya con ambiente “Awa-Odori”, pues vemos como un grupo está haciendo una demostración de la danza: chicas guapísimas vestidas con preciosos y coloridos yukatas e imposibles sombreros de paja, niños pequeños, hombres mayores... todo el mundo baila.

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Damos un par de vueltas por la zona para ubicarnos y decidimos sentarnos en unas gradas de asientos no reservados a esperar… ¡dos horas! Eso sí, agradecemos habernos sentado, porque al rato todas las gradas estaban llenas, ya, jejejeje. Las dos horas pasan rápido, porque vemos a grupos de gente yendo y viniendo, ya vestidos, preparándose para el festival.

Con auténtica puntualidad japonesa, a las 18h da comienzo el festival y al final de la calle se sitúa un primer grupo de participantes. ¡Espectacular! Las chicas, con sus yukatas coloridos, bailan de puntillas con sus sandalias de madera geta, con poses imposibles. Otras chicas y chicos hacen el chorra, bailando al más puro estilo de danza de obon, mientras detrás se sitúan los músicos tocando el taiko (tambor), shamisen (bajo japonés de tres cuerdas), fue (flautas)… ¡una maravilla! Muy, muy divertido, además de muy espectacular:

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Después de muchas horas viendo a gente bailar, gritando y cantando nosotros también, comemos algo en los puestos de comida del festival (el mejor yakitori de nuestras vidas, ¡increíble!) y decidimos ir a la estación, a ver si podemos coger un tren anterior al que teníamos planeado coger (que llega muy tarde a Okayama), pero… nothing de renothing. Sí, Japón puede ser uno de los países más planificadores y organizados del mundo, pero se nota que Tokushima no es Tokio, porque aquí… ¡nos toca esperar una hora y media! Es increíble. Saben que hay uno de los festivales con más visitantes del país, que recibe miles y miles de personas (según se dice, hasta un millón de personas)… ¡y no refuerzan el servicio, y los trenes que hay a Takamatsu, cada hora y media, son de sólo tres vagones! Total, nos sentamos en el suelo, en una de las zonas que marcan la entrada de un tren a esperar… qué desastre.

Finalmente, a las 22h, llega el tren y como entramos los segundos podemos sentarnos, gracias a los kamisamas. Eso sí, el tren va petadísimo, la gente borrachíiiiisima y se nos hace un trayecto larguíiiiiiisimo. Encima, va con retraso y los últimos minutos son de infarto, porque el tiempo para cambiar a otro tren que nos lleva a Okayama es cada vez más justo… hasta que al final vamos tarde-tarde y ya nos vemos durmiendo en un love-hotel o en un Internet-cafe de Takamatsu. Peeeeeero, ahora sí que Japón se comporta como Japón y cuando llegamos a la vía 3, salimos corriendo (con otras personas) dando codazos para llegar al tren que nos espera en la vía 6. Debería haberse ido ya, pero como nuestro tren iba con retraso y sabían que probablemente había gente que tenía que cambiar, el tren nos ha esperado. ¡Fiiiiiiiu!

Pasada la media noche llegamos por fin a Okayama. Paramos en el Lawson (benditos konbini japoneses, en cada esquina y abiertos 24 horas) a comprar algo de beber y al ryokan. Efectivamente, la recepción está cerrada, pero la puerta del ryokan no, así que perfecto, cogemos la llave del bolso y ale, a la habitación. Cargamos baterías (hemos gastado todo), descargamos tarjetas, nos damos un ofuro calentito y a dormir, que mañana nos vamos a Kyoto. Estamos muy cansados, pero ha sido un día increíble: los jardines en Takamatsu preciosos y el Awa Odori de Tokushima una pasada, qué festival más chulo. Laura no para de decir que se ha convertido en su festival preferido de Japón. Y vamos a dormir con la musiquita del festival metida en la cabeza… ¡oyasumiii!

Próximo capítulo: Kyoto

jueves, 27 de septiembre de 2007

Lost in Traslation IV - Kagoshima

Lost in Translation IV - Kagoshima

Jueves 9 de agosto

A las 8:30h hacemos el check-out (recordad, estamos en Beppu, ciudad balneario) y vamos directos a la estación donde cogemos unos onigiris (bolas de arroz con distintos rellenos) y unos cafés en lata para desayunar tranquilamente en el tren, un Sonic 14 a Hakata. El tren para en Kokura, y como sale en sentido contrario hacia Hakata, giramos los asientos, para seguir en el sentido de la marcha hasta Hakata.

En Hakata cogemos el Relay Tsubame para ir hasta a Shin-Yatsuhiro, ya que el shinkansen directo entre Hakata y Kagoshima está todavía en construcción en este primer tramo, aunque mientras vamos con el tren, a menudo vemos las vías y viaductos en obras del shinkansen. Pero tampoco vemos mucho porque aprovechamos para dormitar un poquito por el camino después de tomar un zumito por la patilla (es lo que tiene el ‘green car’). En Shin-Yatsuhiro tenemos que cambiar de tren otra vez: cogemos el moderno shinkansen Tsubame a Kagoshima, un tren muy moderno, con cortinillas de bambú, y muy espacioso.

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Llegamos a Kagoshima, donde están Yuko y su madre Midori esperándonos en la estación. Cogemos el coche y de camino a su casa, paramos a lo alto de las colinas de la ciudad para hacernos unas fotos con el volcán (activo, que no para de echar humo, y a veces hasta ceniza!) Sakurajima al fondo, ¡cómo mola el volcán!

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Dejamos las cosas en su casa, tomamos un tecito, les damos unos regalitos que hemos traído de España y ale, nos vamos al puerto de la ciudad a coger el ferry al volcán Sakurajima. En el ferry hacemos lo típico, es decir: ¡comer udon y soba con tempura! Jejejejee… entre el viento y la sopita, nos ponemos todos un poco guarrines, manchándonos la ropa, pero no importa, ^_^. Luis disfruta de su tempura udon y Laura de su tempura soba… ¡qué rico!

En poco más de quince minutos, llegamos a la estación de Sakurajima, por lo que sacamos el coche y vamos e dirección a uno de los puntos mirador de la isla, donde también hay un parque llamado 'Dino-Park' lleno de reproducciones de dinosaurios, pero de un cartón piedra que tira para atrás de cutre... Sí, nosotros nos hacemos la misma pregunta, por qué hay un parque de dinosaurios en las colinas del volcán... ni idea.

Total, que paseamos un rato por ahí, hacemos fotos serias (del paisaje) y frikis (de los dinosaurios) y volvemos a coger el coche para ir a otro mirador, algo más cercano y en uno de los puntos más altos (y en el que el acceso todavía está permitido) de la isla. Allí hacemos más fotos de rigor… al final, sin embargo, todas las fotos son iguales, pero cuando estás allí, no puedes dejar de hacer fotos al espectacular volcán.

Cogemos el coche de nuevo y vamos a ver la escultura de un famoso músico hijo de Sakurajima, que logró congregar en la isla unas 75.000 personas en un concierto multitudinario (lo que puso a prueba el buen funcionamiento de los ferries, jejejejee). De ahí nos vamos a una zona ya algo más alejada, pero en la que hay una especie de onsen para meter los pies, parecido a lo que contábamos de Beppu, y no veáis qué descanso!

Finalmente, acabamos en el Furusato Onsen, un baño termal natural situado al lado del mar. Normalmente, en los onsen normales uno va desnudo completamente, pero como este onsen es también un santuario sintoísta, y tiene su torii, para mostrar respeto a los dioses, los bañistas tienen que llevar un yukata de algodón. Eso nos permitió poder estar todos juntos en el onsen y disfrutar del relax que proporcionan las aguas termales naturales y del bello espectáculo de estar al lado del mar… ¡precioso de verdad!

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Después de pasar un buen rato en el Furusato Onsen, nos cambiamos y duchamos y cogemos de nuevo el ferry a Kagoshima. Se nos ha hecho bastante tarde, por lo que vamos al edificio del antiguo ayuntamiento, hoy convertido en espacio para restaurantes, a un restaurante bastante conocido y especializado en shabu-shabu.

Y allí, naturalmente, comemos shabu-shabu y ramen de Kagoshima, ¡qué deliiiiiiiicia! El shabu-shabu es un plato muy típico de la cocina japonesa y que en Kagoshima están orgullosos por su versión local. Básicamente se trata de cocinar, en la propia mesa, finas tiras de carne (carne de cerdo ‘negro’, en el caso de Kagoshima, parecido al ibérico español) con setas, tofu y otras verduras en un caldo de dashi hirviendo. Cuando la comida está lo suficientemente cocida, se moja en un bol con salsa ponzu y ale, ¡a disfrutar! Está realmente rico, menos dulce que el sukiyaki (un plato del mismo estilo, pero sabor bastante diferente), pero igual de sabroso. Los ramen, por otro lado, son fideos de origen chino degustados en sopa. Nosotros, primero comimos shabu-shabu y cuando ya nos habíamos terminado la carne y todas las verduras, cocinamos en el mismo dashi el ramen… ¡qué ricooooooooooo! Se nota la cara de disfrute que tenemos, ¿verdad?

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Con el estómago llenísimo, y muy cansados, llegamos a casa y directos al futon a dormir… ¡buenas noches!

Viernes 10 de agosto

Nos levantamos y hacemos un desayuno típicamente japonés, aunque el arroz no es blanco, sino ‘rojo’(sekihan), un tipo de arroz que se utiliza para las celebraciones (y celebramos que estamos todos juntos en Kagoshima, ^_^). Arrocito, pescadito, sopa casera de miso… ¡un lujazo!

Después, vamos con Yuko a reservar los billetes del día siguiente, que ayer con la emoción de ver a Yuko y a Midori se nos olvidó, ^_^. Se nota que ya estamos en Obon (festividad japonesa de recuerdo a los muertos, durante la cual las familias se reúnen), porque tenemos por primera vez en todo el viaje (y última, todo hay que decirlo), problemas para reservar en los trenes que queremos. Finalmente lo conseguimos, aunque en Hakata tendremos que esperar una hora para poder coger el siguiente tren, en fin...

Vamos en coche a recoger a la madre de Yuko (que se ha quedado en casa limpiando los cacharros del desayuno) y vamos todos juntos a unos jardines de estilo japonés, el Iso Teien (también llamados Sengan-en), que empezó a diseñar en 1658 el 19º señor de Shimazu y que tiene como particularidad unas preciosas vistas del volcán Sakurajima (lo que se ha considerado ‘paisaje prestado’ del jardín). Es especialmente interesante el arroyo donde el 21º señor de Shimazu celebraba veladas poéticas, en las cuales los invitados debían componer un poema antes de que la corriente del agua les acercara su siguiente copa de sake. En medio del jardín se encuentra Shimazu-ke, mansión que en el pasado fue residencia del clan Shimazu.

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Después de miles de fotos, ^_^, cogemos el coche y ale, ¡carretera y manta! Bueno, manta no, que hace calor, pero vamos hacia el sur de la península de Kagoshima y tenemos un ratito de viaje. Lo cierto es que no se hace largo para nada, porque vamos siempre paralelos al mar y podemos ir viendo cómo nos alejamos del volcán Sakurajima, viéndolo desde perspectivas distintas. A medio camino, paramos en un mercado de carretera a descansar un poco, hacer cuatro compras y tomar algo. Las vistas del mar son sencillamente preciosas.

Cogemos el coche de nuevo y vamos hacia un pueblecito situado cerca del monte Kaimon, famoso por sus restaurantes de somen-nagashi. Y naturalmente, vamos a comer somen-nagashi en un restaurante en plena naturaleza, rodeado de árboles y arroyos, con carpas nadando libremente, estanques y hasta un santuario. Allí, pedimos onigiris (bolas de arroz), inari-zushi (bolsitas de tofu frito rellenas de arroz), sashimi de carpa en salsa miso-zu (parecida a la mostaza) y naturalmente, somen-nagashi: fideos somen que dan vueltas y vueltas por un artilugio circular lleno de agua situado en cada mesa, para asegurar que los somen estan fresquitos, que es como se deben comer. Muy bueno todo y ¡muy divertido! Los somen venga a dar vueltas y vueltas por el agua y nosotros venga a cazarlos con los palillos, mojarlos en un cuenco con salsa de soja y venga a comer… J

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Con el estómago bien lleno y después de que Midori hiciera algunas compras más (especialmente para Lau ha comprado satsuma-imo, es decir, batata de Satsuma –antiguo nombre de Kagoshima-, que a Lau le encanta en tempura…), cogemos el coche de nuevo y vamos hacia Ibusuki. En el camino, eso sí, paramos a orillas del lago Ikeda para ver el llamado 'Monte Fuji de Satsuma’, es decir, el monte Kaimon, y hacer algunas fotillos:

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Cogemos el coche de vuelta y vamos directos a Ibusuki, destino turístico famoso por sus baños de arena volcánica, ¡y para allá que vamos! Eso sí, antes nos encontramos con una amiga de Midori, propietaria de uno de los ryokan más exclusivos y caros de la zona, que nos invita a visitarlo más tarde. Total, nos dan un yukata, nos cambiamos en los vestidores, nos juntamos todos en la playa con nuestros yukatas puestos y bajamos a la zona especialmente reservada para los baños de arena volcánica. Allí, literalmente nos entierran en arena caliente durante 10-15mins (es el máximo recomendado)… ¡y venga a sudar! Es una experiencia rara, porque realmente sientes que tu cuerpo está sudado y desprendiéndose de toxinas... ¡y la arena es muy pesada! Laura parece que se lo pasa bien, mientras que Luis está casi asfixiado :D

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Pasados los minutos recomendados, salimos y Luis por su lado, las chicas por el otro, nos lavamos, limpiamos y duchamos y nos relajamos unos minutitos en el onsen de aguas termales naturales. Seguidamente, nos volvemos a juntar todos, cogemos el coche y visitamos el súper-ryokan de la amiga de Midori, ¡qué lujazo!

Cogemos el coche, paramos a comprar cuatro cosas para la cena, entre ellas chuhai, que se le ha antojado a Luis (es una mezcla de shochu, un licor típico japonés parecido al vodka, con zumos de frutas) y llegamos finalmente de vuelta a casa en Kagoshima. Allí, mientras nosotros descansamos y pasamos fotos, Yuko y Midori preparan un tempura delicioso… ¡qué delicia! Nos encanta el tempura de Midori, sobre todo porque tiene satsuma-imo, jejejejejejee… Ñam, ñam, ñam… Además, disfrutamos de la cena con el chuhai que habíamos comprado antes (de tres sabores diferentes!). Qué rico todo jejejeje... Además, como escuchan que Luis se pirra por el Calpis (una bebida refrescante típica japonesa, con un toque lácteo, y resulta que han comprado la última versión sacada por la empresa, con sabor a melocotón, sacan una jarrita y Luis se pone las botas de Calpis sabor melocotón).

La cena es divertida y entretenida, pues hablamos de muchas cosas. Entre ellas, la afición que Midori tiene por los kimonos. La mujer se emociona cuando se da cuenta de que Luis conoce bien el tema de los kimonos y le empieza a enseñar fotos de sus reuniones mensuales (una vez al mes, ella y sus amigas se juntan con sus kimonos para comer) y a hablar de kimonos, ¡es muy divertido! La sorpresa llega cuando nos regalan un yukata para Lau y un jimbei para Luis. Emocionados, nos los probamos, pero las chicas no tienen suficiente con hacernos fotos en la casa, así que nos obligan a coger el coche e ir a una zona nueva del puerto, para hacernos una sesión de fotos, jejejejeejeje (y vaya verguenza!!!). Eso sí, guapos estamos un rato jejeje

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Después de un buen rato paseando, charlando y haciéndonos fotos con los yukatas, volvemos a casa donde hacemos la maleta y ale, ¡a dormir! Que mañana tenemos medio día de viaje hasta llegar a nuestro siguiente destino: Okayama.

Próximo capítulo: Okayama, Takamatsu y Tokushima

sábado, 22 de septiembre de 2007

Lost in Traslation III - Beppu

Lost in Translation III - Beppu


Miércoles 8 de agosto

Después de remolonear un poco, vamos a desayunar al Mister Donuts de la estación de JR, ya que a Luis le encantan los donuts. Al salir, nos acercamos a la oficina de información turística, a comprar un pase de autobús de todo un día y ale, a la estación de autobuses. Cogemos el nº 5, uno de los que nos han recomendado para llegar a una de las atracciones turísticas más importantes de Beppu: los ‘jigoku’ o infiernos en español, maravillas geotérmicas creadas por las fuentes de aguas termales naturales que se encuentran en la zona.

Compramos un pase para verlos todos y ale, empezamos por uno de lo mejores, el Umi Jigoku (infierno marino). Entramos y la naturaleza nos sorprende, pues las montañas que nos rodean están repletas de árboles muy verdes y frondosos, es una maravilla. El olor es raro, no sabemos cómo describirlo, pero desde luego no huele “bien”, sino más bien a huevos podridos. No sabemos muy bien por qué es pero al acercarnos más a la zona central del jigoku lo descubrimos: un estanque de vaporosa agua azulada. Como las temperaturas del agua rozan los 100º, tienen ahí un cazo donde hervir huevos, jajajajjaa… ¡qué bueno! Aquí lo tenéis:

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En la parte alta de la montaña también hay un estanque de fango de color rojizo, que echa una peste considerable, ¡qué asco! Y cerca, eso sí, hay un “onsen de pies”, es decir, un espacio reservado con agua termal natural que sirve para remojarse los pies y relajarse. Y para allá que vamos, ¡fuera zapatos! Ay, qué relajación para nuestros pies...

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A continuación vamos al Oniishibozu Jigoku (infierno de los monjes), que presenta una gran variedad de estanques con agua fangosa de color blanquecino que al hervir da forma a unas burbujas que recuerdan las cabezas rapadas de los monjes (o eso dicen los japoneses, ^_^). La verdad es que es muy divertido ver cómo se forman las burbujas y explotan en el aire. Aunque por si acaso, nos ponemos a cierta distancia, que no queremos acabar llenos de barro hirviendo :D Las burbujas son muy graciosas, eso sí:

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Seguidamente vamos al Yama Jigoku (infierno de la montaña), que es básicamente “vapor”, pues el vapor se cuela por cualquier piedra y cualquier pequeño estanque de agua que hay en la zona. Mirad, mirad:

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Tienen unos cuantos animales (a modo de zoo) aunque bastante hacinados, lo que sinceramente no nos gusta nada… ¡pobres bichos! Nos apenamos especialmente de este pobre hipopótamo que casi no tenía espacio:

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Después llegamos al Kamado Jigoku (infierno del horno), que es el más hortera de todos. En la entrada, hay una figura bastante cutre y hortera de un diablo enorme que hace de cocinero, pues los estanques de este infierno se utilizan para cocer huevos, cocinar flanes y cosas parecidas… ¡y la gente ahí comiendo huevos duros de un color negruzco asqueroso! La verdad, nos daba un poco de asco, jejejeje. Y para que veáis que no somos unos exagerados, aquí tenéis una foto de la entrada:

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Y aquí una de Lau, intentando (y sí, decimos bien 'intentando') beber agua del infierno, aunque... ¡estaba asqueroooooosaaaaaaaa!

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Y aquí tenéis el estanque principal del Kamado, con los huevos cociéndose...

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Además del bonito estanque de aguas cremosas, el Kamado Jigoku tiene un área un poco más desagradable, con estanques de barro que se tiran eructos, jajajajajajaa... ¡qué sonidos más raros hacían las burbujas de barro al estallar!

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Seguimos con el Oni-yama Jigoku (infierno del diablo de la montaña), que básicamente es un criadero de cocodrilos. Dicen que el ambiente y las aguas termales son perfectos para criar cocodrilos, y no lo dudamos, pero no sé, tenerlos ahí en jaulas, pobrecitos, daban bastante pena, sobre todo porque también están bastante hacinados. Aquí tenéis el estanque principal, sin cocodrilos:

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Vamos al Shiraike Jigoku (infierno del estanque blanco), que es realmente precioso: un estanque de agua lechosa de color azulado. Muy bonito de verdad. Ahí nos sentamos un rato a descansar y acabamos charlando con una familia japonesa al completo... y el niño pequeño, que tendrá unos tres añitos, practica inglés con nosotros diciéndonos un dulce "thank you" cuando Luis recoge algo que se le ha caído al suelo... ¡qué mono! El shiraike, uno de los jugokus más bonitos:

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Para ver los dos últimos infiernos, tenemos que coger el autobús nº 16, así que vamos a la estación de la zona y cogemos el bus. En pocos minutos llegamos al Chi-no-ike Jigoku (infierno del estanque de sangre), que como su nombre indica tiene un gran estanque de agua de color rojo… muy bonito, la verdad, aunque desprende el mismo mal olor que todos los demás, ^_^. Eso sí, también hay "onsen de pies", y rauda y veloz, Laura se descalza para darles un descanso a sus cansados pies. Aquí tenéis el estanque principal, ciertamente de color sangre:

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Finalmente vemos el Tatsumaki Jigoku (infierno de la tormenta marina), que no es más que un geiser. Para verlo, tenemos que esperar unos diez minutos, pero finalmente el agua aparece, ¡qué barbaridad!

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Al final, se nos ha hecho bastante tarde, así que cogemos el nº 16 de vuelta al centro de Beppu y buscamos un sitio donde comer. Es tarde y parece que en esta ciudad la gente no come fuera, porque hay un montón de sitios cerrados. De camino, sin embargo, encontramos un farmacia regentada por una abuelilla japonesa muy entrañable, ^_^, y le pedimos a ver si nos puede dar algo para aliviar la piel: es que, con tanto sol y tanto calor, nos hemos achicharrado un poco. La mujer piensa y piensa, porque claro, en este país donde está de moda estar "blanco" (y las mujeres, sobre todo, se protegen en verano con guantes y gorros y de todo), pero al final encuentra una loción de aloe y hojas de melocotón, nos dice, que va muy bien. Nos la deja probar y cuando le decimos que nos la quedamos (porque es muy refrescante y se nota que va bien), nos dice que aprovechemos y nos pongamos más del tarro de muestra… ¡qué mona! Y mira que al verla, desde fuera, a Laura le daba un poco de miedo entrar, por aquello de que no sabía si se entenderían, pero al final, no ha habido ningún problema (apunte de Lau: creo que Luis se ha quedado todo sorprendido otra vez, ^_^).

Al salir, seguimos buscando restaurantes, pero ¡está todo cerrado! Al final, acabamos en la planta siete de unos grandes almacenes, dedicada a restaurantes, y entramos en uno especializado en omuraisu (tortillas rellenas de arroz). Pedimos el setto, que lleva una bebida, una sopa fría y una ensalada que Laura ni prueba, porque el aliño parece 'baba de caracol' (sus palabras), jejejejejee. Luis se pide bifu-katsu omuraisu y Laura chikin-katsu omuraisu. Comemos bien y como estamos cerca del ryokan, volvemos a la habitación a descansar... ¡y allí está nuestro neceser! Ha llegado, por fin, con tres días de retraso, aunque no nos podemos quejar, porque encontramos dentro dos vales de descuento de (¡ATENCIÓN!) ni más ni menos de 25€... uau, ¡qué ahorro!

Aprovechando que estamos en el hotel, enviamos por poco más de mil yenes la maleta grande a Kagoshima, ¡qué bien! Así no tenemos que estar carreteándola de aquí para allá, es muy práctico este servicio.

Descansamos un rato, mientras bajamos las fotos que hemos hecho y estas cosas. Al rato, salimos hacia la estación con la intención de coger el Ropeway. Entre unas cosas y otras son casi las 18h, pero en un principio no le damos importancia. Error. Cuando llevamos un ratito esperando tranquilamente el autobús sentados en un banco de la estación, decidimos ir a ver los horarios, por si acaso... y, como ya habréis adivinado, ya no hay autobuses "a estas horas", jejejejee. Desde luego, esta ciudad es un pueblecito, eh...

Es demasiado pronto para cenar y no sabemos muy bien qué hacer, así que empezamos a callejear un poco, paseando por los rincones más escondidos de la ciudad, hasta que nos encontramos con un Starbucks. Entramos y nos tomamos ambos un matcha frappuccino (frappuccino de té verde) y llamamos a nuestros papis, para contarles nuestras aventuras.

Al rato, decidimos ir a pasear por la playa, pero esto es Japón y en ciertas zonas, la playa brilla por su ausencia. Eso sí, hay oficinas, restaurantes, salas de juegos, etc… en fin, paseamos por la zona hasta que nos encontramos un restaurante tabehodai (buffet libre) de yakiniku (carne y verduritas a la parrilla, al estilo coreano), aunque también tienen sushi, sopas, ensaladas y postres. El precio es increíble, así que, aunque estamos bastante llenos del frapuccino de té verde, con su natita por encima, nos apetece probar el yakiniku, y más habiendo buffet libre! Así que sin pensárnoslo dos veces (o quizás una o dos sí nos lo pensamos :P) entramos a cenar. Y, sinceramente, nos ponemos las botas de carne, repollo, setas, cebolla, maíz… todo hecho a la parrilla con su salsita especial. También comemos sushi, aunque menos, y acabamos la comilona con heladitos de té verde... ¡ñam!

Llegamos al hotel con el tiempo justo para tumbarnos un ratín (poco) y prepararnos para ir al onsen privado de esta noche. A las 22h, vamos al onsen, todo de maderita y semi-abierto (está como en una terraza, para que nos entendáis). Una maravilla. Eso sí, entre que el agua está calentísima y que nosotros tenemos la piel achicharrada, nos cuesta un poco entrar, y tenemos que poner un poco de agua fría, que además, sólo estaba saliendo agua caliente! ^_^. Pero lo disfrutamos igualmente, porque es una maravilla: muy relajante.Aquí podéis ver esta maravilla de onsen privado:

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Como la noche anterior, cuando ya estamos arrugados y rojitos, nos ponemos los yukatas, devolvemos la llave del onsen y al futon a dormir… que mañana dejamos Beppu y nos vamos a Kagoshima, ¡qué ganas!

Próximo capítulo: Kagoshima con Yuko y su madre Midori