Como todos sabéis, estas pasadas Navidades hemos tenido la suerte de irnos a Nueva York por segunda vez… estuvimos en marzo y nos encantó taaaaanto tantísimo la ciudad que la escogimos como destino navideño para este año, ^_^. Y como ya es tradición, aquí tenéis la crónica que tanto nos habéis pedido por correo electrónico (nos debemos a nuestro público, jejejeje). ¡Que la disfrutéis!
Miércoles 27 de Diciembre
Llegamos al aeropuerto sin tiempo, facturamos sin más y embarcamos muy rápidamente. Eso sí, nos tienen un buen rato en el avión parados porque parece ser que el finger se ha estropeado y no pueden sacarlo, ¡fantástico! Alta tecnología... como la de la mesita/revistero del asiento de Lau, que está rota... y los de Iberia lo único que hacen es decir "lo anotaremos" y a Lau le sale la mala leche y dice "hombre, para que al menos al siguiente pasajero no tenga que comer en el aire, coño”. Pero no queremos que eso nos amargue el viaje, así que pasamos… vemos las pelis (una de ellas era "El Ilusionista", durante la cual Lau se duerme, aunque finalmente se despierta y ve justo la escena final, de manera que Luis tiene que contarle qué pasa durante toda la peli, jejejeje), Comemos, bebemos del bar e intentamos pasar el rato lo mejor posible. Por fin llegamos a NY, pasamos inmigración muy rápido, recogemos las maletas más rápido todavía y ale, a por un taxi, que hay ganas de llegar.
El viaje desde el JFK hasta Manhattan es rapidísimo y al acercarnos a la isla, las vistas son simplemente espectaculares… teníamos una cara de tontos, jajajaja. Eso sí, justo desde la entrada de Manhattan hasta nuestro hotel disfrutamos de un maravilloso atascazo de estos tan típicos que ves en las películas (en las que el prota siempre paga y se baja, nervioso, antes de tiempo y decide seguir el camino a pie... pero con las maletas, como que no, ^_^). Finalmente llegamos al Westin New York at Times Square (nombre completo del hotel, para los amigos simplemente "Westin") y alucinamos... ¡es precioso! Desde fuera es ya simplemente espectacular, como podéis comprobar:
Entramos y hay una mini recepción con sofás en las que se encuentran los chicos del bell service y de seguridad y demás. A la izquierda, unas escaleras mecánicas que suben a la recepción principal, a la derecha, los ascensores. Subimos a recepción y en un plis nos dan las llaves. Planta 19, mirando a Times Square. Genial. La habitación es una pasada, increíble y lo que ellos llaman heavenly bed (literalmente, "cama celestial", nombre registrado y todo) es realmente heavenly, jejejejeje... ¡es perfecta! De hecho, es tan brutal que ni a Luis, sentado en el borde de la cama, le llegan los pies al suelo :D Mirad:
En fin, nos damos una ducha rápida, dejamos las cosas organizadas y nos vamos a pasear por la zona. Vamos a Times Square, espectacular como siempre y decidimos ir a un restaurante al que ya quisimos ir en marzo pero no pudimos, el Island Burgers & Shakes básicamente para tomar una hamburguesa y un batido, muy peliculero (¿no os acordáis de Grease, por ejemplo?). En fin, subimos por Broadway hasta la 51 y desde ahí subimos por la novena. Llegamos y el sitio estaba petadísimo (es muy pequeñín, ^_^), así que decidimos pasear por la zona y buscar otro sitio diferente. Acabamos en un barrio denominado Hell’s Kitchen (literalmente, la cocina del infierno… dios mío, ahora que lo pienso, como el horrendo programa de Telecinco, no? Glups… Aunque Luis saca su vena comiquera y dice que ahí es donde se suele mover Spiderman). Ahí encontramos el Chelsea Grill, nos gustó y nos adentramos en él. Primero nos tomamos una cervecita en el bar, para esperar mesa, y cuando finalmente nos sentamos, flipamos con lo bueno que era el sitio. Ambos pedimos hamburguesas (ambas buenísimas) que venían acompañadas con unas patatas fritas de rejilla especialmente buenas... ñami.
Paseamos un poco más por la zona y entre unas cosas y otras se nos ha hecho bastante tarde, así que cansaditos nos vamos al hotel a relajarnos (lo que en palabras de Lau significa darse un baño en el heavenly bath, o sea, baño celestial... registrado también, ^_^) y a dormir el jet-lag.
Jueves 28 de Diciembre
Como es típico y tópico, nos despertamos a las 6h por el jet-lag, pero remoloneamos un poquito más. Preparamos café del Starbucks en la habitación, cosa que podéis ver en la foto que sigue (es gratis, hay que aprovechar, jejejeje) y nos vamos a desayunar al Metro Marché, un sitio tranquilo en la entrada de la mega-estación Port Authority (entrando por
Vitaminizados y remineralizados (y engrasados también, jejejeje) nos vamos a la tienda de fotografía que más mola en el mundo mundial, B&H, en plena zona judía (y más de la mitad de los empleados son curiosos, porque llevan el chaleco de color verde de empleados de la tienda, pero luego van con sus gafitas redondas y sus tirabuzones de judío ortodoxo).
Allí miramos y miramos cachivaches, entre ellos, un nuevo disco duro portátil, porque el que teníamos salió bastante malo, la batería no duraba ni un día y encima en Lisboa nos dio problemas, así que vamos buscando uno de los nuevos Epson, el P-3000, de 40 GB, que tiene muy buenas críticas y es muy rápido transfiriendo información. Pero resulta que no lo tienen, y acabamos pillando el P-5000, de 80 GB, que por lo que hemos probado en estos días en Nueva York, funciona de maravilla, transfiere rápido, y la batería le dura que da gustirrinín :D
Además, miramos lo último de Canon para Laura,
Volvemos entonces al hotel con todos los cacharritos, para irlos cargando y para hacernos un cafetito de Starbucks de los que hay en la habitación. Vagueamos un poco (teniendo una heavenly bed, no se puede hacer otra cosa! :D). Pero no nos quedamos demasiado rato, porque nos apetece dar un paseíto por
Allí, en la esquina de
Al ladito de
Seguimos con el paseo por
Más tiendas en las que entramos en
Finalmente acabamos en el Rockefeller Center, para echar un ojo a la archiconocida pista de patinaje sobre hielo que se coloca ahí todos los años, y que es una de las obsesiones de este viaje para Laura. Pero la cola que hay para entrar es sencillamente impresionante, así que decidimos dejarlo para otro momento. Eso sí, mientras caminábamos por ahí, un chico nos da un descuento para subir al Top of the Rock, el mirador que hay arriba del todo del Rockefeller Center. Son 2 dólares, pero válidos sólo para una entrada, así que intentamos hacerlos los encontradizos para que nos dé un segundo ticket de descuento, pero el tío se hace el sueco con un estilazo increíble! ¡Que no hay manera! Que el tío hace como que no nos ve o que no somos dignos del descuento y pasa de darnos otro cuponcito! ¡Será mamón! :))))))
Volvemos hacia Times Square, y ahí, nos metemos en un diner para comer algo. Luis se pide un sándwich de pastrami, que es carne de ternera muy fina, en salmuera y ahumada, con una libra de carne! (casi medio kilo de finas láminas de ternera!). Laura, que quiere comer sano (reíd, reíd, ^_^), se pide una ensalada de pollo rebozado picante, pero claro, esto es Estados Unidos, y el plato que le dan casi no cabe en la mesa, y tiene 9 o 10 porciones de pollo, bastante grandes, mucho queso rallado, y casi nada de lechuga. (¿dónde está la lechugaaaaaa? ¡Que yo he pedido una ensalada!) :D Nos pegan un palo impresionante al pedir la cuenta, que nos deja tiritando (y encima la camarera nos recuerda que la propina no está incluida... Cagontó con la costumbre de las propinas...). Dudamos en pedir los 2/3 de “ensalada” que Lau no se ha comido para llevar, pero al final pensamos que igualmente no nos lo vamos a comer, así que pagamos, dejamos la p*** propina de rigor y al salir se nos escapan cuatro palabritas finas... ¡teníamos que desahogarnos! ¡Vaya palo!
Y como uno de los planes de este viaje era ir a ver algún musical, nos vamos al TKTS (que ahora está en los bajos del Marriott Marquis, que en Times Square están colocando escenarios para la fiesta de Nochevieja), a ver qué cositas hay ahí. La cola que vemos ya nos tira para atrás. Desde luego, esta ciudad en Navidad es muy bonita e interesante, pero está más llena de gente que nunca, y eso lo hace todo más complicado. Además, por si fuera poco, vemos la lista de obras para las que hay entradas con descuentos, y casi todo son obras de teatro, y muy pocos musicales, y lo poco que hay es lo menos conocido. Vaya mierda, pensamos, con lo fantástico que era en marzo, que encontrabas prácticamente de todo. Y ahora una fotito de Times Square, aunque sea de noche y del día anterior :D
Pero como a Luis se le había antojado ver Les Misérables, nos vamos derechos hacia el teatro Broadhurst a preguntar si tienen entradas. Ahí vemos que para la representación de ese día ya está todo agotado, y nos dicen que sólo les quedan unas pocas entradas para la matinée del sábado, y de las más caras. Decimos que sí, total, un día es un día, y encima el sábado por la mañana es el único día que no tenemos planes hechos :D Y hale, Luis ya está contento con sus entradas, y es que desde que se enteró de que habría un revival en Broadway de este musical, de sólo 6 meses de duración, para conmemorar que se ha convertido, gracias a sus 21 años ininterrumpidos en Londres, en el musical más longevo del mundo, dijo que tenía que ir sí o sí. Además, claro, al ser un revival de estas características, el elenco de actores está muy, muy escogido, y pinta muy, muy bien…
Volvemos al hotel a descansar un rato para coger fuerzas e irnos a uno de los barrios más conocidos de Nueva York a parte de Manhattan: Brooklyn. Primera parada: Brooklyn Heights, para hacer fotos con el trípode del skyline nocturno de la ciudad desde el lateral del famoso Puente de Brooklyn… ¡que Lau tenía que ir practicando con su nueva cámara! ^_^. La verdad es que las vistas desde allí son preciosas y hacemos mil y una fotos, una maravilla:
Paseamos por Columbia Heights, una calle en pleno Brooklyn muy chula, tanto que Lau exclama con vocecilla dulce: "yo quiero vivir aquíííííí". Y es que el sitio es precioso, hay unas vistas de Manhattan que son una preciosidad, unas casas súper chulas, una calle comercial en la que tienes de todo... en fin, el barrio perfecto. Pero como va a ser que no vamos a vivir ahí, cogemos el metro hasta el extremo sur de Brooklyn, para llegar al vecindario conocido como Dyker Heights, entre las calles 83 y 86 y las avenidas
Paseamos por las calles alucinando, porque vaya friki-decoraciones… ¡y vaya caserones, eh! Ahí hay pasta por un tubo… y curiosamente, nada de vallas ni verjas ni rejas en las ventanas ni nada, es increíble. Las bandas de mafiosos atraca-casas que tanto pululan por nuestras tierras aquí se pondrían las botas, ^_^. Es curioso… en EEUU hay mucha violencia y mucha inseguridad, pero estas casas están ahí, tan abiertas, tan tranquilas… y es obvio que son casas de mucha pasta. De hecho, paseando por ahí, Laura exclama: “esto es como Wisteria Lane... de un momento a otro nos saldrá
Paseando, paseando, tenemos la suerte de cruzarnos con uno de los friki-decoradores, es decir, un vecino que también tiene su casa iluminada y decorada. Charlamos un rato con él, o más bien, empieza a charlar él con nosotros hablándonos sobre las cámaras de fotos que llevamos, y nos acaba confesando que él es el dueño de la casa a la que estábamos haciéndole fotos en ese preciso instante. Nos explica algunas historias del vecindario, como el abogado que vivía en una de las casas cercanas, que tenía una cámara escondida en un Santa Claus gigante enfocando la calle con la que él podía ver tranquilamente desde su sofá a la gente que se paraba delante de su casa y les podía fotografíar, y además hablaba a través de un micrófono, increíble! Parece ser que el abogado murió hace un par de años, pero que su hijo, también abogado, sigue con la tradición… pues si estaba en casa, a nosotros nos vio, ^_^, aunque no nos dijera nada, jejejejejee. Total, que una vez más entablamos fácilmente conversación con un estadounidense. Serán como serán, pero ya lo dijimos cuando fuimos a EEUU para nuestra luna de miel: los estadounidenses son muy simpáticos y enrollados, ¡entablan conversación enseguida!
En fin, que nos liamos. La verdad es que este vecindario es algo friki, pero ha sido una visita muy divertida, sinceramente. Volvemos a la calle principal (la 86) y vamos hacia el metro, aunque paramos antes a cenar algo, que se nos ha hecho muy muy tarde. Vemos un Burger King con refill (es decir, bebe cuanto quieras) y a Luis le hacen chiribitas los ojos, así que entramos, comemos tranquilamente y cogemos el metro de vuelta a Manhattan. Llegamos al hotel pasadas las 23h, Lau se da un bañito celestial y se queda sobada en la heavenly bed, mientras Luis se queda enganchado a un programa de la tele llamado “American Chopper” en el que se dedican a hacer motos de este estilo (chopper) a medida, en pleno Orange County.
Viernes 29 de diciembre
Empieza el día como siempre, aunque nos cuesta levantarnos… ¡la cama es taaaaaan cómoda! (y encima Luis trasnochó viendo como hacían una chopper con los colores y los logos de la hamburguesería Wendy’s, para subastarla con fines benéficos :P) En fin, vamos a desayunar al Metro Marché y como se acuerdan de nosotros, una de las chicas de la barra, Kylea, nos pregunta qué tal ayer, qué hicimos, qué planes tenemos para hoy, etc. Es tan maja que hasta nos regala dos cachitos de tarta para desayunar... Una de queso con frambuesa y otra de galletas Oreo que está que te mueres. ¡Nuestro colesterol está a punto de explotar! Y una vez más, vemos lo abiertos y simpáticos que son los americanos, oye... mola.
Remineralizados y súper-vitaminizados, vamos paseando hasta Bryant Park, una plaza-parque en pleno Manhattan, rodeado de rascacielos y de
Seguimos paseando hasta llegar al Rockefeller Center y allí hablamos un rato (¿lo véis? Estos americanos tienen una facilidad increíble para entablar conversación) con uno de los chicos que reparte información del observatorio del Rockefeller Center. Nos cuenta que su abuelo era de España, aunque emigró a Puerto Rico. Él habla español (aunque con nosotros habla inglés, supongo que como hemos empezado a hablar en inglés…) y, atención, curiosamente se llama Luis Rodríguez… ¡y cuando Luis le dice que tienen el mismo nombre y apellido, al chico le hace tanta gracia que nos da un cupón de descuento! (genial, pensamos, ya tenemos dos… éste y el que conseguimos el otro día), así que vamos a las taquillas a comprar una entrada para el observatorio para las 16h. Tenemos $2 de descuento por cada entrada, que costaba unos 17 dólares, pero parece que nuestra suerte no se acaba ahí: ¡el chico de la taquilla nos ha cobrado de menos! ^_^ Nos damos cuenta, un rato después, de que el chico de la taquilla se ha hecho la picha un lío y que en vez de cobrarnos $33,60 (es decir, darnos la vuelta del billete de $50 que le damos) nos devuelve $33,60!!!!! Total, que la visita al Top of the Rock (nombre del observatorio del Rockefeller Center) nos ha salido bastante más barata de lo que pensábamos, jejejeje. Por supuesto, se impone un discreto mutis por el foro, no vaya a ser que salga corriendo detrás de nosotros jejeje.
Subimos paseando tranquilamente hasta llegar al parque más famoso del mundo: Central Park. Aprovechamos que hace un día fantástico y paseamos por el parque un rato. La verdad es que estamos muy cansados, así que nos sentamos un ratito y a los 15 minutos volvemos a emprender la marcha hasta llegar a Strawberry Fields, la zona justo enfrente del edificio Dakota, donde mataron a John Lennon, y que por tanto está dedicada al genial músico inglés, con un dibujo en el suelo con la palabra "Imagine". Esta vez sólo tiene una rosa blanca, como podéis comprobar, en lugar de la impresionante ofrenda floral de un hippie bastante raro que había en marzo pasado.