Sabemos que la estabais esperando, así que aquí tenéis la crónica del viajecito a Lisboa... ¡que la disfrutéis! :)))))) (y a ver si esta vez comentáis más, que sois todos unos peazo vagos :P)
Sábado 12 de Agosto
Salimos de la T4 y en poco rato llegamos a Lisboa. Desde el aeropuerto, cogemos el "publicitado" Aerobus hasta la plaza de Marques de Pombal, donde se encuentra nuestro hotel, el SANALisboa, aunque menudo robo: 3 euros por el billete, y no es un autobús especial para el aeropuerto, sino simplemente un autobús más como cualquier otro, pero que lo han llamado Aerobus, y con la excusa de que el billete vale para todo el transporte público en Lisboa durante el día en que lo compras, te clavan 3 eurazos.
Después del check-in y de ver que las fotos de internet son bien reales (¡las de la habitación también!), cogemos un bus en la Avenida da Liberdade hasta la Praça do Comércio, una majestuosa plaza que funciona como una especie de centro neurálgico de la ciudad. Mirad, mirad:
Desde ahí, cogemos el famoso tranvía 28 al barrio de Alfama, uno de los más viejetes y tradicionales de Lisboa, para seguir el "walking tour" que nos propone nuestra pequeña guía Lonely Planet "The best of Lisbon". Nos bajamos en Largo da Graça y vamos hacia la Igreja de Graça, un pequeño monasterio de 1271 que tuvo que ser casi reconstruido del todo después del famoso terremoto que asoló Lisboa en 1755. La iglesia está bien, pero lo que más nos gusta son las vistas de la ciudad y del amplísimo Rio Tejo (el Tajo de toda la vida, vaya, ^_^) que se ven desde el Miradouro da Graça. ¡Maravilloso! Y desde luego, acostumbrado sobre todo Luis a ver el Tajo desde Aranjuez o Toledo, ver la desembocadura en Lisboa del río es impresionante... Peazo río, por dios!!!!!
Seguimos bajando por callejuelas estrechas llenas de edificios viejos y con las famosas fachadas de azulejo (que tanto le gustaron a Laura... ¡no paró de hacerles fotos en 4 días! ^_^) hasta llegar a São Vicente de Fora, un monasterio de 1147 que no pudimos ver por dentro porque estaba cerrado, :( .Para compensar, seguimos paseando en dirección al Campo de Santa Clara para ver cómo ya recogían los puestecitos del conocido Feira da Ladre (sí, sí... el mercado de los ladrones, se llama) y finalmente llegar al Panteão Nacional de Santa Engracia, uno de los símbolos de Lisboa. La historia de este panteón es larga y trágica, así que simplemente os diremos que se necesitaron casi 400 años para que el proyecto de construcción se hiciera realidad... ¡qué rapidez!
Seguimos bajando por el Alfama más auténtico hasta llegar al Largo das Postas de Sol, un maravilloso mirador desde el que vemos unas vistas increíbles de Alfama, del río Tajo y de Lisboa en general. Para aprovechar las vistas, nos sentamos en un pequeño café del mirador y nos tomamos unas cervecitas mientras vemos como va cayendo el sol... precioso. ¿O no?
Con las pilas un poco recargadas por la cervecita fresquita, dejamos el walking tour de Alfama (que nos llevaba hacia el castillo... y ya es tarde, ¡mejor otro día!) y paseamos tranquilamente sin rumbo fijo para quedarnos un poco más con el estilo de Alfama. Pasamos por delante de la Sé (la catedral, vaya) que también está cerrada -ya volveremos- y decidimos ir a cenar un restaurante perdido por las callejuelas cercanas de Marques de Pombal, llamado O Fumeiro que sale en nuestra guía: cocina de la región de Beira Alta de Portugal, especializado en ahumados (como el nombre del restaurante indica), clásico y rústico. Y ale, allí nos pusimos las botas. Comimos un entrante (presentado por la casa, pero que hay que pagar, ^_^) de ahumados -queso, chorizo, morcilla, jamón- con pan y requesón y de segundo Luis cogió un delicioso bife o fumeiro y Laura una espetada mista, todo regado con un vino del Alentejo del año 1991... ¡delicioso! Y de postre, nos dejamos aconsejar por el simpático camarero del sitio y comimos una especie de tarta de cabello de ángel (o algo así) y una deliciosa tarta de chocolate. ¡Acabamos hasta arriba de comida! :) Por cierto, os dejamos con una fotito del curiosón tranvía 28:
Domingo 13 de Agosto
Después de desayunar, decidimos coger la tarjeta de transporte 7Colinas (que nos da acceso al metro, autobús, tranvía, funicular...) y cogemos el metro hasta Cais Sodré, para coger el moderno tranvía 15 hasta el conocido barrio de Belém, para seguir otro de los "walking tours" recomendados en nuestra Lonely Planet. Empezamos andando hasta el Padrão dos Descobrimentos, un monumento bastante reciente (inaugurado en 1960) para celebrar el 500 aniversario de la muerte del Príncipe Enrique el Navegador. El monumento, como veréis en la foto, tiene forma de caravela y en su proa encontramos al mismo Enrique con la compañía de otros héroes portugueses como Vasco da Gama o Magallanes.
Paseamos en paralelo al fantástico río Tejo hasta llegar a la Torre de Belém, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Construída en 1515 como torre de control para proteger el puerto de la ciudad, tiene un maravilloso estilo manuelino... muy bonita. Y las vistas del Tajo y del Ponte 25 de Abril (que se construyó en 1966 y que se parece muy mucho al Golden Gate de San Francisco, ^_^) también son maravillosas. He aquí la susodicha Torre:
Retrocedemos y nos acercamos al "centro" del barrio de Belém, donde se encuentran los edificios más impresionantes de la zona: el Museu de Marinha y el Museu Nacional de Arqueologia, aunque el que más miradas atrae y más visitas tiene es el extravagante Mosteiro dos Jerónimos... ¡y qué cola! No nos preguntéis cómo es por dentro, porque desgraciadamente no lo sabemos... la cola era larguísima y al sol y no nos apetecía ponernos ahí durante más de una hora y destrozarnos el cuerpo para todo el día, así que vimos el edificio desde fuera y ya está, oye. Aquí tenéis una muestra del monasterio, precioso!
Para animarnos, nos vamos a la tienda Pastéis de Belém, donde venden estos famosos pastéis de hojaldre y crema (el hojaldre está delicioooooso y calentito y la receta de la crema es secreta-secretísima, ^_^) que gustan a turistas y locales. Tomamos un pastelito y un granizado de limón después de recorrer las mil y una salas del sitio, que está hasta arriba, y tras esto nos sentamos en un cercano parque a descansar tumbados en el césped y bajo la sombra de un árbol. Recuperadas las fuerzas, cogemos el tranvía 15 de vuelta al centro de Lisboa y desde ahí el metro hasta Oriente, al otro extremo de la ciudad, zona nueva construída por la Expo de 1998 y llamada Parque das Nações. Allí, disfrutamos de la espectacular Gare do Oriente, diseñada por Santiago Calatrava, cruzamos el moderno centro comercial Vasco da Gama hasta llegar a la zona de la Expo. Paseamos un buen rato por ahí, nos sentamos en el césped para disfrutar de las vistas del teleférico, el río Tajo, la impresionante Torre do Vasco da Gama y el increíble Ponte de Vasco da Gama, que con 17 km de largo, uno casi nunca puede ver el final del puente... increíble. En el Oceanário hay muchísima gente (¡claro, es domingo!), así que decidimos coger el teleférico de ida y disfrutar de las vistas desde las alturas.
Al bajar, seguimos paseando tranquilamente por la zona hasta llegar a un bar curiosón: República da Cerveja, que con ese nombre como comprenderéis a Luis le salieron estrellitas de los ojos... y ale, nos sentamos a tomar unas cervecitas hechas por ellos mismo y un quesito con miel para picar, ^_^, que eso de hacer turismo es muy duro, jajajaja.
Después de un rato más paseando por la zona, volvemos al hotel a descansar cinco minutos (literalmente, ^_^) y a coger el trípode para ir a hacer fotos nocturnas de la ciudad. Por ello, cogemos un bus hasta Restauradores para coger uno de los funiculares más clásicos de la ciudad, el Ascensor de Gloria. Por desgracia, cuando llegamos ahí vemos que está cerrado por obras (y es una lástima, porque deja justo al lado un mirador espectacular desde donde se ven las mejores vistas de la ciudad y del castillo de noche), pero bueno, decidimos ir a coger otro funicular cercano, así que vamos y nos subimos al Ascensor do Lavra, quizá el menos utilizado de los funiculares de Lisboa pero que curiosamente fue el primero de su clase en el mundo (se inauguró en 1884) y va desde Largo da Anunciada hasta Rua Câmara Pestana. El viajecito es muy corto -¡casi no te da tiempo a darte cuenta!-, así que al bajarnos vemos que hay un parquecito cercano desde donde se ven vistas decentes de la ciudad, que se va iluminando a medida que cae la noche.